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La Divina Ibéyise Pacheco

Francisco Zambrano

Tucupita, Venezuela, domingo 27 de julio de 2003

Las culpas de Chávez [lunes 3 de marzo de 2003]

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Documentos del debate político en Venezuela

Propongo modestamente el Premio Infamia Perfecta y que lleve el nombre de Ibéyise Pacheco. Paso a explicar por qué esta eminente periodista debe estar fuera de concurso:

Ante las de la dirigencia opositora la Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges palidece como intento de principiante. Los traidores y bellacos de Borges no son más que chicos divertidos. Un poco abusones, eso sí, pero nada alarmante.

Matar gente y atribuir la culpa a alguien para luego humillarlo y matarlo a él también es una infamia que casi raya con las bellas artes, como se hizo en Llaguno el 11 de abril de 2002. Y si de paso cuentan con una multitud lo suficientemente boba, pero bien bolsa, como para creérselo, pues mejor vestido para la torta imposible. Después decimos que los latinos somos más vivos que los gringos, que no dejan que un periodista les haga una como esta.

Otra infamia impecable fue cacerolear a una agonizante a sabiendas de que ya fallecía, la esposa de Jesús Romero Anselmi cuando la llevaban a bien morir a su casa. «¡Vete pa Cuba, vieja cancerosa!». ¡Olé! Parecido hicieron con Alberto Müller Rojas en el Año Nuevo de 2003, durante seis horas, gritándole «¡viejo canceroso!». En vez de celebrar y abrazarse con los suyos en su Noche Buena de Año Nuevo —día en que en las peores guerras hay treguas, para recordarse a sí mismos los guerreros más encarnizados que hay un fondo de humanidad en ellos— se dedicaron a hacer el mal como quien practica el arte por el arte. Porque hay que estar bien envenenado de odio para pasar en eso seis horas tan entrañables del año. Esas dos infamias fueron mucho más intachables que cacerolear en un avión y en el aeropuerto al diputado Tarek William junto a su mujer preñada y sus niños. Mayor desprecio por la dignidad humana solo el Dr. Josef Mengele. Claro, como que hay el mismo fondo de fascismo que condujo a los alemanes a despreciar del mismo modo a los judíos. Ah, y los Requerimientos de los conquistadores españoles. En esos documentos los conquistadores intimaban a los indios a rendirse y si no se entregaban los amenazaban con estas aladas palabras:

Os haremos todos los males y daños que pudiéramos [...] y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sean vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros (sic) que con nosotros vienen.


Thomas de Quincey
Parecido a diciembre y enero: si Hugo Chávez no se rinde pues acabamos con Venezuela y él será el culpable. Derramaremos la leche para que ni los bebés tengan alimento y el Herodes será Chávez. En eso perdimos diez millardos de dólares y la culpa es de Chávez, como de las Siete Plagas, como también del reciente desastre de la Autopista Francisco Fajardo, cuando que ese accidente natural fue agravado por un «trancazo» provocado en Chuao por la dirigencia golpista del sabotaje petrolero de diciembre y enero. Al cerrar el paso, los vehículos en la autopista a la altura de Chuao represaron el agua y de allí el desastre de un ahogado, no sé cuántos heridos y casi cien automóviles amontonados unos sobre otros. Pero Leopoldo Castillo, otro candidato a epónimo del premio que propongo aquí, y Víctor Ferrere, el jefe de Venevisión, alegaron que no pudieron alertar del desastre (¿los automovilistas tenían televisión en sus coches?) por culpa de la cadena que Chávez transmitió mucho antes. Lo cierto fue que, luego de la cadena RCTV y Venevisión, pasaron media hora sin informar nada. Globovisión (de oposición, la del propio Castillo) y el Canal 8 (oficial) estuvieron transmitiendo la cosa minutos después de sucedida, como explicó el ministro de Información y Comunicación Jesse Chacón. Por eso, considerando tanta perversidad, si así son en la oposición, esta gente dejaría a Augusto Pinochet como un filántropo si llega a tomar el poder. Bueno, ya los vimos durante las horas que duraron en abril de 2002 (ver Lo que espera a Venezuela si triunfa la oposición).


Jonathan Swift
Thomas de Quincey escribió en 1827 un célebre tratado de humor negro titulado El asesinato considerado como una de las bellas artes. Genial. Lo recomiendo a los que gustan del género. Solo superado por Una modesta proposición, de Jonathan Swift, en que proponía en 1729 comerse a los niños de la calle para resolver ese problema. Pero una vez más hemos superado a estos y otros genios del mal.

