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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Las tres «lógicas» de Chávez El Nacional, domingo 22 de abril de 2001 Chávez el popular, Chávez el revolucionario, Chávez el neoliberal, ¿cuál de los tres (y cuidado, puede haber más) es el «verdadero»? Mi impresión es que el enigma político de esta figura puede ser en parte aclarado si nos manejamos con la idea de que en el Presidente se conjugan, yuxtaponiéndose de forma estridente algunas veces y articulándose otras, tres «lógicas»: la popular que expresa el mundo de vida de aquellos sectores que se resisten a la modernidad, tanto económica como política; la revolucionaria, «lógica» moderna pero anticapitalista y antiliberal; y la «macroeconómica» que responde a la ineludible realidad representada por la «dictadura» de la globalización. A estas tres «lógicas» se añade el protagonismo del individuo Chávez. Comencemos con la primera. Lo popular es la esencia misma del modo de comunicar de Chávez, que no es otro que aquel de expresar su modo de ser. En rigor, Chávez no tiene un carisma, término que alude a algunas dotes personales fuera de lo común, sino, precisamente «popularidad basada en su modo de ser popular». La política que extrae de esta dimensión acentúa el momento afectivo, solidario, comunitario, la cercanía con el pueblo que lo conduce a romper los protocolos, las formalidades correspondientes con un orden estatal lejano y adverso en más de un sentido a lo popular. Es el momento del «cafecito» en plena cadena nacional. La política de lo popular rechaza la modernidad y genera el primer gran desencuentro con la economía, entendida como teoría y actividad esencialmente moderna e irrespetuosa de los modos de vida populares, tradicionales. La dimensión revolucionaria es empleada, en cambio, como momento estelar del protagonismo del hombre Chávez, a la vez que como «alternativa» al modelo de desarrollo impuesto por los «paquetes económicos internacionales». Pero, en cuanto esta «revolución pacífica» está transida de punta apunta por la «lógica» popular, no se sabe bien de qué se trata. Ni siquiera me atrevería a afirmar que reproduce el esquema moderno de las revoluciones, si bien el término mismo difícilmente escapa de la modernidad. De todas formas, el «cafecito» tomado ahora con Fidel en el acostumbrado programa radial sintetiza bastante bien el asunto. Fidel, como la revolución misma, es un símbolo de la retórica chavista. Se necesita para barrer con los 40 años de corrupción, con el «puntofijismo». La revolución es contra el orden económico internacional, pero también contra la Venezuela pasada. Sin embargo, la dura realidad de la globalización nos brinda un Chávez que ha sido acusado de ser neoliberal, con su obsesión por controlar la inflación. Es aquí, en el nivel de los factores macro, donde la economía se impone a lo popular y a la revolución, estableciendo los límites discursivos de la trama popular y de la retórica revolucionaria. Y es bastante fácil pensar porqué esto ha de ser así, pues, si bien el slogan alternativa al desarrollo es rápido de decir y de escribirse, es extremadamente difícil encontrar una solución práctica, concreta al «problema» de la globalización y del crecimiento económico como forma de eliminación de la pobreza. Chávez aboga por esa «alternativa al desarrollo», pero mientras algún intelectual no la concrete, ha de seguir al menos algunas de las macrodirecciones impuestas por la economía internacional. Las tres «lógicas» se interfieren, más que articularse entre sí. De ahí el desconcierto de muchos analistas y, sobre todo, las constantes incongruencias, ese «tejer» y «destejer». Sin embargo, en lo personal, creo que estas incongruencias son muy frecuentes en el ámbito de lo político, pues, en esta materia los hombres tienden a querer demasiadas cosas: quieren lo que es lógicamente imposible. Ese es el motivo de que símbolos sagrados como «libertad» o «democracia» cubran una cantidad muy amplia de ideales que están en conflicto los unos con los otros. Sólo que en Chávez, debido a las tres «lógicas» antes expuestas, condimentadas con dosis muy elevadas de protagonismo, tales incongruencias se vuelven intensas y «estelares». Por tal razón, creo que será difícil que el Presidente pueda salirse de su laberinto, al igual que «su general».
Massimo Desiato en La BitBlioteca
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