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Cuentos de niñitas
Revista Primicia en el número del 24 de noviembre de 1998. Forma parte del libro Cuentos de niñitas, publicado por Comala.com en julio de 2000 La señorita María era la maestra de preescolar del colegio donde estudio desde hace cinco años. El señor Luis es o también era el chofer del mismo colegio, «El Santa Madre de los Pobres», en donde no todas las niñas somos tan pobres. Hay algunas niñas que en la merienda compran muchas golosinas; gastan hasta mil quinientos bolívares en la merienda, y hay otras que no pueden comprarse casi nada. Yo estoy en la mitad, como dice mi mami, por eso llevo el desayuno desde la casa y a veces, cuando papi llega contento en la noche, nos da a Andrés, que todavía está en primero, y a mí, que ya curso cuarto, algo de dinero suelto que le queda. Yo ahorro para comprarme cuando me provoca, dos torontos, que me como juntitos, porque así me dura más tiempo el sabor. Sí, bueno, me pregunta por lo del otro día. Hace como dos meses más o menos, veníamos mi amiga Marta y yo entrando al colegio y vimos al señor Luis hablando con la señorita María. Entonces oímos cuando la señorita María le dijo que estaba bien, que sí le parecía eso de regresar con él a su casa, porque viviendo tan cerca, era casi de tontos no aceptar la cola en el carrazo del colegio, pero que era mejor pedir permiso a la directora, para que después no la llamaran abusiva. Esto se lo dijeron en voz muy suavecita, y no es que nosotras los estuviéramos espiando, lo que pasó es que Marta me quería enseñar en secreto un sostén que su hermana mayor le compró el otro día para cuando pudiera ponérselo, y lo traía guardado en una bolsa, y como le daba vergüenza que la gente lo viera, nos fuimos al banquito que está ahí, al lado del garaje. Entonces, las dos nos miramos y nos dio mucha risa, no sé muy bien por qué, pero la verdad es que nos dio mucha risa, y por eso nos pusimos la mano en la boca para que no se dieran cuenta. Yo creo que la risa no era por la conversación de la señorita María y el señor Luis, sino por lo del sostén. Luego, esperamos que los dos terminaran de hablar y vimos cómo ella entró a su salón y él se quedó mirándola un buen rato. Eso nos dio más risa todavía, pero cuando notamos que no había peligro de que nadie nos viera, salimos de allí y solo tuvimos tiempo de ir a formarnos en la fila, antes del Himno Nacional. Fue por esa fecha cuando se nos ocurrió que el señor Luis estaba enamorado de la señorita María; sí, por la forma como la miraba, y porque era muy cariñoso con ella siempre, siempre. Yo le conté a mi mamá todo esto y ella me dijo que tuviera mucho cuidado de no decir a nadie nada de lo que creía porque el señor Luis estaba casado y además tenía tres hijos, y una de las niñas, Anita, estudiaba conmigo y no era bueno formar escándalos. Me dijo también mi mami que a lo mejor solo eran cosas que Marta y yo teníamos en la cabeza, y desde ese día no me dejó ver nunca más la novela de las nueve. Yo lo sentí mucho porque estaba en la parte esa en la que Miguel Alfredo iba a descubrir a su novia, la malvada de Julia, en una cama con otro señor, el otro malo, que se llama Carlos Mario. Pero con el tiempo me fui acostumbrando a que mis amigas me contaran los capítulos que no podía ver. También aprendí a decirle a mi mami solo algunas cositas y no todas las que veía y creía. Yo no dije nada, pero Marta sí. Se lo dijo a Irma, luego Irma se lo dijo a otra y ella a otra y dentro de poquito le voy a contar cómo llegó a enterarse Anita. Y entonces Anita se puso a llorar y la cara la tenía roja, y la maestra Susana le preguntó qué le pasaba y ella dijo que en el salón estaban hablando cosas muy feas de su papá. Lo que pasa es que Emma le había dicho en el recreo que la gente decía que su papá y la señorita María eran novios. Y por eso lloró. Yo creo que también lo hubiera hecho, si hablaran así de mi papi, porque si un señor está casado con una señora y tiene