Un hombre pierde a su hijo de 13 años. Mayor dolor difícil. Pero luego, como a Ibéyise le parece poco sufrimiento, inventa una infamia impecable: que ese hijo, 15 años después de fallecido, estaba comerciando aviesamente con gasolina o qué sé yo, apañado por su padre, Alí Rodríguez Araque, presidente de Petróleos de Venezuela. ¿Cómo hizo Rodríguez para contenerse y no ir a darle una golpiza con su bastón? Algún recurso franciscano o zen para mí desconocido porque soy un sibarita. Este hombre, con una nobleza difícil de describir, se limita a demandarla ante un tribunal. La periodista persiste en la infamia y no accede a rectificar, a retractarse, a desdecirse, a enmendar el yerro voluntariamente. Tiene que venir un tribunal a forzarla a ello y entonces lo hace del modo más tacaño, en una notica miserable, que no rectifica sino ratifica su infamia, añadiendo una nueva «denuncia» contra Rodríguez (El Nacional, viernes 25 de julio de 2003). He aquí la notica miserable:

    El viernes 14 de febrero de 2003, publiqué en este mismo espacio una información referida a Alí Rodríguez Araque y sobre un hijo suyo. Por segunda vez quiero en lo personal —también lo hizo este diario— pedir excusas por haber involucrado en esta información al hijo fallecido, homónimo del presidente de Petróleos de Venezuela. Excusas que hago extensivas a la familia y a su padre. Respecto a la información publicada sobre las operaciones del portal www.pepex.com, así como a la creación y registro de una empresa en Singapur, debo reconocer su imprecisión. Tengo que recordarle que esta denuncia fue hecha pública en momentos en que estaba en su clímax el conocido paro petrolero.

La culpa fue, pues, del paro —que ella misma contribuyó a convocar, por cierto. Vainas de paros. Por su parte, Miguel Henrique Otero, el editor de El Nacional, a la hora de declarar ante el tribunal sobre este caso, dice que los columnistas son independientes, o sea, le deja la carga a Ibéyise. ¿Estará ella consciente del grado de lealtad de sus jefes? ¿Lo estaba Mingo? Deben estarlo ambos ahora, luego de echados de sus trabajos cuando ya no eran útiles.


Victor Hugo
¿Es posible mayor vileza? Seguramente sí, porque el mal es creativo mientras el bien es en general monótono, salvo cuando es heroico. Entonces, una vez que la señora se retractó, aun del modo más vil que su considerable talento le permitió, Rodríguez desistió de la parte penal de la demanda, porque ya el honor de su hijo había sido reparado. O sea, la castigó con nobleza, que es bofetada irresistible, digna de un héroe de Victor Hugo, como cuando Jean Valjean en la novela Los miserables perdona al policía Javert, que lo ha atormentado y perseguido durante novecientas páginas. Javert muere víctima de aquella sobredosis de nobleza. Pero para sentir la bofetada de la nobleza hay que tener también un mínimo de nobleza, sentimiento que la dama alardea ignorar. ¿Desiste la exquisita periodista? No, como mística de la perversidad, persiste en su ejercicio espiritual, buscando nuevas fórmulas de envilecimiento, como el marqués de Sade, que ideaba prescripciones cada vez más infames, rebuscadas y perfectas, como esta: un hombre viola a su hija menor de edad, por detrás, con una hostia en el glande, con lo que comete en un solo acto cinco graves transgresiones:

  1. violación de una
  2. menor de edad,
  3. incesto,
  4. sacrilegio y
  5. acto contra natura.

Genial, ¿verdad? Por cierto, si no me aceptan la postulación del nombre de Ibéyise para este premio, puede considerarse el del Divino Marqués. También se puede llamar Premio al Sadismo Perfecto, semanal dada la proliferación de infamias que sería injusto no premiar. Sería más corto y también da la idea. Pero mi anhelo de homenajear a Ibéyise es irresistible. Sería odioso además ignorar su genialidad. Se exaltaría un valor nacional. Y porque Ibéyise es muy superior, pues lo del Marqués era pura ficción y fantasía, pues nunca ejecutó esas prácticas y más bien cuando le tocó actuar fue generoso con su mujer y su suegro, que lo tuvieron preso durante años, e intercedió por ellos ante el tribunal revolucionario que los juzgaba por aristócratas. Otrosí hizo cuando le tocó atender un hospicio de ancianos durante la Revolución: los atendía con desvelo. Sade no era sádico. Ibéyise es Ibéyise.

Sobrepasando al Divino, la Pacheco cometió las siguientes ocho infamias en un solo acto de economía del Mal:

  1. calumnia a
  2. un niño
  3. muerto,
  4. burla del duelo de un padre, sin hablar del resto de la familia,
  5. engaño a sus ingenuos lectores (hay que ser bien menso para leer y encima creer esa columna de calumnias),
  6. incitación al odio,
  7. simulación de un hecho punible y
  8. mentira —el zócalo de toda esta infamia.

No sé, temo que se me escape alguna otra transgresión, pero quizás es excusable porque se debe a que mi maldad, a pesar de este artículo amargo, no es ni de lejos comparable con la de la Divina Ibéyise.



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