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Talión La gallina que murió por el derecho a réplica El Nacional, martes 26 de junio de 2001 Eco apagado del berrinche que desató el debate constituyente sobre la información veraz, derecho a réplica y rectificación, hoy se desatan las mismas trompetas ahogadas por la sentencia 1013 del Tribunal Supremo de Justicia. No bordearé el asunto Dios me libre con lo que perogrullo grita por las esquinas: que la oposición, en la permanente persecución de su cola, ve en cada nuevo pretexto (y cada mediodía se inventa uno) la ocasión ideal para el asalto final al palacio de invierno; o el Día D para el desembarco en la Normandía de sus desvaríos. Por aquellos días de discusión constituyente, vimos marchas amordazadas dirigidas por los dueños de las mordazas, jóvenes de una universidad con nombre de carabela, quienes no habían visto Informativo I, protestando por «esa cosa fu que no nos da nota, chamo, ¿ves?»; bombardeo mediático desde el amanecer hasta el sueño de Dios; importación de refuerzos de divisas extranjeras (los musiús impresionan, decían) con siglas de SIP, AIR, Reporteros sin Tranqueras y cuanto agente libre quisiera venir por unos cuantos verdes. Con el viejo Congreso, tanto despliegue de artillería era innecesario. Bastaba con que les susurraran a sus encurulados usufructuarios que no serían invitados a los programas de las mañanas, para que entraran en pánico y deglutieran cualquier proyecto, por muy elevado que fuera su interés para la patria. Quizás eso, más que el 4-F, fue lo que los mató. Después, para que vean cómo es esta perra vida, quienes los hicieron reventar de tanto tragar las leyes impostergables, les dieron la postrera patada en las posaderas. Nada de eso funcionó con la Asamblea Nacional Constituyente y ésta aprobó los artículos que ampliaron los derechos informativos, comunicacionales y socioculturales del pueblo venezolano. ¡Fin de mundo! ¡Se acabó la libertad de expresión en Venezuela!, clamaron desde Miami hasta el Cono Sur, donde algunos adlátares de la comunicación habían servido a las dictaduras miserables que se le escaparon a Pablo Neruda de su Canto General, sí, de las páginas de los sátrapas, de la arena traicionada y de la patria en tiniebla. Punto y aparte, por Dios, Chico diría mi pana Aristóbulo Istúriz ahora vemos que toda aquella gente que vociferó y pataleó contra el derecho a réplica, hoy lo está defendiendo como la heroína Eulalia Buroz a la Casa Fuerte de Barcelona. Ni Desirée Santos ni Alberto Jordán, amigos de causa en aquellas hermosas jornadas, se andan rasgando tanto las vestiduras. Los nuevos cruzados de la réplica mal leída y peor entendida ya anuncian lo mismo: marchas, mordazas, cadenas alrededor de edificios. Una apuesta de fuertes contra sencillo: a que allí habrá más políticos oportunistas y sin tropas que periodistas. Está bien que hagan todo eso, pero en justicia, deberían reivindicar a aquella pobre gallina que degollaron, desangraron, descuartizaron y pelotearon cuando protestaban contra el avanzado y progresista derecho a réplica. Por lo menos deberían reconocer que la pobre ave de corral no era culpable de nada y que su asesinato con ensañamiento y alevosía fue desproporcionado e inútil. Yo reivindico hoy a ese sacrificado animal. En cuanto a la sentencia del TSJ, mucho antes de esta, desde que se armó la querella, la letra de la Constitución bolivariana deja claro que allí no procedía y era un disparate solicitarlo el derecho a réplica. Como comunicador y co-redactor constituyente de ese artículo, nunca lo dudé. El colega Elías Santana también lo sabía y lo sabe, pero de ninguna manera él va a soltar ese jugoso hueso mediático. ¡Jamás! PS: Augusto Hernández felicita a Roberto Malaver por su merecida mención de Honor del Premio Nacional de Periodismo 2001. Ellos son ñeros aunque no se entienden, tal vez por eso mismo. Yo me sumo.
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