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Sección: Bitblioteca
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El arte de partir: una aproximación a la estética del relato Desde que entramos en contacto con la escritura narrativa de Rubi Guerra (1958), al leer El mar invisible (Monte Ávila Editores, 1990) supimos que estábamos leyendo a una de las voces narrativas más sólidas y prometedoras que emergieron a la superficie más visible del panorama literario venezolano en las décadas de los años ochenta y noventa del pasado siglo. Ahora, con el sosiego y la desapasionada cordura (ecuanimidad Dios mediante) que nos brinda la distancia temporal y con la insobornable persistencia creativa con que nos obsequia el narrador, confirmamos una vez más aquella firme confianza que nos despertó la lectura de sus relatos publicados en la prestigiosa Revista Literaria «Trizas de Papel» de la Casa Ramos Sucre, hace un buen puñado de años. Una subyugante reunión de memorable antología es la que nos entrega el escritor bajo el escueto título de: Partir, publicada por la Editorial Troya (Caracas, 1998, 1ª edición) y con el patrocinio parcial de la Dirección General Sectorial de Literatura del ¿extinto? CONAC. Siete relatos ¿cabalístico?, conforman la propuesta literaria reunida en este magnífico libro que viene a ratificar con creces el privilegiado lugar que Rubi Guerra está destinado a ocupar en el intrincado escenario de la narrativa venezolana contemporánea. Rubi Guerra es la personificación de esos «orfebres de la palabra escrita» que, con persuasiva convicción, en la más apartada soledad de la provincia venezolana, van forjando pacientemente un universo verbal singularímo, de una grata y sorprendente originalidad formal que no deja resquicios a la duda de quienes se acerquen al mismo. De hecho me enteré por Internet su prosa narrativa ha seducido la atención de la crítica académica internacional; sé de estudiosos de la literatura latinoamericana y de admirables hispanistas que en estos momentos hincan su interés en la cuentística de Guerra y lo traducen al francés. Intuyo que es el comienzo de una bien merecida valoración a su constancia y vocacional entrega al cultivo de la ficción literaria. Los cuentos que integran el libro Partir recrean sentimientos tan disímiles y heterogéneos, situaciones y actitudes tan extremas pero llevadas con una poco usual solvencia expositiva. Una finísima sintaxis escritural presiden los relatos aquí contenidos. Tal el cuento inaugural intitulado La luna que comienza describiendo la sombra de uno de los actantes principales (Andrés) con tanta perspicacia que a pesar de cierta atmósfera un tanto viscosa y en cierto modo turbia, la pulcritud e impecabilidad del discurso es absolutamente excepcional. Un registro de un tono proustiano por el imperio del detalle narrativo esplende desde los primeros párrafos del magistral cuento líneas arriba aludido. El relato que sirve para titular el libro, Partir, es una inigualable ars narrativa sobre el azar y el vicio. El relato se ambienta en ¿un remate, un hipódromo, una gallera? La pasión por el dinero, el vértigo de las apuestas, risas y maldiciones por doquier, son apenas «la muestra de un botón» en el tapiz expresivo de la historia en cuestión. En este cuento está todo lo que me gusta de la escritura literaria; melancolía y resignación, tristeza y aburrimiento. La palabra correcta, mejor dicho exacta, según el autor, es depresión. Una forma insólita de narrarlo todo desde una visión panóptica, es decir, desde un privilegiado lugar que visualiza los anhelos y fobias de los personajes que transitan las fascinantes páginas de este hermoso libro, es el rasgo distintivo de estas historias invencionadas por Rubi Guerra. El caudal imaginativo del narrador es un torrente incesante de imágenes salpicadas de un lirismo libérrimo que semejan cajas chinas donde el hilo narrativo se superpone en forma de cascadas ricas en matices y giros lingüísticos repentinos e inusitados. Los personajes inventados por el escritor son como tú, como yo, como él, en fin; como nosotros todos: personajes que hacen planes e idealizan futuros después del sexo, hacen «fantasías sobre la vida futura, utopías personales de asombrosa reiteración en cada pareja humana». Y puestos a admitir evidencias incontestables, con este excelente libro Rubi Guerra alcanza su plena madurez como el narrador que siempre ha sido y estimo que junto a otros jóvenes escritores venezolanos como Israel Centeno, Slavco Supcik, Silda Cordoliani, Juan Carlos Méndez Guedez, et al; ya es parte inseparable de la nueva narrativa venezolana de entre siglos que indefectiblemente ha venido dejando su huella indeleble en el rostro literario nacional de los últimos veinte años.
Rafael Rattia es Historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA.
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