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Pare de sufrir Paramilitares
En artículo del 25 de enero de 2004 alerté que «el plan maestro de Estados Unidos es que Venezuela le pelee su guerra en Colombia, y que Colombia le entregue el petróleo venezolano». El 9 de mayo de 2004, Hugo Chávez Frías anuncia en la edición 191 de su programa «Aló Presidente» que en el sector Gavilán del municipio Baruta de la zona metropolitana de Caracas han sido detenidos 130 civiles colombianos con uniformes militares venezolanos, muchos de ellos reservistas, y que más de medio centenar han escapado. Los paramilitares estaban acuartelados en barracas en la hacienda Daktari del autonombrado autor del Plan Guarimba, el venezolano de origen cubano Robert Alonso, en jurisdicción del alcalde opositor Enrique Capriles Radonski. Paragricultores. Un detenido declara ante las cámaras que los reclutaron en Colombia ofreciéndoles 500.000 pesos para sembrar «yuca y plátano» y que llegados a la hacienda les ordenaron que estuvieran «preparados para tomar puntos de la Guardia». También les intimaron «no dejarnos ver aquí, no mostrarnos ante la gente civil y que si no, nos mataban las familias allá». Conocían el manejo de armas por ser en su mayoría reservistas, y en días anteriores practicaban con «R-15, pistolas, mini-Uzi» bajo dirección de oficiales venezolanos y de un «instructor que era de la policía, algo así». Fea cosa, extranjeros disfrazados de soldados venezolanos: o tratan de usurparles funciones, o de culparlos de crímenes propios. Paramercenarios. ¿Qué son los paramilitares? El grado cero de la profesión militar. A diferencia de los guerrilleros, no pelean por un ideal, sino mercenariamente. En contraste con las fuerzas armadas, no operan dentro de un marco institucional. Financiados, protegidos, entrenados y armados por un ejército regular, ejecutan las tareas sucias por las cuales este teme ser declarado responsable. Demasiado largo sería el recuento de sus fechorías en la hermana república. Según declara Gloria Gaitán el 12 de mayo para VTV «el paramilitarismo no funciona si no lo está apoyando el ejército». Sicariato masificado, los paramilitares son brazo de un poder que tira la peña y esconde la mano. Paramedios. Y no falta quien juegue al escondite, a pesar de que es tan difícil como jugar al apagón comunicacional sin cerrar canal 8. Las televisoras privadas, invitadas a compartir la información, no la difunden. Chávez inserta en «Aló Presidente» una breve cadena para divulgarla, «pues aquí los que violan el derecho a la información son los canales privados». El Presidente promete averiguar «hasta dónde estos grupos pudieran haber participado en las guarimbas», añade que «no tengo la menor duda de que estos grupos están organizándose para intentar el magnicidio», e informa que el gobernador del Zulia «el golpista Manuel Rosales», firmante del acta del golpe del 11 de abril, también está formando grupos de paramilitares. Cita una vez más el mandatario a Globovisión, Venevisión, RCTV y a los diarios El Universal y El Nacional, y precisa que «los propietarios de esos medios de comunicación son enemigos del pueblo venezolano, y ellos le han declarado la guerra al pueblo venezolano, al Ejército venezolano, a la Constitución venezolana». Parainvisibles. Un paramilitar, por definición, no existe, sobre todo para quien lo maneja. ¿Cómo trata la noticia la prensa del día siguiente? El Universal dedica su primera plana del lunes 10 a noticias deportivas. El Nacional titula ese día a cuatro columnas de la página A-1 «Detenidos en Caracas 80 irregulares colombianos». Es interesante el matiz: «irregular» puede ser un buhonero sin licencia. De creerle al antetítulo, «la Policía Metropolitana los interceptó en El Hatillo», sitio que no está en la jurisdicción de dicha policía, sino bajo la de Polibaruta. El Daily Journal rebaja la noticia a un «alegato» : Chávez allegues coup plot. El Mundo los convierte en víctimas: «Asesinados dos paramilitares». BBC Mundo.com lo llama «supuesto grupo paramilitar en Caracas», para añadir desdeñosamente que «no todos descartan que el grupo pueda ser real, aunque esperan que se suministre más información». No hay duda: se trata de alegatos, suposiciones, irrealidades: espejismos, fenómenos virtuales. Los invasores se disimulan en el monte gracias al camuflaje; en la ciudad, gracias a los titulares. Apenas Últimas Noticias los califica acertadamente en primera plana como «Paramilitares», y contrasta críticamente las versiones. El día 12 el conductor de «Primera Plana» en Globovisión nos instala en Babia: «Inclusive la matriz de opinión que se ha generalizado es que no son tales paramilitares, es que se trata de un montaje...». Paradiplomacia. A diferencia de los medios, no cree en montajes la embajadora de Colombia Mariángela Holguín, quien manifiesta que «existe preocupación por la presencia de estos delincuentes en territorio venezolano. Nos alegramos de esta captura, porque es la única forma en la que se va a poder llegar al fondo de estas acciones». El presidente Álvaro Uribe expresa que «bien hace el gobierno de Venezuela en capturar a cualquiera que esté delinquiendo en ese país» (Últimas Noticias, 10-5-04, p.14). Gloria Gaitán, sin otra investidura que la digna continuación de los ideales de su padre Jorge Eliécer Gaitán, afirma que el plan materializa la «invasión de Colombia a Venezuela» que había denunciado meses antes. Informa el general López Hidalgo que hay «paras» en siete estados (Últimas Noticias, 11-5-04, p.12). Paraoposición. Hay una oposición Jalisco que nunca pierde, y si pierde la arrebata, y si no arrebata da golpe de Estado, y si no golpea declara guerra, y si no guerrea contrata invasión extranjera. Cree implantar un guión donde el dinero produce violencia que produce más dinero. No sabe que prepara el del pueblo. Todas las revoluciones que recuerda la Historia se radicalizaron en la resistencia contra una agresión extranjera.
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