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Alcance de un juramento

Francisco Sesto

Palabras al juramentarse como Viceministro de la Cultura y Presidente del Consejo Nacional de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

Caracas, 3 de abril de 2002

Hace un instante levanté mi mano e hice el juramento de rigor, mediante el cual me comprometí a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República y los deberes inherentes a los cargos que estoy asumiendo.

A partir de esta sencilla fórmula, de hondo contenido, pero que pudiera ser malentendida como una simple obligación ritual, quiero extender ahora mi juramento ante ustedes un poco más, para precisar este compromiso, para adjetivarlo, para ponerlo sobre la mesa y hacer de él un instrumento de uso cotidiano.

Entendiendo que un juramento es una promesa sagrada.

Quiero jurar así, con claridad, que destinaré mi tiempo, mi energía, mis conocimientos y mi voluntad absoluta, así como los instrumentos y recursos que los cargos me ofrecen, para adelantar y profundizar la transformación espiritual que la sociedad venezolana ha iniciado y que debe continuar intensamente hasta que nos convirtamos en el pueblo más culto de la tierra, o al menos en un pueblo tan culto como cualquier otro pueda serlo.

Un pueblo culto quiere decir un pueblo con conciencia plena de ciudadanía, que entienda y ponga en práctica los valores fundamentales de la vida en común, la justicia sobre todas las cosas, la igualdad real, la solidaridad, la tolerancia, la libertad, el placer por el debate franco de las ideas, la democratización de todo escenario de convivencia, la humanización de todo poder.

Un pueblo culto quiere decir también un pueblo que sabe producir riqueza suficiente, de manera organizada y sin la explotación de ninguna persona ni de ningún sector social, para derrotar absolutamente la pobreza, el abandono y la exclusión.

Un pueblo culto es además un pueblo que maneja como una herramienta colectiva el más hermoso de todos los poderes, el poder de la creación. Que disfruta y hace disfrutar la belleza, sea esta lo que sea en cada momento, la originalidad, la sorpresa para la razón sensible, la revelación de los misterios en la ciencia, y la generación de nuevos misterios en el arte. Un pueblo, donde todos y cada uno de los ciudadanos se expresan creativamente, es decir, donde los creadores son multitud.

Un pueblo culto es, por supuesto, un pueblo totalmente informado, que ha derrotado la ignorancia y el atraso, que ha hecho del analfabetismo nada más que un recuerdo histórico, y que ha logrado masificar, popularizar y desconcentrar el acceso al conocimiento en todas sus instancias.

Un pueblo culto es, y esto tiene la mayor importancia, un pueblo situado con perfecta conciencia en el mundo actual, que tiene claros sus valores y sus raíces, que sabe quién es y cómo es, de dónde viene y hacia dónde quiere ir, para integrarse con los otros pueblos y naciones de la comunidad internacional, sin dejar atrás su propia personalidad, ni sus diferencias y particularidades, ni ninguna de sus pertenencias.

Esta es la tarea .

Este es el camino. Desde donde estamos, hasta donde queremos llegar, partiendo de nuestros valores, para hacer que se cumplan los sueños colectivos de justicia, igualdad, acceso a la verdad y a la belleza. Para que la circunstancia del vivir, tan casual y tan pasajera, sea un hecho digno en cada caso, en cada una de las vidas de los venezolanos de hoy y del mañana.

No es, desde luego, una tarea sencilla. Pero creo de corazón que es posible cumplir con su objetivo en menos de una generación. De eso se trata todo esto en lo que estamos involucrados, todo este proceso revolucionario.

Porque la revolución no es sino un cambio substancial e irreversible en las relaciones humanas.

Por eso juro aquí mismo que esta tarea, que asumo como la misión fundamental de mi cargo, tendrá prioridad, en lo que me corresponde, sobre cualquier otra.

Para ello, y no veo otra manera de hacerlo que no sea esa, quiero comprometerme en primer lugar con los más pobres de entre nosotros, con los más desposeídos (pues estoy convencido que toda pobreza proviene de un despojo), con los más humillados, con los relegados, con los que tienen hambre y sed de justicia.

Con los que no están hoy aquí. Con los que no tienen voz. Con los que luchan por sobrevivir. Con los que ni siquiera se imaginan que un acto como éste pueda llevarse a cabo.

