Premium  
 

analitica.com


 Caracas, Viernes, 10 de febrero de 2012
 

Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Suscríbete al RSS

  Sección: Bitblioteca

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR  |  ENVIAR AL EDITOR

Diálogo entre la cabeza y el corazón: ser historiador

Taide Zavarse La Cruz

Lección inaugural en el acto de recibimiento a los nuevos estudiantes de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela. Auditorium de la Facultad de Humanidades y Educación. Ciudad Universitaria. Caracas 3 de noviembre de 1995, 5:00 p. m.

Es para mí un honor y un placer participar en el acto de bienvenida a los estudiantes que ingresan en el año 97 a la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.

El haber decidido formarse en esta disciplina dice mucho de ustedes. El oficio de historiador como aún se le denomina en nuestros días es de data reciente aunque la actividad de historiar es tan vieja como la humanidad misma.

Todo pueblo ha sentido y siente la necesidad de conocer su pasado, tanto a nivel individual como grupal. Esa necesidad de tener raíces en una tierra, pequeño punto cuando se levanta la vista y se ve la inmensidad del firmamento, parece ser intrínseca al ser humano.

De hecho todos nuestros apellidos nos ligan a un linaje, un lugar o a un oficio desempeñado por alguien en un lejano pasado. El sufijo «EZ» tan común en nuestros nombres: González, Gómez, Martínez, no significa más que ‘hijo de’. En todas las culturas existe este ligamento con quienes nos antecedieron en nuestra existencia y que han hecho posible que estemos hay sentados aquí. La vida de miles de personas ha determinado este momento, este lugar y esta oportunidad de prepararnos en una Disciplina que justamente ayudará al resto de nuestros congéneres a tomar conciencia de su tiempo y de su espacio.

Nuestros antepasados, con sus acciones a lo largo de miles de años, han contribuido a crear el mundo en el cual habitamos hoy. Ser historiador es precisamente ser capaz de reconstruir esas acciones y un poco más... poder darles sentido para comprender la especificidad de la vida que nos ha tocado vivir.

¿Cómo es que estoy aquí hoy? quizás nuestra historia familiar nos lo diga, si investigamos cómo vivieron y qué hicieron nuestros padres, abuelos y quizás podamos llegar hasta nuestros bisabuelos; a lo mejor esa búsqueda nos dé parte de la respuesta, pero necesitaremos algunos datos más para tener una idea más completa de cómo sucedió. Ellos fueron hijos de su tiempo como por cierto, nosotros somos del nuestro.

Estudiar cómo fueron los tiempos, los elementos que estuvieron presentes, cómo interactuaron, la sensibilidad reinante, los valores compartidos, etc., éste es nuestro campo. ¿Cómo hacerlo? Es aquí donde entra el prepararse en una disciplina, pues no es lo mismo contar historias que reconstruir la Historia.

El primer entrenamiento a recibir es sobre el abordaje de las fuentes. Tradicionalmente el historiador ha manejado los documentos escritos como fuente primaria (de hecho en la escuela nos enseñaron que la Historia comenzaba con la escritura). De esos documentos verifica su autenticidad, constata la fecha en que fueron producidos, realiza una crítica tanto interna como externa. No obstante, un solo documento sobre un asunto no es suficiente para la reconstrucción de un hecho, por lo cual un historiador recoge todos los documentos posibles relacionados con él. Comienza así un juego de rompecabeza en el cual poco a poco comienza a dibujarse la figura, el panorama, el paisaje.

Sin embargo, actualmente el historiador ha agregado a su ejercicio investigativo muchos otros posibles testimonios: los monumentos, el análisis de los suelos, la edad de los árboles, las series de precios, la literatura producida en la sociedad en un momento determinado, el testimonio oral de quienes vivieron el suceso. Recurre a disciplinas afines: la Arqueología, la Etnología, la Antropología, la Geografía, la Demografía, la Estadística. Cada una de ellas le proporciona herramientas que aplicadas a las fuentes escritas y a las no escritas permiten una reconstrucción más completa.

Por esta razón ustedes en su Ciclo Básico tendrán asignaturas «no Históricas» que acompañarán su ejercicio de las Técnicas de Investigación Documental, médula del oficio que les enseñará a manejar el material primario del historiador: las fuentes.

Ahora bien, ¿qué hechos queremos reconstruir? Hasta hace unos cien años los historiadores se ocupaban de los hechos «sobresalientes» de una sociedad: guerras, batallas, tratados internacionales, hombres de excepción, cambios bruscos. De ahí proceden nuestras celebraciones: el 19 de abril de 1810, el 5 de julio de 1811, el 24 de julio de 1783, el 12 de octubre de 1492 y así sucesivamente. Es más, tanto en los periódicos como en la radio podemos ver u oír las llamadas «efemérides»... tal día como hay en el año tal sucedió tal cosa.

