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La Constituyente: la gran incógnita venezolana de 1999

Simón Alberto Consalvi
consalvi@internet.ve

La idea de que todas las cuestiones deben ser resueltas única y exclusivamente por una asamblea constituyente se ha apoderado de tal modo de los venezolanos que, incluso quienes discrepaban de ella, han ido moderando su oposición y aceptando, discretamente, que la tendencia es de tal magnitud que enfrentarla podría tener un alto precio, además de ser inútil.

Esa es la verdad, todo lo que se observa en el ambiente conduce a la reunión de una constituyente en 1999. No importa que para coronar la idea tenga que darse el paso fatal de violar la Constitución Nacional de 1961.

La Carta vigente castiga expresamente a quienes atenten contra ella. Abre un proceso de reformas que ya se practicó antes con decisiones de tanta relevancia como la elección de gobernadores de estado. Esta era una reivindicación pendiente desde 1947, cuando la Constitución de entonces remitió la decisión sobre la materia a un plebiscito que debía llevarse a cabo poco tiempo después. Vino el golpe de estado del 24 de noviembre de 1948, la dictadura de 10 años, y, por consiguiente, se condenó a muerte todo el sistema legal.

La Constitución de 1961 no resolvió la cuestión porque el predominio de los partidos no lo juzgó necesario. A través de sus presidentes de la República los partidos decidían quienes debían gobernar en las regiones. Nadie reclamó esa reivindicación durante más de tres décadas. Hoy es una de las mayores fuentes de legitimidad del poder y su significado, además, traduce la pluralidad de partidos y tendencias políticas. Si esta reforma se llevó a cabo al final de los 80, nadie se explica cómo no pueda ser posible que las reformas restantes no puedan hacerse mediante el procedimiento pautado por la Constitución y que tengamos que ir, fatalmente, a una constituyente.

La explicación es simple: el mito ha cautivado a todo el mundo, desde los que prometen una revolución (paradójicamente una vuelta al pasado del Estado intervencionista y protector que ya se prometió en los 60 y consumió sus recursos en el experimento) hasta quienes de buena fe consideran que la asamblea así concebida serviría para airear el sistema. Es una visión ingenua, pero válida. La política, al fin y al cabo, es un ejercicio interminable de idas y vueltas.

De modo que en 1999 tendremos una constituyente. Quienes la respaldan de buena fe (Ricardo Combellas, Allan Brewer Carías, Oswaldo Alvarez Paz) parten del principio de que será una constituyente que va a aprobar en poco tiempo una nueva Constitución. Otros, o mejor, el ex-comandante Hugo Chávez Frías, candidato presidencial de la 5a. República tiene otra visión y otros propósitos. El paso previo de la promesa chavista es la disolución del Congreso que se va a elegir en noviembre para que este le dé paso a la constituyente. No ha habido claridad en los procedimientos que se pretenden, quizás porque la claridad no es posible. El propio ex-comandante no le ha puesto límites a la constituyente, al contrario, considera y sostiene que debe asumir todos los poderes, disolviendo el Congreso, anulando la elección de gobernadores que se elegirán también en noviembre, los alcaldes y las asambleas legislativas. Se supone que alterará también el régimen municipal y las alcaldías. El Poder Judicial está también en la agenda: Chávez promete sustituirlo por un Poder que él llama "Moral".

Olvidándose de que "por la boca muere el pez", Chávez ha adelantado su esperanza de que la constituyente prorrogue también el mandato presidencial. El ex-comandante parte de la premisa de que ese presidente será él y 5 años no parecen satisfacer sus ambiciones de poder. Éste es el panorama que se presenta a los venezolanos a pocas semanas de las elecciones de fin de año. O sea, que en el proyecto de Chávez Frías todos los venezolanos que se vaa a elegir en noviembre y diciembre serán anulados por la constituyente que interpretará lo que él (y sólo él) tiene en mente.

Miles de millones de bolívares gastados en el proceso electoral de 1998 se perderán indefectiblemente si el designo del ex-comandante llega a consolidarse. La constituyente es, por ahora, un enigma y una interrogante en el horizonte de los venezolanos.


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