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Sección: Bitblioteca
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El caso Cavendes Política y criminalidad Mayo de 2000 El que no llora no mama, y el que no afana es un gil... Fue Bertolt Brecht, el genial dramaturgo alemán, quién afirmara que había algo más criminal que asaltar un banco: fundarlo. Y el colmo, agregaría un venezolano informado de la historia bancaria nacional, fundarlo y robárselo al mismo tiempo. Aunque también es cierto que fundar un banco y, además, robárselo, pasa hasta en las mejores familias. Seguramente la única excepción a la regla de que tales acciones delictivas solamente suceden en el seno del patriciado vernáculo la confirme Orlando Castro, suerte de Pepeganga de las finanzas nacionales, pata en el suelo de la cubanidad ascendido a meteóricas alturas con un empuje que despertara el odio más africano entre la rancia alcurnia financiera del país. Véase si no el encono de su archienemigo bancario, Bernárdez. Lo que no le impidió a dicha aristocracia compartir hazañas delictivas con Castro: recuérdese al pudiente Álvarez Stelling haciendo discreto mutis por elegantes ciudades europeas, consolado solamente por el hecho de que no había seguido más que el ejemplo dado por el vaticano Banco Ambrosiano, él, tan católico, tan opus, tan observante. Castro, en cambio, tuvo que pagar con humillación cinematográfica su humilde origen plebeyo: terminó siendo el chinito Recadi de la mafia financiera nacional, disfrazado de gangster americano con cadenas dignas de Lucky Luciano. Aunque ni a él ni Bouza, el otro prisionero de Zenda, le correspondió el justo castigo que le cayera a Mario Conde, el elegante banquero español que recibiera 12 años de condena por el caso Banesto. Para qué hablar de Gómez López, emparentado a muy buena familia, y a Álvarez Stelling, patricio él mismo. Otra frase aún más célebre que la de Brecht recuerda con deslumbrante lucidez que el nacionalismo es la coartada de los granujas. Puede, pues, imaginarse el atento lector la criminalidad que puede encerrar el alma de quién no sólo funda un banco y se lo roba, sino que además esconde su granujería de señorito de las finanzas con un nacionalismo carpetovetónico y estridente. Si tal figura hubiera hecho falta en el fétido escenario nacional de abusos, componendas, atropellos y desmanes que ha montado el Gran Comandante, de la mano del Mefistófeles del brazo dorado, pues ahí lo tiene: Don Luis Vallenilla, fundador por excelencia de las finanzas y la defensa de nuestra integridad nacional, como que Cavendes y Fundapatria salieron de su afilado cerebelo. ¿Cómo olvidar al patricio nacionalista y financiero convertido en asambleario tribuno de la plebe, junto a la zarrapastra política nacional? Luis Vallenilla, Chauvin de nuestra territorialidad y multimillonario de entre los amos del Valle pujando por el parto de la VRepública junto a Reyna Lucero, Sol Musset, William Ojeda y toda esa cáfila de pela bolas ancestrales que no conocían otro valle que el de Petare y el que colinda con la Rinconada. Asombroso. ¿Iba a soñar Usted, paciente y aterido lector, que Luis Vallenilla se escabulliría avergonzado por entre las piernas de la turba de ahorristas de Cavendes, deseosos de lincharlo por abuso y desfalco de sus modestos bienes? ¿Se mantendrá en los confines de la patria para dar cuenta en cuerpo presente de su estafa millardaria? ¿Pagará costosos remitidos de páginas completas en los más importantes periódicos del país para explicarnos por qué suerte de birlibirloque se puede defender a pecho abierto la integridad nacional y estafar a sus miles de incautos ahorristas? Finalmente: ¿qué moralidad es ésta la de la V República, que debe poner el Estado sobre la mesa para cubrir los desmanes financieros de uno de sus más ilustres adalides? ¿Irá preso el constituyente y chavísimo Luis Vallenilla? Poco más de un año de nuevos tiempos y ya tenemos la iconografía completa de la VRepública: un anciano malandrín que hace y deshace constituciones, un asegurador terrófago y latifundario y ahora, para rematarla, un financista estafador. "Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. Si uno vive en la impostura, y otro roba en su ambición, da lo mismo que ser cura, colchonero, rey de bastos, cara dura o polizón." Es cierto: Discépolo, ¡que grande sós!
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