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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Élite envaguecida Baldomero Vásquez Soto El Nacional, martes 13 de marzo de 2001 A objeto de comprender nuestra circunstancia actual considero necesario establecer la responsabilidad que la élite dirigente tuvo en el estruendoso fracaso al que arribó la República en la década pasada: putrefacción moral del pilar del estado de derecho, el sistema judicial; acentuado empobrecimiento de la gente, niveles de pobreza nunca vistos cercanos a 50% de la población; corrupción compartida del liderazgo político, sindical, empresarial, gremial, militar. Destaco el papel de la élite porque en sus manos deposita una sociedad la responsabilidad de encauzar su destino. Sin duda, la nuestra puso en evidencia su baja estatura por la manera cínica en que manifestó su arrepentimiento ante la crisis política desencadenada a raíz del intento de golpe de Estado de febrero de 1992 . «Todos somos culpables» fue la letanía que acompañó sus golpes de pecho en aquel entonces. Trataban de involucrar con semejante juicio a millones de venezolanos que sólo han recibido las sobras de la «herencia petrolera» dilapidada principalmente por ellos. Esta gente puso de bulto su estrechez de miras por la reacción que tuvieron para enfrentar el fracaso histórico señalado: proponiendo a una Miss Universo para la Presidencia de la República. Curiosa manera esta de llenar el vacío, ¡con más vacío! Igualmente fue sorprendente observar que a esta propuesta se sumasen varios intelectuales que hoy, rebasando los límites de la incoherencia, denuncian monotemáticamente que no hay un estadista en las altas esferas del gobierno. En aquellas complejas circunstancias, sin ningún recato, hicieron coro a una opción que al decir del ex presidente Herrera Campíns «sólo tenía que mostrarse», con lo cual dejaba implícita la idea de que triunfaría por su belleza, no porque pensara. Pero, esta élite de vuelo gallináceo ¿de dónde salió? De donde salen todas, de las entrañas de la sociedad venezolana. Para entender su conformación nos apoyaremos en Fajnzylber (De la caja negra al casillero vacío) y luego traeré a colación algunas ideas socio-psicológicas referidas al tema elaboradas por Ortega y Gasset en La época del señorito satisfecho. Señala Fajnzylber que en los países con una base generosa de recursos naturales (como Venezuela) «tiende a generarse un liderazgo que se sustenta en el usufructo de las rentas asociadas a esos recursos». Dicho liderazgo afirma termina por asumir valores rentistas (dependencia del Estado, aversión al riesgo y a la innovación tecnológica, aspiración a la riqueza fácil e inmediata, usufructo personal de los cargos públicos) que finalmente se difunden a toda la sociedad: partidos políticos, sindicatos, ejército, empresas, iglesia, etcétera. Esta explicación da cuenta tanto de la base empresarial tan endeble que ha caracterizado al improductivo capitalismo venezolano como de la extendida y falsa creencia de que basta con que el Estado distribuya equitativamente la riqueza petrolera para que todos los venezolanos, sin mayor esfuerzo, vivamos en el paraíso terrenal. En resumen el espíritu que caracteriza al capitalismo rentista está bien lejos de «el espíritu del capitalismo» , laborioso y ahorrativo, del que nos habló Weber. Llamemos ahora a escena al Señorito satisfecho. Aunque es un escrito que reflexiona sobre la Europa de finales de los años 20, de él extraigo la idea de que nuestra élite vernácula cultivó una actitud muy parecida a la que caracteriza al «señorito». Ella, como este, también se desarrolló bajo la certidumbre de que «la vida es fácil». Tal certeza fue cultivada por la riqueza petrolera que siempre brindó las garantías de financiamiento requeridas para mantener el funcionamiento de largo plazo del sistema económico-social. Como el mandado estaba hecho, el envaguecimiento se fue apoderando del liderazgo venezolano porque contrariamente a lo que se piensa diría el filósofo español tendemos «ilusoriamente a creer que una vida nacida en un mundo sobrado sería mejor... a la que consiste en luchar con la escasez». Cuando la riqueza viene regalada es difícil promover el trabajo como valor social. Y si se piensa que tal situación se va a mantener en el tiempo es peor, entonces «la vida se halla amenazada de degeneración». Esa amenaza, a la que me referí al comienzo, no ha desaparecido. Sigue latente en Venezuela. Pero ahora existe la oportunidad de superarla, posibilidad que no teníamos antes. Por supuesto que el éxito no está asegurado, ya que aunque en la actualidad presenciamos el desplazamiento de la élite envaguecida se está muy lejos de conformar una nueva. Si aspiramos a dejar a las nuevas generaciones una Venezuela distinta (con unas instituciones democráticas legitimadas moralmente y un sistema productivo equitativo que reduzca la pobreza y haga posible mejorar el nivel de vida la mayoría de nuestra gente) entonces estamos en la obligación de impedir que se reconstituyan las creencias rentistas en el seno de la nueva élite. Por tanto se hace imprescindible debatir y convencer al interior de las capas medias para sustraerlas del influjo del envaguecimiento, ya que ellas son una fuente importante de insumo del liderazgo de cualquier sociedad.
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