Caracas, Lunes, 21 de abril de 2014

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Las condiciones para el diálogo

El Nacional, domingo 19 de mayo de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

Massimo Desiato, Evitar los extremos [domingo 3 de junio de 2001]

Parece haber en la sociedad venezolana una creciente demanda de diálogo que procede de sectores muy diversos pero que ignoran las tremendas dificultades que implica la recíproca escucha y comprensión. El diálogo no es algo que proceda simplemente de la buena voluntad, si bien la presupone. Entre sus condiciones destaca la capacidad de hablar, esto es, de lograr extraer de la constitución lingüística del ser humano la máxima productividad comunicativa.

Para que exista un auténtico diálogo, se requiere de un habla que active un pensamiento mediante el cual nos volvemos a la vez comprensibles a nosotros y al otro de tal manera que este otro pueda respondernos, confirmarnos o «rectificarnos», palabra esta última también muy en boga en la actualidad. Este proceso se logra solo lenta y laboriosamente sobre la base de una educación humanística prácticamente inexistente entre nosotros, en particular, entre nuestra clase política. Por otra parte, no existe una técnica del diálogo, si por tal cosa entendemos un conjunto de reglas explícitas al modo de las ciencias formales y «duras». El fundamento de una convivencia pacífica no se encuentra, pues, en las matemáticas o la lógica, tampoco en las instituciones, sino solo en el intercambio vivo de ideas que brota de un sano pluralismo.

Como lo sostiene el filósofo alemán, recientemente desaparecido, Hans-Georg Gadamer, solo hay auténtico diálogo cuando se encuentra la palabra precisa y también el silencio oportuno y elocuente. Lo que se opone al diálogo es la disputa, «cuando se reacciona ante cualquier tesis únicamente con la pregunta: “Pero, ¿no hay ahí una contradicción lógica?”». A la base del diálogo no se encuentra la razón, sino la actitud razonable, a saber, la capacidad de hacer de uno mismo en sus positivas intenciones aquello que el otro ha querido decir. Como decía antes, esto supone una formación humanística tal y como la entiende otro gran filósofo, Hegel: «Formación significa contemplar las cosas desde la posición del otro».

Desdichadamente, el mundo contemporáneo está dominado por la técnica y la simbología matemática. La ya de por sí maltrecha educación venezolana solo prepara para canalizar el inmenso potencial de conocimientos y capacidades a nuestra disposición hacia aplicaciones racionales. La palabra científica se dirige más al conocimiento que a la comunicación y a la vista está que las ciencias «duras» de poco sirven en la política y en el intento de comprensión mutua. Gadamer insiste en destacar que «la palabra que le es dicha a alguien no es representable con símbolos conceptuales, aun cuando se pueda representar lo dicho como tal de forma matemática mediante ecuaciones. La palabra existe más bien como algo que le llega a uno. El lenguaje pertenece a la praxis, a los hombres en cuanto están unos con otros y frente a otros». El lenguaje, en este contexto (moral y político), «no es proposición ni juicio, sino que únicamente es si es respuesta y pregunta».

Más vale, entonces, olvidarse de momentos –momentos tan urgentes como el nuestro– del diálogo para por lo menos alcanzar la negociación en la que cada sector de la sociedad, con su correspondiente cuota de poder, cede parte de sus reivindicaciones para lograr pactos conducentes a una paz social. Solo una vez que se haya alcanzado este pacto se podrá profundizar en la palabra y empezar a formar para el diálogo. Esta parece ser la tarea para las generaciones futuras. Tarea de liceos y universidades, meta que sobre todo estas últimas parecen haber olvidado a favor de una instrucción técnica que inserte lo más rápidamente posible los egresados en el mercado de trabajo. Quizás de esta crisis, las autoridades universitarias, aquellas que disponen del poder de decisión, comprendan que su obligación consiste en formar no solo trabajadores aptos, sino ciudadanos veraces, aquellos que saben, además de negociar, dialogar.


Massimo Desiato en La BitBlioteca

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