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«Lógica» revolucionaria
El Nacional, domingo 1º de julio de 2001 Uno de los principales factores que dificulta la comprensión del discurso chavista radica en su constante remisión a una terminología revolucionaria desfasada respecto de la propia «izquierda». Tras cumplirse algo más que una década desde la caída del muro de Berlín, no puede escapársele a casi nadie la crisis ideológica de los principales partidos de la izquierda. Esto comprende tanto a aquellos «revolucionarios» como a los sectores socialdemócratas «reformistas». Buen ejemplo de ello, es el ya famoso intento de construir una alternativa a la oposición entre «derecha» e «izquierda», denominada «tercera vía», que tiene en el primer ministro británico Anthony Blair su principal exponente. Entre nosotros, el actual debate en torno a las nociones de la izquierda indica que en gran medida la terminología que le es propia no ha sido asimilada por gran parte de la población y por su principal vocero, el presidente Chávez. Cabe preguntarse ¿qué significa en su discurso la palabra «revolución»? Hasta donde yo entiendo, este término alude, en el seno del marxismo en el cual el chavismo se inspira, a una transformación radical de la estructura o base económica. Esto equivale a decir que sin la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción (tierra, industria, capital), y el rechazo igualmente radical del sistema capitalista internacional, no se está en presencia de una revolución. De hecho, su teoría rival al menos en el seno de la izquierda la socialdemocracia reformista, se caracteriza por aceptar el capitalismo, conduciéndolo hacia un rostro más humano mediante la intervención del Estado. El objetivo principal de la izquierda, tanto la revolucionaria como la reformista, es una mayor igualdad, lograda muchas veces mediante la restricción de la libertad. Sin embargo, sus caminos son muy diferentes. Mientras la primera hace tabula rasa de la estructura económica capitalista, la segunda la acepta para discutir en su interior. Así, en rigor, lo que, al menos aparentemente, Chávez propone, no es una revolución, sino unas reformas. Esto es igualmente válido en lo que concierne a la «revolución cultural», pues, incluso reconociendo con el maoísmo, que la simple transformación de la estructura económica no conduce automáticamente a una modificación de la forma de pensar y actuar, esto no significa que puedan darse cambios sustantivos en la cultura sin haber antes transformado la economía. Para los revolucionarios, tratar de hacer lo uno sin lo otro es como arar en el mar. Desde luego, uno puede realizar un ulterior esfuerzo de comprensión y preguntarse por qué el chavismo incurre en esta yuxtaposición de códigos. Una posible respuesta consiste en pensar que frente a la imposibilidad que experimenta la izquierda a escala internacional de confrontarse con un capitalismo cada vez más agresivo, sus exponentes persigan fórmulas políticas que le den cabida a la diversidad de pensamiento. El problema radica, entonces, en cómo expresar la «diferencia» en el seno de un sistema económico que implica también una determinada configuración del hombre y de la cultura en general. Y la verdad es que se trata de una cuestión seria y compleja que puede suscitar más de una simpatía. No obstante, la responsabilidad social de un gobierno radica en no andar a tientas, no experimentar por «ensayo y error», porque estos ensayos los paga la población entera, con su cuerpo, con enfermedad, inseguridad y hambre. Los revolucionarios marxistas hablaban en su tiempo de reconocer las llamadas «condiciones objetivas» para ver hasta qué punto era viable un proyecto revolucionario. En ausencia de estas, perseguir e insistir en la revolución se transforma en mero «voluntarismo», término peyorativo con el que Marx indicaba los primeros intentos de los socialistas utópicos. Frente a estos, Marx denominaba su posición de «científica», precisamente por contar con el análisis adecuado de las condiciones objetivas. Como he sostenido en una anterior entrega, uno puede reconocerse en la urgencia de la «cuestión social» que Chávez ha tenido el mérito de rescatar. Pero hace falta dotarla de un proyecto claro que no penalice a los sectores más pobres del país. Eso aún no se ve.
Massimo Desiato en La BitBlioteca |
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