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A.V.G.

Ada Iglesias

El Nacional, miércoles 23 de junio de 1999.

Hace un tiempo, en un canal de televisión entrevistaban a unas damas que decían pertenecer a un grupo llamado «Asociación de Venezolanas con Guáramo». Pese a lo folclórico de su denominación no cedí a la curiosidad de escuchar su propuesta y lo lamento; sin embargo, el dichoso nombrecito puede servir para hacer unas cuantas reflexiones.

Es fácil responder a la interrogante del motivo por el cual una mujer en Venezuela tiene «guáramo». Basta con mirar a las cientos de miles que cada día trabajan hasta las tantas para después proseguir la faena en la casa con o sin la ayuda de un parapeto que de vez en cuando aparece bajo la figura de esposo «y padre de sus hijos». Pero esto es más que sabido y analizado por sociólogos, psicólogos y todos los especialistas en tales menesteres.

No obstante, uno se continúa preguntando para qué otra cosa le sirve el arrojo y el coraje a las mujeres de este país y del mundo. ¿Basta el guáramo de cada madrugonazo para educar a un hijo? ¿Siguen las mujeres enseñando al varón a ser un egoísta para que sus congéneres no lo cataloguen como bobo? ¿Será mejor acudir a los roles y decirle a la niña de la casa que sea considerada con el marido, mientras que al niño le dirá que cumpla con sus sueños sin reparar en nadie porque mujeres sobran y oportunidades no?

Hay muchas mujeres con brío y una capacidad de trabajo envidiables que persisten en educar a sus familias bajo ese mismo patrón. Nadie protesta por la constante arbitrariedad masculina a la hora de tomar y dejar compañías, pues la educación afectiva no forma parte de las prioridades de una madre. Nadie le dice a las muchachas que entre sus sueños no tienen por qué incluir forzosamente la maternidad o un matrimonio, que hay cinco mil opciones para su vida, y si el amor es maravilloso también lo es aprender a vivir con ella y para ella misma, proyectando su bienestar en otros, pues a veces la soledad puede ofrecer ciertas compensaciones que una presencia masculina no siempre alienta. Ni le dicen a sus hijos varones que las mujeres son seres dignos, merecedores de respeto, de constancia afectiva y capaces compañeras como lo son ellos en el ámbito intelectual, y no solo sexual.

Nadie lo hace no, pues el valor también requiere de un esfuerzo de raciocinio que aún no aplicamos, nosotras, tan auto compadecidas, y prolongamos con la mísera formación que impartimos una esclavitud que conduce a fundar asociaciones para marginarnos; todo por una culpa atribuida a quienes hemos ayudado a hacer como son.

Las mujeres terminan siendo víctimas de la realidad familiar, emocional, moral, y creen que por ello son más valientes y efectivas que los hombres. Por eso tienen la necesidad de reivindicar seguridades y reproducen en sus hijas el mismo error por el cual han sufrido.

Se necesita algo más que guáramo para que la cualidad de ser humano prevalezca sobre el género con el cual nació.


Ada Iglesias en La BitBlioteca



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