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Reconocelos.com

Sergio Monsalve
Comunicador social y crítico de cine

Caracas, martes 11 de febrero de 2003

Territorio liberado del pensamiento reaccionario y de los extremismos sin censura, ágora virtual de los fascismos arcaicos, receptáculo del neonazismo, desagüe de la cloaca xenófoba, medio de la pornografía intelectual y el razonamiento obsceno, Internet representa el réquiem del subconsciente posmoderno, la distopía de lo reprimido y recodificado en todas partes, del sexo, la violencia, el terrorismo, la transpolítica, la corrupción de las mentalidades y los cuerpos, la intolerancia y el odio.

Si bien las condiciones tecnológicas y normativas de la red democratizan el ejercicio de la libertad de expresión, no es menos cierto que legitiman y refrendan el poder de la dictadura comunicacional, en todas sus variantes ideológicas y teológicas.

En Venezuela la Web es el ecosistema natural de las sectas y congregaciones más oscurantistas, con páginas tan belicistas como amarillistas. Sin duda, una de las más visitadas por la derecha divina, por el hombre civil en público y genocida brutal en privado o en sueños, es reconocelos.com , la fantasía de la lista negra, de la cacería de brujas, hecha realidad virtual.

En ella figuran civiles, periodistas, militares, diputados, magistrados y gerentes. El objetivo de la publicación es fichar a los «cómplices de la robolución», en una suerte de árbol genealógico a la manera del cartel de Cali o al estilo de la Cosa Nostra. No faltan los retratos de frente y de lado, la estética expresionista de la fotografía policial, y los prontuarios delictivos.

Por «coser capuchas a los tirapiedras de la central y provocar (ella solita) los motines del 27 de febrero», Vanessa Davies encabeza el índice de los reporteros condenados. Porque escribe contra «los militares de la Plaza Altamira», Miguel Salazar secunda a la comentarista de Venezolana de Televisión. Y así sucesivamente hasta llegar a Premios Nacionales como Earle Herrera y Manuel Espinoza.

Revisando la página de principio a fin, descubrimos algunas constantes del fascismo digital. Primero, como afirma Carlos Esté, los administradores y redactores de estos portales tienden a no identificarse, a permanecer en la más estricta clandestinidad. Segundo, el diseño reproduce la estructura de las primeras planas de los tabloides sensacionalistas. Tercero, los contenidos manifiestos parten del prejuicio maniqueo, generalmente sin argumentos de peso, para culminar en la sentencia lapidaria, en la típica frase contrahecha de los titulares de la mañana. Cuarto, los contenidos latentes van de lo típicamente subliminal a lo soterradamente persuasivo. Por ejemplo, en reconocelos.com el mensaje oculto es el llamado indirecto a procesar con todo el peso de la ley, amenazar en el presente y sancionar en el futuro, a los fichados.

Internet se convierte así en una proyección de los deseos de venganza y escarmiento, revancha y castigo, de la corte obsesionada por la justicia infinita contra las representaciones de la otredad o la alteridad étnica, cultural y social. Es la inquisición mediática coordinada por el integrismo unidimensional.



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