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«Edilberto tiene problemas»

Ada Iglesias

El Nacional, viernes 31 de marzo de 2000.

Así le dijeron a un amigo mío cuando trataba de defender las razones por las cuales un alumno de octavo año no podía aprobar el área de Castellano y Literatura. «Hay que ayudarlo, pobrecito, tiene problemas»... Y pasó.

Y el famoso Edilberto seguirá escalando cursos con una rémora de taras, y dirá cosas como «hubieron en la fiesta unas jevitas chévere»; «burda de potente que es este colegio»; «yo pienso de que así es más fácil entrar a la Universidad».

Uno se pregunta si tanto descuido también se evidencia en las demás áreas de estudio, y si los cambios programáticos previstos por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes se extenderán a todas las materias, pero, ¿cómo serán esos cambios?

Bochornoso resulta el coraje que se tiene para amoldar la historia de un país a las conveniencias libros de texto con errores ortográficos que aún son impuestos por los docentes como de uso obligatorio? Tengo un ejemplo veraz: ¿»inseptos» por «insectos» no es ilustrativo?

O que nadie le ponga coto a la urgencia de aprobar muchachos, «ayudándolos» a llegar a alguna parte, en un túnel de sordos y ciegos llamado bachillerato, en el cual se cree saber un poquito de algo sin mucha profundidad, sin políticas actuales, ¿pero por qué no se usa dignamente para rechazar demasiado esfuerzo, sin excesiva memorización, para luego encontrarse en una nada muy útil, suerte de descanso «por tantos años de estudio».

Y los profesores universitarios tienen que perder meses de su planificación para explicarle a un «bachiller» que existe una gramática, o que la Historia se divide en..., o repasar operaciones matemáticas que se suponían aprendidas o... todo.

¿Por qué esa necesidad de sentir lástima por quien no cumple con sus obligaciones? ¿A quién hay que atribuirle las culpas por los Edilbertos que cada año culminan estudios secundarios? ¿Por qué pensar que todo el mundo es apto para el estudio?

¿Y qué hacer con ese desinterés hacia nuestra lengua, hacia las vías que nos permiten expresarnos bien?

Años atrás, un alumno de segundo del Diversificado de un prestigioso colegio habló en representación de sus compañeros: «Pare ahí con esa bibliografía profe. Nosotros queremos ser ingenieros y médicos, ¿para qué nos va a servir tanta lectura?

No les diré mi respuesta, entonces estas cosas me sorprendían, luego terminaron lastimando. Y ya hace tiempo decidí que soy impaciente para la docencia; sin embargo, me gustaría saber qué ha sido de la vida de ese probable ingeniero. ¿Cómo le irá con las secretarias a quienes deba dictarles una carta?: «Epa secre, redacta tú, yo no sé de eso». A lo mejor ya descubrió que expresarse no es un lujo, sino una sana necesidad.

El cerco se cierra. Y comparto el anhelo de sencillez que expresa Rafael Cadenas en su En torno al lenguaje. Tan solo se pide un buen uso de lo elemental para comunicarnos suficientemente.

Esta educación que recibimos sirve para cubrir algunas apariencias, pero no interesa a nadie. Y lo que se aproxima dista mucho de las expectativas generadas hace unos meses. ¿De qué sirve una educación bolivariana tan alejada de la que el propio Bolívar aprendió? Al menos a él le enseñaron a pensar, a escribir correctamente y a concretar acciones. Nuestros muchachos bolivarianos ni siquiera reciben puntualmente sus desayunos. Y así se van formando Edilbertos problemáticos a los que en lugar de alentar por su talento, será preciso tenerles lástima.


Ada Iglesias en La BitBlioteca



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