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La población civil como enemigo

Francisco Zambrano

Tucupita, Venezuela, Día de los Santos Inocentes de 2002

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Documentos del debate político en Venezuela

Durante la Segunda Guerra Mundial se bombardeó a la población civil para lograr la derrota del enemigo. Pero la moral de la población aumentó en lugar de disminuir y la moral en la guerra vale más que los cañones. La Batalla de Inglaterra se decidió contra Hitler precisamente cuando este pasó de atacar blancos militares a atacar blancos civiles.

En Venezuela la población civil no es atacada (por ahora) con bombas sino con escasez de combustible y alimentos. Los que promueven el paro culpan al gobierno. No sé para qué sirve porque solo los opositores más exaltados admiten doctrina tan aparatosa y los oficialistas se irritan más (ver José Padrón, Falacia histórica). La escasez conducirá a los que no han tomado partido precisamente a tomarlo, porque llega un momento en que hay que vivir. Veamos sus opciones para tomar partido:

  • Salir de Hugo Chávez para levantar el paro requiere dos pasos:
    1. se va Chávez;
    2. se normaliza todo.
  • En cambio levantar el paro es un solo paso. La salida de Chávez no es inmediata mientras levantar el paro sí lo es. A medida que Chávez no se va, se va, se va, decrece el entusiasmo opositor, como declara en una entrevista Tim Padgett, jefe de la oficina en Miami de la revista conservadora Time: «Chávez podría sobrevivir a la huelga» (read it in English; ver mi traducción parcial y comentarios en español. De allí la impaciencia de la oposición de «resolver» esto
    1. derrocando a Chávez ya ya ya, o
    2. suspendiendo el paro admitiendo la derrota.

Veamos los extremos de esta agonía: el derrocamiento no luce viable en el corto plazo. Y en el largo luce peor aún, pues pasaría por el referendo revocatorio de agosto, catastrófico para la oposición. Si no han dado un golpe en casi un mes de paro ya no lo van a lograr, sobre todo luego de las políticamente infelices declaraciones del dirigente opositor Pablo Medina en las que se afilia a la Doctrina de Santa Fe de Ronald Reagan: minimizar los ejércitos latinoamericanos, dejando la soberanía al cuidado del ejército de EUA, o sea, no habría soberanía sino de EUA. Cualquier oficial conspirador tropezará con esa suspicacia en sus compañeros. Una intervención extranjera no es practicable y menos en los lapsos perentorios a que la oposición conmina. Ni siquiera un estado declarado «delincuente» como Irak puede ser invadido así como así. Mire usted lo que ha costado. Hay muchos pasos políticos, diplomáticos y militares previos.

El gobierno puede aguantar varias semanas con escasez, pero obviamente mientras más rápido restablezca la normalidad mejor para él, si puede. Pero aun si no puede, el tiempo está a su favor porque cuando una buena parte de los marchistas de oposición perciban por fin que no se va —más allá de la hipnosis ligera de la televisión comercial y de sus rituales callejeros— su resaca puede ser impredecible.

La estrategia oficial es

  • restablecer el flujo de combustible,
  • no decretar el estado de excepción y
  • esperar ver pasar el cadáver político de su enemigo, cosa que ocurrirá cualquier día a cualquier hora de enero. Tal vez antes.



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