Creo que es a partir de allí, del universo de los más humildes que conforman la mayoría social, de sus esperanzas, de su deseo de cambio, de sus poderes creadores, desde donde debe edificarse esta refundación, este renacimiento de la República.

Desde abajo hacia arriba. Siempre desde abajo hacia arriba. Con la participación de todos. Diseñando, fundando, alzando, construyendo, impulsando.

Desde abajo, ayudando a la organización del pueblo, desde abajo, desde el nivel de la tierra, siempre desde abajo hacia arriba, y no al contrario como suele suceder.

Juro que no tendré descanso en esta tarea, que es la más hermosa de las que nunca haya acometido.

Recorreré el país permanentemente, en la medida en que mi energía me lo permita. Todo el territorio será el despacho del Viceministerio de la Cultura, sin paredes, sin cerraduras, sin controles. Todas las ciudades, pueblos y caseríos, serán las oficinas del Consejo Nacional de la Cultura, como debe ser.

Pues hay una enorme deuda del estado venezolano con la provincia en cuanto al tratamiento de los temas de la cultura, en la planificación y ejecución de las políticas, en la nivelación de los recursos, en la equidad de los esfuerzos.

Entre otras razones, porque las instituciones culturales de carácter nacional, que suman más de treinta y consumen una buena parte de los recursos de la cultura, están concentradas en Caracas y no han sido diseñadas para honrar ese carácter nacional y articularse equilibradamente con todo el país. Por el contrario, hay que decir que funcionan casi exclusivamente, en términos generales, como instituciones caraqueñas.

De modo que esa deuda con la provincia es una deuda histórica y debemos saldarla de inmediato. Y aunque en los últimos tiempos se han establecido algunas políticas con este objetivo, a mi juicio, todavía se quedan cortas.

Es indispensable equilibrar el tratamiento de la cultura por parte del Estado entre Caracas y el interior, considerando también como provincia a la realidad de los barrios de la Capital que han sufrido tanto abandono.

Juro, por eso, ante ustedes, que dedicaré los mayores esfuerzos a lograr esa nivelación, esa equidad, que es de justicia.

Y en consecuencia, este juramento alcanza a la obligación de hacer todo lo posible para que las comunidades, instituciones, grupos y creadores involucrados en las políticas de desarrollo cultural, se organicen en una vasta estructura horizontal, permanentemente activa, y de carácter amplio y plural, que se despliegue por todo el país. Entendiendo que esa es la única manera de que el llamado sector cultura sea cada vez menos un sector, y más un elemento constituyente del alma colectiva.

Para conformar esa trama, estamos concibiendo la formación de consejos locales de la cultura, allí donde se identifique a sí misma una comunidad por pequeña que sea. Ellos se irán integrando en consejos municipales y éstos en a su vez en consejos estadales y regionales.

El sistema tendrá su más alta expresión en una gran asamblea nacional de la cultura concebida, más que como una cabeza rectora, como la gran coordinadora del universo cultural venezolano.

Juro llevar de inmediato al mundo activo de la cultura esa propuesta, a fin de que se considere de modo democrático y participativamente se evalúe, se enriquezca, y, en caso de que así se decida, se ponga rápidamente en marcha.

De la misma manera, juro dar la mayor importancia al conocimiento, protección, promoción y enriquecimiento de las manifestaciones culturales de raíces colectivas, sobre las cuáles se asienta nuestra manera de ser y de ver el mundo.

Pues es necesario preservar el recuerdo, registrando para siempre los rasgos propios, costumbres, creencias, formas artísticas, lenguajes, expresiones, visiones y entendimientos, que desde el pasado nos llegan, a veces en confrontación con el mundo actual y otras veces adaptándose a él con sabiduría para sobrevivir. Y también aquellos rasgos que surgen de los nuevos modos urbanos de vida como producto de la aglomeración y el mestizaje cultural de nuestras ciudades.

Aceptando que todo ello es la vida, la vida que se transforma y que se renueva, pero que debe mantener la continuidad de la memoria hasta donde se pueda. Entre otras cosas, porque la memoria es una herramienta de enorme utilidad en el proceso de cambio que estamos viviendo.

