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Cosa de locos Caracas,domingo 1º de febrero de 2004
El «antichavista» es muy fácil de detectar. Solo se requiere determinar, en principio, el nivel de «nuevoriquismo» del interfecto y luego su descabellada posición frente a los aspectos socioeconómicos del país. Si el sujeto es adicto a las marchas y a los paros, solo porque esa es su manera de igualarse (de tú a tú y creyendo que nadie se da cuenta de su parejería) con el sector más odiosamente oligarca de la sociedad (precisamente el mismo que durante décadas le robó esa porción de riqueza que tanto le dijeron en la escuela que le correspondía por el hecho de haber nacido en esta tierra de gracia), y usted no nota ningún signo de perturbación en él ante tamaña imbecilidad sino más bien un grácil orgullo, entonces ya tiene un paso adelante. Si después de eso encuentra que el tipo es un vehemente luchador por la libertad, pero que no se percata de que desde que llegó Chávez al gobierno es este uno de los poquísimos países en el mundo donde no hace falta luchar por libertad alguna, porque, ya sea en forma de protesta o en el ilimitado ejercicio de los medios, estas, tanto en la práctica como en la Constitución, están más que consagradas, entonces va progresando. Si, además, nota que el tipo no considera entrar en contradicción alguna cuando le asegura que el país está en crisis pero que no por eso va a dejar él de comprarse su Mercedes Benz o beber su «18 años»; si le dice que la economía se vino abajo pero que está harto del gentío comprando que hay ahora en la enorme cantidad de centros comerciales que se han construido en los últimos cuatro años; si ve que el tipo lucha durante meses por que se logre designar al CNE en territorio «escuálido» pero luego se empeña en acusar de chavista a su directiva, entonces definitivamente logró usted detectar a un «antichavista» crónico. No olvide agregar, por favor, a la larga lista de inconsistencias del antichavismo, el empeño de esta gente por aparecer ahora, después de tanto despotricar de los pobres (de acusarlos de hordas, de tierrúos y de desdentados), como si en verdad los quisieran. Para ello, vea cómo de manera prodigiosa (solo en la televisión, por supuesto) se sienta Mendoza en un patiecito humilde a hablar con gente del pueblo, a Liliana Hernández reconociendo los logros de Barrio Adentro, o a Julio Bórges arrepintiéndose de sus atrocidades nazis. Vea cómo quieren venir ahora a pedirles el voto a los pobres y seguramente convendrá conmigo en que eso no puede ser sino cosa de locos. |
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