Esta forma tan restringida de mirar el pasado ha sido casi totalmente abandonada. El historiador se pregunta por la sociedad y por aspectos de ella que por una u otra razón le interesan. ¿Cuál fue la problemática política de Venezuela una vez separada de la Gran Colombia? o ¿cuáles fueron los problemas económicos que debieron enfrentar los países latinoamericanos una vez convertidos en Repúblicas Independientes?. Son temas de gran alcance y suponen una investigación amplia y profunda que puede tomar años, a veces una vida entera. De hecho los historiadores se especializan en períodos, temáticas, regiones, porque no lo pueden abarcar todo.

Pero también se pueden preguntar sobre aspectos más puntuales: ¿Cuál fue la reacción de la Iglesia frente a la política eclesiástica desplegada por Antonio Guzmán Blanco? o sobre cosas aparentemente inmateriales ¿cuáles fueron las ideas en boga sobre el desarrollo de la agricultura en la segunda mitad del siglo XIX? o ¿cuáles valores predominaban en la clase criolla colonial?

Es decir que en estos momentos son miles los posibles objetos de investigación y podemos apreciar un abanico de corrientes y problemáticas: desde el intento de Historia Total, pasando por Historia de las Ideas o la nueva Historia Cultural, la Historia Económica, la Historia Política, la Historia de las Mentalidades, hasta la micro-historia que surgida en Italia1 ha ganado terreno sistemática y progresivamente. El historiador, desde su lugar de trabajo (archive o biblioteca) se encuentra en la encrucijada de varias disciplines de lo social que pretenden dar cuenta de la realidad.

Pero no basta establecer los hechos, tarea por excelencia del historiador, es también saber situarlos. No se trata de simples acontecimientos que puedan documentarse seriamente, sino de un acontecimiento insertoen un contexto de relaciones, que a la vez procede de otro y antecede otro.

Los historiadores en la actualidad piensan en términos de procesos. Entendiendo por esto no la simple sucesión de hechos en el tiempo presentada en forma meramente descriptiva, sino las relaciones que ellos guardan entre sí.

Esto nos lleva a otro problema: ¿cómo establecer esas relaciones? ¿de qué naturaleza son?. Para ello el historiador dispone de un contexto conceptual referencial que han elaborado y constantemente constituyen los investigadores de la Disciplina Histórica; utilizo el término contexto conceptual para no usar el término teoría, que de por sí ameritaría una larga discusión. Por ejemplo, decir que los acontecimientos acaecidos en la Europa Occidental en el siglo XV son indicadores de una crisis estructural del feudalismo, implica muchas cosas: primero que la sociedad es concebida como una estructura en la cual sus elementos constituyentes guardan entre sí una determinada relación, la cual al alterarse, desarticula dicha estructura y produce un ordenamiento diferente, por lo tanto se configura una sociedad con un nuevo carácter. Pero si a ello añado que en este momento histórico se produce un acontecimiento extraordinario: la invasión de la Peste Negra y asevero que ésta sobre-determinó la crisis, estoy asumiendo que la estructura actúa como un todo vulnerable a lo no cotidiano a su funcionamiento2.

Con esto quiero decir que todo historiador posee un marco de referencias que le da sentido a los acontecimientos que reconstruye. Ese asignarle sentido se traduce necesariamente en un discurso, por ello el mismo grupo de acontecimientos puede ser interpretado de manera diferente por distintos historiadores dependiendo de la postura conceptual que adopten.

Este hecho nos coloca frente a una pregunta por demás espinosa ¿existe la verdad en la Historia o ésta depende de quién mire y analice? No es mi intención abordar semejante cuestión en una clase introductoria, la asignatura Teoría y Método, que ustedes están obligados a cursar, será el lugar apropiado para enfrentarla.

Lo que sí puedo decir al respecto son dos cosas: la primera, que se puede constatar la existencia real de un hecho. Por ejemplo Cristóbal Colón llegó al continente americano que antes no era conocido para Europa, o al menos por la Europa de su tiempo. Lo que puede cambiar es la interpretación que se puede dar al hecho o la explicación de por qué se produjo o la ponderación del mismo dentro de la historia europea y americana.

Segundo, que si las fuentes han sido metódicamente tratadas, es decir si han sido trabajadas de manera aceptable (cumpliendo ciertas normas) para la comunidad de investigadores en Historia, el acontecimiento que de ellas se desprende es tomado como verdadero.

