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Miopía en Kabul
Carolina Espada

Martes, 16 de octubre de 2001

 

Para Bobby en el Medio Oriente y Hasso en Machurucuto.

Carolina Espada

¿Cómo se verá la vida a través de una telita? A través del rectangulito tejido-tupidito de ese balandrán que están obligadas a usar las mujeres afganas. El trapero en cuestión se escribe Burqu’ y se pronuncia «burca». El apóstrofo (’) en realidad es como una c pequeñita puesta al revés; es la letra árabe llamada «ain», que se pronuncia como una especie de «ah», pero como para adentro, en lo profundo de la garganta. El (¿o la?) burka es apenas una de las novedades impuestas por el régimen talibán a partir de 1996. Sí, tal cual: 1996. Hace cinco años. ¡Cinco! Hace nadita.

¿Es Cicerón o es Fidelio? No, es el Espía Güini enviando por email un artículo de Nela Padilla sobre lo que significa ser mujer en Afganistán. Sintetizo y agrego: Prohibición de trabajar fuera de casa; ganar dinero; participar en actividades político-económicas-y-etc.; asistir a escuelas y universidades; salir a la calle sin la compañía de un hombre de su familia; hablar en público; asomarse a la ventana; ser asistida por médicos; tener algún derecho. Obligación de llevar un tipo de calzado que no produzca ningún ruido al andar; embojotarse y asfixiarse dentro del Burqu’ (y si se tiene catarro, estornudar y soplarse la nariz con ese mismo hábito... supongo...); quedarse bien encerrada en sus aposentos cuando no se está haciendo labores del hogar; servir calladita y muy diligente; tragarse todos sus sinsabores y desconsuelos sin rechistar. ¿Por qué? Porque unos señores, en ese pedregullero tan lleno de tierra, demostraron la inferioridad física, mental, moral y espiritual del sexo femenino. Y punto. (Sé de varios amigos venezolanos que aprobarían esta moción... pero ellos son muy gafos; guapos, adorables como un hámster, pero gafos, así que no se les puede hacer ningún caso).

Mujer que ose romper las reglas, muere apedreada. Y punto. Otra vez. Punto. Pero «punto», allá, porque acá, en Occidente, nos cuesta entender tan enorme retroceso en tan poquito tiempo. ¿Qué señora aquí, después de haberse graduado en una universidad; hablar cuatro idiomas; recorrer medio mundo; trabajar con gran éxito; percibir, ahorrar e invertir mucho dinero; ser reconocida por su inteligencia, sabiduría, bondad e innegable belleza, va a permitir que la disfracen de fantasma en una polvareda, la encierren dentro de cuatro paredes, la tengan de esclava-burrito y le gritoneen: «¡Chito! ¡Que se calle la boca, pues!»?

Existen movimientos feministas clandestinos en Afganistán. No son pocas las valientes que luchan, escondidas, para que las niñas aprendan a leer y a escribir. (Es que allí están empezando otra vez desde el principio). En un sótano, usando una puerta como pizarrón, la maestra enseña las primeras letras y lo que establece la declaración universal de los derechos humanos: el principio de la igualdad.

No es fácil. No es nada fácil.

Se ve mal la vida a través de una telita... muy mal.


Carolina Espada en La BitBlioteca
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