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Presunta marihuana
El Nacional, sábado 5 de junio de 1999. Es bien conocida la reserva que muestran algunos noticieros a la hora de señalar a un sujeto como delincuente y un hecho como antijurídico. Se teme una demanda o cualquier otra consecuencia; aun cuando casi siempre los indiciados son lo suficientemente pobres e indiferentes para urdir alguna medida en contra de una estación radial o televisiva. Pero la incongruencia de las imágenes con las palabras de los reporteros a veces resulta cómica y hasta ridícula. Tienen al hombre echado en el suelo con las manos entre esposas, el cadáver al lado, la policía con sus típicos escándalos y aspavientos, el mismo hombre pronunciando frases como «no sé por qué lo hice» o «la necesidad tiene cara de hambre», y todavía viene el muchacho del micrófono, asustado y nervioso a hablar del «supuesto homicida» o el «presunto delincuente». Alguna vez hemos escuchado la absurda expresión sobre la «supuesta víctima», cuando el charco de sangre sobre el cual yace no deja lugar a dudas respecto al daño causado: de quien o qué es irrelevante en ese momento informativo, pero poner en tela de juicio lo que la propia imagen presenta como inobjetable es un irrespeto a cualquier inteligencia. Sin embargo, el colmo de todas estas inocentes paradojas del miedo a herir susceptibilidades llegó a su límite hace unos días, cuando en un noticiero informaron sobre el hallazgo de un alijo de marihuana, y mientras el teniente del ejército explicaba cómo se produjeron los hechos y bajo qué circunstancias encontraron la droga que reposaba como evidencia frente a él, la joven reportera culminó su innecesaria intervención añadiendo cuán pronto incinerarían la «presunta marihuana». No está de más preguntarse cuál de los miembros de la familia de la Cannabis ejercerá acciones legales en contra de los ejecutivos del canal en cuestión. Si hubiera que aplicar alguna medida no deberíamos excluir a los imaginativos productores de noticieros y a muchos profesores que aprobaron a esa camada de periodistas que toman los micrófonos para repetir lo que la imagen es mucho más precisa en exponer, haciéndolo además con frases y palabras fútiles, absurdas y la mayoría de las veces, bobas. Como contrapartida, asombra la consideración destinada hacia los facinerosos y a la vez, el desparpajo con el cual entrevistan a la madre, hija o hermana de la víctima sin respetar su sufrimiento. Tal vez, el no atribuir responsabilidad directa a un sujeto, incluso, la cautela envuelta en un torrente verbal de sin sentidos sirva para expiar las culpas que deben clamar justicia en el cerebro de quienes viven del dolor ajeno. Sin duda alguna, es más fácil ser delicado con una «presunta planta» que con una madre llorando. Madre solo hay una, viva y bien enfocada; los vergeles son el adorno de la vida.
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