Ahora bien, como hemos dicho ya, ningún historiador hoy en día se limita a la mera exposición de sucesos o acciones. El hecho de tener que poner por escrito su hallazgo lo enfrenta al problema del lenguaje: no existe texto sin conectivos y ellos indican claramente una postura quiéralo o no el autor. Puedo decir: con este hecho comienza en América... o de este hecho deriva... o y en este momento se inicia... etc. Quizás pueda ser lo suficientemente aséptico y no usar ningún adjetivo (que siempre indican valoración) o abstenerse de utilizar adverbios, pero el solo hecho de utilizar conectivos le obliga a presentar los hechos de una cierta manera. Por cierto esto debe tenerse en cuenta cuando se leen los documentos.

Si algo debe cuidar el historiador es el lenguaje escrito. Nunca se insistirá suficiente en este hecho de importancia capital: saber escribir es condición sine qua non del historiador. A decir de algunos autores la función social de un historiador es: investigar, transmitir a través de la docencia y divulgar el conocimiento elaborado. En las tres funciones el manejo del lenguaje es fundamental y es a través de él que el historiador se acerca al destinatario de su obra: los hombres.

La sociedad, consciente o inconscientemente, está cada vez más necesitada y ávida de conocimiento histórico por las más variadas razones.

Hace ya algunos años se creó en la Universidad de Harvard un Seminario sobre el papel del historiador en la toma de decisiones, destinado al personal que de una u otra manera asesoraba a la dirigencia política de los Estados Unidos. También se creó el cargo de asesor histórico para el Congreso americano. ¿Por qué? Una respuesta rápida sería que las decisiones que los hombres toman no las hacen en el vacío, ellas afectan hombres y sociedades que tienen una manera de ser propia, perfilada en el transcurso de los años, y a veces de los siglos, y que debe ser tomada en cuenta en el momento en que se decide actuar, no sólo porque puedan ser rechazadas sino porque podrían muy bien ser inútiles o ser contraproducentes.

¿Cuántas decisiones repetidas a lo largo del siglo se han tomado en Venezuela? y cada vez se piensa que es la primera vez. Quizás un historiador pudiera alertar sobre ello o indicar los resultados que en el pasado ellas han tenido, tal vez seríamos un poco más creativos, a lo mejor podríamos romper uno que otro círculo vicioso.

La investigación del pasado no sólo puede iluminar el presente que transitamos y darle sentido sino que nos coloca frente a ese asombroso panorama de la Historia de la Humanidad. La gran tentación del hombre, en la cual casi siempre cae, es pensar que su momento histórico es el mejor... o el peor, que nunca se ha vivido de esta manera. Sin embargo, una mirada atrás nos muestra las innumerables experiencias que han vivido los grupos humanos, las variadas respuestas que han dado a problemas, los horrores que han cometido y nos podemos maravillar frente a ello. Parafraseando a Michel de Montaigne, ese ilustre humanista del siglo XVI francés, deberíamos frotar nuestras seseras con las de otros para así aprender. Él se refería a hombres de otras culturas3 yo me refiero a hombres de otras épocas, y lo imagino a él, en media de las turbulentas guerras de religión que azotaron su reino, tratando de que sus contemporáneos comprendieran lo que es la tolerancia, al igual que puedo pensar hay en los líderes pacificistas de Irlanda tratando de frenar la guerra religiosa fratricida.

De las tres funciones que cumple el historiador en su vida profesional he privilegiado el ejercicio de la docencia y lo he desarrollado fundamentalmente en esta Casa de Estudios. He tenido la formidable oportunidad de compartir con mis alumnos ese mirar el pasado a través de dos asignaturas obligatorias de carácter general : Historia Medieval e Historia Moderna y de cursos monográficos que pretendían dar cuenta de temáticas más especificas como Historia de la Iglesia Medieval, Nacimiento de la Tolerancia en la Europa moderna, Construcción de Utopías en la modernidad, Lectura de Textos Medievales, Historia de África (que luego se convirtió en asignatura obligatoria) y en todas ellas el sentimiento más constante fue siempre el de asombro ante el acontecer humano.

Este recorrer el pasado en forma amplia es otro de los requisitos para ser un buen historiador. No se trata de simple cultura general o de estar atiborrado de información, es mucho más que eso, es estar en contacto con esa entidad trascendente que es la Humanidad en sus múltiples manifestaciones. Implica memoria, pero ante todo reflexión.

