Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Venezuela: sociedad sin clases

Luis Britto García

El Nacional, sábado 4 de agosto de 2001

El sueño ñángara de la sociedad sin clases parece cumplido en los medios. Para publicistas, comunicólogos y postmos no hay capitalistas ni proletarios, sino estratos, nombrados por letras en orden descendente hasta casi completar el alfabeto y requerir la invención de nuevos signos. Pero clasificar por niveles de ingreso se redujo a discriminar por desniveles de ingreso. Imposible jerarquizar por ingresos desde que los explotadores tienen los suyos en el exterior y los explotados no obtienen ninguno. Estrato F suena más bonito que lumpen, pero lumpen luce más distinguido que pobreza atroz.

Proponemos entonces distinguir según la pena. La variable ingreso parece ser inversamente proporcional a la vergüenza, bien sea que se la tenga o se la inspire. Los sin pena constituyen el estrato antes llamado científicamente grandes cacaos, 12 apóstoles, peces gordos u oligarcas temblad. Se caracterizan por la absoluta falta de vergüenza. Después de siglos saqueando al Estado o quebrando empresas subsidiadias por éste, todavía se lanzan como candidatos, se presentan como constructores de la sociedad o se las echan de víctimas. Sus actividades favoritas: legitimación de capitales; rebatiñas de dólares preferenciales y títulos de estabilización monetaria; desfalco masivo de auxilios financieros y sicariato intermitente. El estudio que revela para Venezuela la mayor desigualdad en la distribución del ingreso revela que los gerentes ganan hasta 75 veces el salario de sus obreros. Fetiche del sin pena: Lady Di. Ideología: ese mayamismo cultural llamado postmodernidad. Caracteriza al sin pena la batata regular, de músculos largos, forjada en deportes exclusivos tales como el golf, la equitación, la natación o el terrorismo financiero.

La clase con pena aglutina ese estrato denominado antes compasivamente sectores medios o clase calcetín. A diferencia de los que no tienen vergüenza, los con pena tienen demasiada. No ascienden a oligarcas porque les da pena robar en gran escala, pero también se avergüenzan de reconocerse como los marginales que han terminado siendo. A los pertenecientes a este estrato les ruboriza absolutamente todo lo que puede garantizar su supervivencia: la militancia política o sindical, la medicina socializada, la revolución, la participación en cacerolazos; desde protestar porque ya no tienen para pagar las cuotas del colegio a sus hijos, hasta concurrir disfrazados a los mercados populares para disputarse unos retallones de queso duro con los tierrúos. Los con pena viven de ilusiones, o por lo menos de la ilusión de dar la ilusión: antes, de que pertenecían a la clase alta, ahora, de que todavía son clase media. De un solo leñazo pasaron del té canasta a la canasta básica. Fetiche del con pena: Ladi Di (traducción: Irene Sáez). Ideología: la retrechería, que es el fallido intento de creerse oligarca con los medios de la marginalidad. La clase con pena se caracteriza antropométricamente por la batata alta, fruto de unas clases de ballet que la mamá le costeó a la niñita para echarle coco a las otras progenitoras y que hubo que suspender a raíz de la crisis bancaria. La batata alta termina de contonearse escalando los restantes símbolos de la decadencia de la burguesía: la escalinata de escape junto al ascensor sin repuestos o la escalera mecánica desconectada.

Los que dan pena conglomeran al resto, o sea una mínima mayoría de 85%: cholúos, tierrúos, chusma o pueblo soberano. Rómulo Gallegos definió a la venezolana como una raza buena que ama, sufre y espera. Y en efecto, no sale de una cola: de la del grifo en el cerro a la de la buseta a la del cupo en las escuelas bolivarianas. A diferencia de la solidaridad social deseable, que es multidireccional, cooperativa y voluntaria, la cola es la imagen del orden social que la impone unidireccional competitiva ya que todos odian al que está delante porque quieren ponerse en su lugar, y obligatoria solo para los pendejos. Fetiche del que da pena: Jordan. Los que dan pena son identificables por la batata baja o pantanera, duramente amasada en la ascensión de cerros, el salto de charcos o el brinco de muros durante los operativos.

Así como en un tiempo hubo una alta clase baja con pujos, en la actualidad perdura un lumpen de la high que sólo se asemeja a esta en las marcas que compra al fiado y en la inmoralidad de sus golpes. Quizá ello explique que la venezolana sea la segunda compradora de cosméticos en Latinoamérica, que su pareja consuma proporcionalmente cinco veces más whisky que el estadounidense, y que nuestros académicos luzcan más cirugías cosméticas que los transfor de Río de Janeiro. Cuando el último oligarca se haya fugado y el último clase media haya traspuesto su pena y la escalinata del cerro que hay en su futuro, en Venezuela dejarán de existir las barreras de clase para fundirnos en un solo barranco. Las clases sociales que no se hacen respetar tienden a no ser respetadas.


Luis Britto-García en La BitBlioteca



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.