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Todos somos excluidos

Luis Britto García

El Nacional, domingo 10 de enero de 1999

Todo eufemismo degrada en insulto y es suplantado por otro que culmina en maldición. El peor favor que se le pudo hacer al bobo fue llamarlo excepcional. En una época sonaba elegante ser subdesarrollado en vez de atrasado. Quien creyó poner bonito al pobre llamándolo marginal ahora remienda el capote diciéndole excluido, término al cual equipara Gilbert Clavel en La société d’ exclusion con un lugar común, un concepto a la moda, algo que significa todo y nada.

La exclusión, al igual que la postmodernidad, ha pasado a ser tema del cual se discute sin conocimiento de causa y mucho menos de efecto. Propongamos algunos desarrollos excluidos del inteligente texto de Clavel. Parafraseando a lord Acton, digamos que el poder excluye, y el poder absoluto excluye absolutamente. Todo poderío es potestad de excluir.

El poder se hace excluyente excluyéndose de la discusión. La autoridad de toda teología se basa en prohibir el debate sobre fábulas a las que denomina misterios; la de la ciencia, en eludir la crítica de postulados a los que llama axiomas. Un artista cuestiona todo menos a sus mecenas; un medio de comunicación denuncia cuanto hay, excepto a sus anunciantes. Clama el latifundista contra el intervencionismo del campesino que quiere tierra, pero le parece irreprochable el suyo al acapararla. Despotrica el neoliberal contra el proteccionismo que limita sus ganancias, pero no contra el que custodia su propiedad. Truena el capitalista contra los mandatarios no electos, sin preguntarse quién lo elige a él amo y señor de vidas y haciendas. En las democracias latinoamericanas surgidas de regímenes de fuerza todo es debatible, menos el régimen de fuerza del cual surgieron. El cogollo discute todo, menos el cogollo mismo.

Nada para comprender la exclusión como hojear el Estudio nacional de crecimiento y desarrollos humanos de la República de Venezuela elaborado para Fundacredesa en 1996 por Hernán Méndez Castellano y sus colaboradores. Esta enciclopedia de las discriminaciones debería de ser libro de cabecera de todo político que tenga cabeza y no quiera perderla.

Saltamos, por sabidos, los índices de pobreza que se acercan a 85% y su efecto liquidatorio en el desarrollo físico y la salud. Más perturbadoras son sus repercusiones en las pruebas de inteligencia. En la página 1.145 del tomo III se afirma que «nuestros niños exhiben su rendimiento alto en estas pruebas de desarrollo hasta la edad de dos años. A los dos años se localiza un punto de inflexión, la edad de desarrollo comienza a ubicarse por debajo de la edad real y, por consiguiente, los cocientes caen por debajo de 100». Marginación económica igual preterición intelectual.

¿Exclusión laboral? Las estadísticas oficiales exhiben cifras de desempleo cercanas a 10%. Fundacredesa revela que si a ellas añadimos la llamada economía informal, más de la mitad de nuestra fuerza laboral está segregada del mercado de trabajo.

¿Exclusión cultural? 68,3% de los encuestados no ha leído un libro en los últimos dos años. En la muestra urbana el porcentaje es de 63,2 en la rural, de 84.

¿Exclusión de los valores de la nacionalidad? De 37.040 personas interrogadas 33,5% no sabe nada sobre el pensamiento de Simón Bolívar, 64% no conoce el escudo. En la muestra del estado Carabobo, 50% ignora que la igualdad de los venezolanos es un derecho consagrado en la Constitución.

Se equivoca de plano quien piensa que estas discriminaciones atroces escapan a la conciencia popular. 87,3% de los encuestados opina que los venezolanos no son iguales. La mayoría encuentra las principales causas de esta disparidad en razones económicas y de nivel cultural. También piensa que las primeras necesidades del país no han sido atendidas. 43,3% juzga que la principal área de desatención es la económica. Porcentajes cercanos a 20% señalan asimismo la educación pública, la vivienda, la seguridad. Lo que menos les gusta de la democracia es la corrupción, el desorden, el auge delictivo.

Curiosa criatura es el hombre. Afanosamente crea civilizaciones riquezas, culturas, sin otro resultado que excluir o excluirse de sus propias creaciones. Quizá no somos homo sapiens, sino homo excludens. ¿Quién excluye a casi todos de lo que a todos nos pertenece?

La investigación de un sistema por encima de toda sospecha debe comenzar por el sistema mismo. Todo poder fundado en la exclusión termina siendo su víctima. Quien excluye, se excluye. Dime a quien excluyes, y te diré quién eres.


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