Desentrañar la forma cómo han vivido los hombres en la época medieval ha sido quizás de todas las experiencias en mi campo, la más impactante que he tenido y no sólo como historiadora sino como ser humano. Inmersos como estamos en el paradigma de la modernidad, el hombre medieval me ha hecho tomar conciencia de mi propio tiempo y a la vez me ha abierto a un mundo de apariencia ajeno que sin embargo aún siento que fluye en nuestro tiempo, que se cuela en nuestra cultura.

Recuerdo haber dicho muchas voces en clase que las expresiones ser «una dama» o «todo un caballero» o «dar mi palabra de honor», aun cuando cada vez se usan menos, remiten a una visión del mundo sostenida por la aristocracia medieval de aquellas célebres Cortes de Amor, y que han sido recogidas por nuestra civilización, al menos hasta la generación de nuestros padres. El sentido de la honra, de la lealtad, del mundo trascendente, es todavía añorado en una sociedad donde estos valores están en vías de desaparición. Es un tiempo que por muy lejano que parezca, muestra sentimientos y conductas que conmueven e inspiran.

Particularmente me ha sobrecogido la religiosidad del período, con todas sus variantes, con sus contradicciones, sobre todo por su convicción de la existencia de una realidad más allá de la captable por los sentidos, convicción que produce un estar en el mundo de una cierta manera.

De ese sentimiento nació la proposición a mis alumnos de pasar por la vivencia de la Regla de mayor trascendencia en la vida monástica medieval, la instituida por Benito de Nursia en el lejano siglo VI, e ir varios días a una Abadía Benedictina (en este case la Abadía de San José de Güigüe, Estado Carabobo), para respirar su aire, seguir su ritmo a través de las horas canónicas, ejercitar la lectio divina, intentar el silencio y sobre todo experimentar la paz benedictina. Creo que para ellos al igual que para mí ha sido la posibilidad de ponernos en contacto con un tiempo y una actividad que no está presente en nuestra acelerada vida de finales de milenio.

Despertar la sensibilidad hacia otras formas, otros ritmos, otros valores es fundamental para el historiador. Si bien es cieno que no es posible la total empatía con otras eras, de paso lamentamos no disponer de la máquina del tiempo que nos permitiría asistir a un caluroso debate en el Ágora de la Atenas del período clásico, el estar abierto sin prejuicio a otros momentos de la historia del hombre nos evitará cometer el terrible pecado del anacronismo. La tentación de juzgar el pasado con ojos del presente es un riesgo a evitar, aunque sea cierto que nuestra mirada no puede dejar de estar impregnada y condicionada por el contexto en que nos movemos. A lo que me refiero es a lo nutritivo que para nuestra conciencia es el diálogo con el pasado.

De esta forma el historiador comparte las dos caras del hacer de hoy: por un lado es científico en cuanto al uso de un método y de unas técnicas establecidas (que no ya en cuanto teoría y formulación de leyes), en ese sentido no escribe ciencia ficción, del otro es llamado a ser artista, tanto por la pluma de la cual hemos hablado antes, como por la sensibilidad y la delicadeza que debe emplear para acercarse a los acontecimientos.

Este es el campo que ustedes han escogido, campo exigente, a voces arduo, a veces frustrante, que necesita disciplina, dedicación y especialmente vocación.

Hoy nuestra imagen como profesionales inmersos en una sociedad global de ritmo rápido y cambio tecnológico constante, es más cotizada de lo que ustedes piensan. La Historia la necesita toda la sociedad (algunos dicen que está de moda) y no sólo por las razones que antes mencionamos sino porque el hombre se ha dado cuenta que todas las cosas y las situaciones tienen su historia; conocerla es comprender mejor lo que se tiene entre manos, desde la propia situación personal, pasando por el momento que vive nuestro país, hasta la aldea global que se ha ido construyendo bajo nuestra mirada sin que en realidad estemos conscientes de ello y de sus implicaciones.

Un historiador es capaz de descifrar, de desenmarañar redes porque es capaz de reconocer los hilos, de ponderarlos y si bien no posee el don de la profecía, sí puede al menos detectar tendencias, construir posibles escenarios como dirían los planificadores de hoy.

El historiador de los años noventa a diferencia de sus colegas de principios de siglo, tiene a su disposición una tecnología que potencia su hacer: la existencia de bases de datos en casi todos los archivos ahorra el precioso tiempo que antes se invertía, en buena parte, en tratar de localizar en depósitos polvorientos, en cajas atiborradas de viejos papeles la información que se estaba buscando. A veces, claro se tenia la suerte de toparse con material precioso inédito, quizás no visto por ojo alguno, que podía convertirse en una rica mina de trabajo, pero la mayoría de las veces era una lucha frustrante en cuanto al tiempo que había que invertir.