niños no se puede enamorar de otra, aunque en las telenovelas lo he visto mucho, lo que pasa es que yo pensaba en aquella época que debía ser como dice mi maestra, que las novelas son solo fantasía y que nada de eso es de verdad. Por eso yo creía que lo que todas decíamos no debía ser verdad, pero como él la miraba tanto a ella y ella se reía tanto con él, y a veces se iban juntos después del colegio... Entonces, un día, tempranito, recién que cantamos Jesusito de mi vida y después de todas las demás oraciones que rezábamos con la señorita Susana, llegó al salón la hermana directora, sí, la hermana Nelly. A mí me daba mucho miedo cada vez que ella entraba así al salón porque sabía que alguien había hecho algo malo y que nos podían castigar dejándonos sin recreo. Y me acuerdo que ese día había reunido para comprarme mis dos torontos y tenía muchas ganas de comérmelos, y me había pasado la noche soñando con ellos. Luego vi que a la hermana Nelly se le empezaban a salir unas venas en la cabeza y me asusté mucho porque nunca la había visto así, y le pidió a Anita que se levantara. Le dijo que según sabía un chisme muy malo salió de nuestro salón y que no era justo que una familia se perjudicara por los cuentos de una niñitas que no sabían nada de la vida, y que en ese momento lo iban a aclarar todo. Así dijo y entonces le pidió a Anita que contara lo que le habían dicho. Anita dijo que una compañera le sopló en el oído que su papá y la señorita María, la del preescolar, eran novios y que ella se lo había contado a su mamá y que su mamá le gritó a su papá esa noche y que al día siguiente el señor Luis y la señorita María vinieron a reclamarle a la directora. La hermana Nelly le contestó que bastaba, que no era necesario entrar en detalles o algo así, y que en ese mismo momento quería saber quién le había dicho semejante mentira. Anita miró a Emma y dijo, Emma. Entonces Emma llorando y gritando dijo que ella sí se lo había dicho a Anita, pero era porque Rosa Amelia le dijo que se lo dijera. Rosa Amelia se levantó muy brava y dijo que ella no le había dicho a Emma que dijera nada, que ella solo se lo había contado porque Cristina se lo había dicho. Pero Cristina no fue ese día a clase; su mamá había llamado para informar a la recepcionista que tenía que llevar a su hija al médico; así que la hermana Nelly dejó para el día siguiente todo el asunto. Cuando salió la directora, la señorita Susana nos regañó y le dijo a Anita, tocándole la cara, que no se preocupara, porque su papá y su mamá se querían mucho y también la querían mucho a ella y a sus hermanos, y que la señorita María era su amiga y sabía que tenía un novio muy bueno que todos los días la llevaba al colegio, y que hay mucha gente mala en el mundo que quiere ver a los demás infelices, solo porque ellos están amargados, y un montón de cosas más de las que ya no me acuerdo. Luego nos dijo que si para mañana el problema no quedaba resuelto estaríamos una semana sin recreo. Pero nadie protestó como otras veces, y ahora sé por qué todas nos quedamos tan tranquilitas. En el recreo de ese día, Marta y yo merendamos juntas como siempre lo hacíamos, pero estuvimos mucho tiempo calladas. Después, Marta se decidió y me dijo que por ella nunca lo sabrían y entonces yo le dije que por mí tampoco, y las dos juramos que no le diríamos a nadie quién de las dos había dicho lo que ya le conté. Yo sabía que era ella y ella sabía que era ella, por eso no entendí por qué ella juró, si era yo quien le iba a guardar el secreto. Las dos juramos por nuestros papás y nuestras mamás; miramos al cielo y nos hicimos La Señal de la Cruz. Y comimos muy alegres y luego saltamos la cuerda y jugamos a la ere. Pero al día siguiente volvió a entrar la hermana Nelly, todavía antes de que pudiéramos rezar las oraciones de la mañana. Y cuando vio a Cristina le preguntó lo mismo. Cristina, que ya lo sabía todo, porque Marielena la llamó por teléfono a su casa para contárselo, se levantó de su pupitre y dijo señalando con su dedo que fue Esther. Y Esther, mirando al piso dijo que sí, pero también acusó a Jessica, y Jessica a Mary Carmen, y Mary Carmen a Claudia Ayala, y Claudia Ayala a Natalia, Natalia a Lourdes, Lourdes a Tania, Tania a Adriana Patiño, Adriana Patiño a la pesada de Diana, y la pesada de Diana a Ana Carolina, Ana Carolina a Teresita, Teresita a Irma y entonces Irma, acusó a Marta. Y a mí me dio mucha rabia por Marta porque yo la quería mucho y pensé que mi juramento no había servido para nada. Casi todo el curso de cuatro grado estaba de pie, porque cada niña debía ponerse una detrás de la otra cada vez que decían su nombre. Cuando la hermana Nelly le preguntó a Marta por qué había inventado todo eso y de dónde lo había sacado, Marta me miró a mí. Yo quería darle ánimo, pero entonces ella dijo mi nombre, sí, la mentirosa ésa dijo que yo lo había dicho. Yo creo que en ese momento me levanté muy pero muy brava y fue cuando le di un golpe, no no, el golpe se lo di luego. Y entonces todo fue muy raro. Yo estaba ahí, en esa larga fila en la que todas nos odiábamos y era como si estuviéramos amarradas unas de otras, con los ojos llenos de lágrimas y una cosquilla en el estómago porque no sabíamos si nos iban a expulsar. Yo estaba tranquila por eso, porque mi papi me había dicho un día que esas monjas solo expulsaban a las niñas más pobres. Y yo no era de las más pobres. No sirvió de nada que yo lo negara todo. No podía decir que otra niña me lo había dicho, porque fuimos Marta y yo quienes nos lo habíamos contado en secreto; yo solo gritaba muchas veces que había sido Marta quien lo había empezado todo, y ella decía que fui yo, pero nadie podía creernos a las dos. Así que como no había una única culpable, sino que todas habíamos pecado, porque así nos dijo la hermana Nelly, que habíamos pecado por calumnia, nos castigaron a todas las que estábamos en la fila, menos a Anita, porque ella, pobrecita, ya la había pasado muy mal. Llamaron a nuestros papás, y aunque yo les dije que todo era una mentira de Marta, mi mami no me creyó, por culpa mía, porque yo le había contado todo lo que había visto en esos días. Sí, doctora, ya eso se le dije antes, ¿no se acuerda?, cuando me empezó a preguntar. Eso fue hace casi dos meses. Y no estoy traumatizada ni nada de eso como creen mis papás por lo que pasó después, porque yo ya lo había visto en las novelas y ya no soy tan chiquita como antes. Y yo sé que por eso me trajeron a hablar con usted, aunque hoy es lunes y tengo que ir al colegio. Es verdad que hace unos días, no me acuerdo muy bien cuándo, la señorita María y el señor Luis no volvieron más. Yo oí cuando mi mami le contó a una amiga suya, la mamá de Laurita, que no es muy amiga mía, que los dos huyeron en el carro del colegio, y que el señor Luis había abandonado a su familia, y los padres de la señorita María no sabían nada de ella desde hacía días. Pero a mí todo eso me parece muy pero muy romántico, bueno, eso es lo que me dijo Marta que era porque esas cosas pasan siempre en la tele. También dejamos de ver a Anita. Parece que su mamá la sacó del colegio y la puso en el de su hermanito, que es mixto, y dijo, porque esta vez fue la mamá de Laurita quien se lo contó a mi mamá, que así aprendería desde niña las durezas de la vida. Yo no entendí muy bien eso, pero ahora estoy muy contenta, porque sé que no cometí el pecado de la calumnia que, aunque no estoy segura de lo que pueda significar, pienso que tiene que ver con no decir la verdad. También estoy alegre porque Marta y yo nos hicimos amigas otra vez, y porque mis compañeras creen todo lo que decimos, y alguna hasta me regala un toronto, mientras yo me guardo el dinero para cuando no tenga ninguno.
Nota del informe psicológico: Los padres no se han atrevido a contarle a la niña sobre el hallazgo de los dos cadáveres (maestra-chofer) a un lado de la carretera, el mismo día de su partida. Accidente fatal con gandola.
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