Y por eso mismo, de una manera especial, juro proteger con el mayor cuidado la memoria indígena, para que se instale con plena dignidad en el mundo moderno sin desnudarse de sus pertenencias esenciales.

Para que nos enriquezca a todos.

Así de simple.

Tareas de planteamiento muy sencillo, muy bien delimitado, las que me comprometo a asumir.

Tareas como, por ejemplo, la promoción de la cultura venezolana en el exterior.

Para que sus manifestaciones, sus valores, sus productos, individuales y colectivos, ocupen el espacio que les corresponde en el escenario internacional.

Asumo, pues, el compromiso de estimular y planificar de una manera organizada, esa presencia de nuestra cultura en el mundo.

En ese campo es mucho lo que se puede y se debe hacer.

Y con más razón en una época como la actual, donde es necesario que se difundan y comprendan los cambios estructurales que en Venezuela están ocurriendo y que tienen su correspondencia en el campo de la creación y la cultura.

Tareas, también, como la de impulsar el conjunto de las manifestaciones culturales hacia una estrategia productiva, no solo espiritual, sino, incluso, material. Que estas manifestaciones contribuyan decididamente con el producto interno bruto. Que se sienta su presencia activa en la producción de riqueza. Para que la cultura deje de verse a sí misma como el mendigo que nunca logra las dádivas suficientes.

Estos son a grandes rasgos, los compromisos que asumo, los juramentos que hago, más allá de la labor predeterminada en la Ley del CONAC y que, por supuesto, prometo cumplir, de establecer principios rectores en el campo de las humanidades, las artes y las ciencias sociales.

Desde luego, para poder hacer realidad todas estas propuestas, trataré de conseguir de las instancias correspondientes del estado, los recursos necesarios y que, en justicia, le corresponden al trabajo cultural. Pero teniendo bien claro que, más allá de que consigamos los recursos en estos momentos de graves dificultades económicas, hay tareas que no pueden ser aplazadas.

Cuento para ello con la voluntad de la mayoría de los trabajadores de las instituciones culturales, y con los cuales adelantaré (ya lo hemos venido conversando) una política de cogestión hacia la que debemos irnos preparando todos.

De manera que entiendo que ellos, los trabajadores, han de jurar conmigo el cumplimiento de los altos fines para los cuales estas instituciones fueron creadas. Pues el compromiso es de todos.

Ellos y yo tenemos excelentes jefes y eso es una gran ventaja.

Me refiero, por supuesto, a Aristóbulo Istúriz, ministro de Educación Cultura y Deportes, a quien admiro y quiero entrañablemente. Pero a quien le pido también que si la cosa no marcha, y mucho más si ve que incumplo estos compromisos, me separe del cargo.

Me refiero a Hugo Chávez, Presidente de la República, a quién veo como miembro natural del equipo de la cultura (en realidad, el miembro principal y quien tiene mayor responsabilidad), de quien sabemos que espera lo mejor de nosotros y a quien desde aquí le reafirmo nuestra lealtad absoluta con el proceso que él lidera.

Y me refiero al pueblo soberano de Venezuela, que es el gran jefe de todos nosotros, y a quien de ninguna manera le podemos fallar.

No tendría perdón. Las circunstancias que vivimos son extraordinarias. Extraordinarias deben ser la respuestas.

Así que este es el trabajo.

La pobreza está allí para ser derrotada.

El conocimiento está allí para ser alcanzado y puesto a disposición de las mayorías.

La creatividad del pueblo está lista para ser ejercida.

Las artes, la música, las letras, están allí para nuestra satisfacción permanente. Que ellas se apoderen de nuestro espíritu y nunca nos abandonen.

Sabemos dónde estamos y hacia dónde queremos ir.

Somos ciudadanos soberanos de la república bolivariana enfrentados al reto de diseñar y construir el mejor de los destinos para nosotros mismos y sobre todo para nuestros hijos y para los que vengan después de ellos, por muchas generaciones.

Por una patria digna y amada.

Juro que podemos hacerlo.

Juro, en nombre de todos, y particularmente de los trabajadores de la cultura que asumen conmigo este compromiso, que así lo haremos.

Muchas gracias.



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