Hoy en día podemos consultar los documentos del Archivo de Indias por Internet tranquilamente sentados en nuestros escritorios, esto nos da la oportunidad de planificar un trabajo previo al viaje a Sevilla (que de todas formas vale la pena hacer) y seguramente tendremos mayores beneficios de él.

Por otra parte el computador me facilita la elaboración de mi discurso, no sólo por la ventaja que significa escribir en él, sino porque con un laptop puedo, estando en el archivo, almacenar toda la información sin tener que transcribirla a mano, como se hacía en mi época de estudiante y en buena parte de mi ejercicio profesional, en fichas que guardábamos en improvisados ficheros hechos con cajas de zapatos. Ahora ustedes disponen de los diskettes que de paso ahorran espacio.

Buscar información en una biblioteca es también otra cosa hoy en día. En casi todas, disponemos de terminales que permiten distintas entradas, pero además por Internet puedo consultar todas las grandes bibliotecas del mundo y además tener tener contacto con mis colegas investigadores. El historiador dispone actualmente de tal cantidad de información que paradójicamente necesita una mayor formación para no perecer ahogado en el mar de la producción histórica ..

Pero todas estas facilidades no deben desviarnos de la meta principal de nuestro oficio: la reflexión. Ante todo un historiador es un Humanista, no sólo un productor de «papers» como se dice ahora en el argot académico, en vulgar imitación del hacer norteamericano. Es un hombre o una mujer que se pregunta, ejercita un sentido crítico y siempre tiene presente que pertenece al género humano y a él se debe.

Ustedes este año no sólo ingresan a una Escuela de Historia sino a la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de mayor tradición y prestigio del país. Usando términos del pasado este es un honor al cual espero respondan con dignidad y gallardía.

Deseo que el tránsito por estas aulas haga de ustedes humanistas cabales, hombres y mujeres que puedan llevar a la sociedad la calidad de pensar y sentir que tanto necesita para su propio bien.

Taide Zavarse La Cruz

Noviembre 1997

1. Dignos de recordar son Carlo Ginzburg, Edoardo Grendi, Giovanni Levi, Carlo Poni.

2. Para apreciar este tipo de argumentación ver: Anderson, Perry. Las transiciones de la Antigüedad al Feudalismo, México, Ediciones Siglo XXI, 1978.

3. Montaigne, Michel de. Ensayos. Tomo 1, p. 206. Madrid, Ediciones Cátedra, 1987.


Inés Quintero, La enseñanza de la historia
Otros textos de historia


Foros

¿Qué piensa usted de las imágenes difundidas de niños armados en el 23 de enero?

¿Qué opina del último debate de los candidatos de la oposición a las primarias?

¿Cuáles son sus deseos para Venezuela este año 2012 que comienza?

¿Cuál es su percepción del primer debate entre los precandidatos a las Primarias 2012?

Trailers

Trailer: Alvin y las ardillas 3 (Alvin & the Chipmunks 3: Chipwrecked)

Trailer: Misión imposible 4: Protocolo fantasma (Mission Impossible 4: Ghost Protocol)

Trailer: La chica del dragón tatuado (The Girl With the Dragon Tattoo)

Trailer: La piel que habito


 
Publicidad

Buscador Bitblioteca



Publicidad



Juegos Gratis


DragonBall Kart
  Fórmula Racer
 
       
Ben 10 Corredor
  Copa Toon
 
       
Mario Bros
  Sudoku 3D
 






Publicidad

  Mapa del Sitio

Home
Política
Economía
Internacionales
Global y Social
Medicina y Salud
Medio Ambiente
Arte
Entretenimiento
Tecnología
Noti-Tips
Curiosidades
Horoscopia
Deportes
Viajes y Turismo

Opinión
Editorial
Nuestros Columnistas

Síntesis de Noticias
Nacionales
Mundo

Servicios
Clima
Tiempo Libre
Efemérides
Guía Gastronómica

Multimedia
Videos
Audios
Galerías

Bitblioteca
Bitblioteca

Suscríbete a:
Analítica Premium
Boletín de Novedades

Síguenos por:
Twitter
Facebook
RSS
Móvil
Canal YouTube

Participa
Juegos
Foros
Analitica.com
Quiénes Somos
Contáctanos
Análitica como página de inicio
Agregar a favoritos
Ayuda

Cómo anunciar
Paute con nosotros
 
 Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996.
 Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas.