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Otra vez las «lógicas»

Massimo Desiato

El Nacional, domingo 17 de junio de 2001
Ver Massimo Desiato,
Las tres «lógicas” de Chávez, Modernidad, modernización y «Lógica» revolucionaria
Roberto Hernández Montoya,
Las aventuras de la lógica y ¡Alto esa modernidad hasta segunda orden!

Respondiendo a la amable intervención que el profesor Jacinto Dávila realizara el pasado 31 de mayo en esta página («La lógica de Chávez. ¿Trina y una?»), voy a continuar mi reflexión sobre la relación entre política y cultura en Venezuela con una aclaratoria. Por «lógica» —término que he estado usando sistemáticamente entre comillas— entiendo no sólo, ni principalmente, el discurso, sino, sobre todo, unos procesos sociales, económicos, culturales que muestran cierto grado de cohesión. En esta dirección, las inconsistencias en las que incurre el Presidente no son, en mi opinión, fruto únicamente de su discurso, sino de la pretensión de manejar procesos sociales, económicos y culturales encontrados. La inconsistencia se encuentra en la realidad misma, toda vez que entendamos que de estos procesos, de estas «lógicas», no se pueden extraer, mediante selección, solamente los rasgos que interesan para, posteriormente, combinarlos. Precisamente por mantener cierto grado de cohesión, tales procesos son «totalidades», una suerte de «paquetes».

En la entrega de hoy me voy a concentrar en una de las tres «lógicas» por mí expuestas, a saber, la popular. El término puede ser malentendido. De hecho, en la respuesta que le diera a Roberto Hernández Montoya, hace ya algún tiempo, por limitación de espacio no pude desarrollar esta temática. Mi tesis es la siguiente: el «retorno de lo popular», que tiene en Chávez su símbolo y a la vez uno de los elementos de su articulación, puede ser interpretado como la respuesta que sectores importantes de la población le dan a la desestructuración cultural a las que han estado sometidos por la globalización. Este último proceso puede ser visto como un fenómeno de aculturación, siendo así la «lógica» popular expresión de una contraaculturación que se inserta, como frecuentemente sucede en estos casos, en movimientos mesiánicos y fundamentalistas caracterizados por un «retorno a las fuentes». Además, me parece que la «lógica popular», si bien no rechaza la modernización, se opone tajantemente a la modernidad y a su ethos, o por lo menos, suavizando la tesis, se opone cada vez que las circunstancias la fuerzan a elegir entre «crecimiento económico», por un lado, y profundas alteraciones de su identidad, por otra.

Mi tesis continúa así. Chávez es percibido por una parte numéricamente significativa del electorado como la «objetivación» de esa identidad que se desea defender, pues la política no se reduce a una discusión sobre los posibles cursos económicos, sino que se extiende al problema cultural, a una discusión respecto del modo de ser. Lo que es más, con Chávez, a través de él, los grupos otrora minoritarios no persiguen tanto reapropiarse de una identidad extraviada, sino en volver a apropiarse de los medios para definir por sí mismos, según criterios propios, su identidad. Y si esto tiene un costo económico elevado —costo que la modernidad económica subraya a cada instante— pues bien, cabe a estas alturas pensar que tal vez evitar tal costo no sea el objetivo más importante para esos sectores del electorado. Quizás, la gratificación mayor sea el mismo Chávez, el hecho que hable desde Miraflores.

En otras palabras, la perspectiva de porvenir de estos sectores del electorado es tal que el tiempo de la economía no tiene mucha cabida: luchar por el crecimiento económico en detrimento de cierta identidad, puede llegar a ser una consigna abstracta. La modernidad, en el fondo, se sintetiza en una concepción del tiempo que es, en más de un sentido, opuesta, a la temporalidad de lo popular. Lineal, progresiva, a largo plazo, fragmentada en aras a su optimización, la primera, circular, extática, a corto plazo, inmediata y totalizante, la segunda.

Así, pues, bien puede suceder que Chávez, cabalgando la ola de lo popular, piense dirigirla o, en todo caso, canalizarla, hacia cierta concepción de la modernidad. Tal vez crea que la bisagra sea la revolución. Personalmente, considero que las tres «lógicas», cuando se profundiza en ellas, generan más incompatibilidad que síntesis y por ello hablo de inconsistencia del Presidente. Una inconsistencia que la lógica a secas, la lógica sin comillas, profesor Dávila, difícilmente puede subsanar.


Massimo Desiato en La BitBlioteca
Ver Massimo Desiato, Las tres «lógicas” de Chávez
Roberto Hernández Montoya, Las aventuras de la lógica



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