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Sección: Bitblioteca
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Venezuela, 6 de diciembre de 2002: las circunstancias Sábado 7 de diciembre de 2002 Un viernes 6 de diciembre por la noche en Venezuela, se cumplían ya cinco días de un Paro «indefinido» (nunca se dijo cuando debía terminar), desde el primer día del «Paro», el lunes 2 de diciembre, se evidenció en las calles de Caracas, y de las más importantes ciudades del país que el llamado a paralización de actividades no contaba con el apoyo esperado por sus convocantes (CTV, Fedecámaras), había más tráfico de vehículos, más peatones, más negocios y establecimientos comerciales abiertos, el transporte público y el Metro de Caracas funcionando, en fin, más actividades laborales y comerciales que en anteriores llamados a paro. Cada tarde de los días siguientes, martes 3, miércoles 4, y jueves 5, los voceros de la CTV y Fedecámaras procuraban motivos para continuar con el fracasado paro. La prueba fehaciente es que cada día más establecimientos comerciales desacataban el llamado a paro, de nada les valieron las acciones violentas e intimidadoras de bandas de patoteros motorizados que rondaban por las avenidas del este de Caracas volcadas estrepitosamente contra pequeños comerciantes; de nada les valían las acciones de provocación contra los agentes del orden público; de nada les valía la victimización de periodistas; de nada les estaba valiendo la cadena de 24 horas de propaganda política de las cinco televisoras privadas (RCTV, Venevisión, Televén, Globovisión y CMT) que incitaban al paro, promovían las marchas de la oposición, publicitaban los cacerolazos todas las noches a las 8:00 de la noche. En cinco días se jugaron todo para parar nuevamente al país, es el cuarto paro que promueven en menos de un año, con todas las fuerzas que imponen el poder económico y principalmente de orden mediático (TV, Prensa, Radio) que poseen a todas sus anchas estos sectores. Parar el país a través de la suspensión total de las actividades laborales y empresariales era su objetivo. No lo lograron, y derivaron hacia otras acciones para continuar en su acción de alcanzar su real y verdadero objetivo político: derrocar al presidente Chávez. Recurrieron a convocar marchas, a llamar a cacerolazos diarios, a desinformar e inundar de desasosiego a la población, difundiendo a través de sus «medios» la especie del desabastecimiento de alimentos y de gasolina. Enfilaron sus acciones hacia el centro neurálgico de la economía nacional: la industria petrolera y su principal empresa PDVSA, fracasado el paro en el resto de las actividades económicas del país, volcaron todos sus recursos para parar las actividades de producción y distribución de petróleo y sus derivados, principalmente la gasolina. Los dos últimos días de la semana los concentraron en parar los buques cargueros de petróleo y combustible, sin embargo, aún no lograban el efecto ni el objetivo deseado, los planes de contingencia de la industria, y la voluntad de la mayoría de sus trabajadores no permitió parar a PDVSA. Llegado el viernes 6 de diciembre, las fisuras dentro de los huelguistas golpistas estallaron, comenzaron hacerse públicas conversaciones telefónicas grabadas de miembros prominentes de la llamada Coordinadora Democrática, en las cuales ya expresaban su desesperación y total fracaso, reconocían que no tenían salidas políticamente honrosas. Ya el jueves 5 en la noche se sabían perdidos y se evidenciaba que el llamado a paro era parte de la agenda que los sectores más retrógrados y desesperados (militares golpistas del 11 de abril enquistados en la plaza Altamira, la cúpula de la CTV encabezada por Carlos Ortega, la cúpula de Fedecámaras encabezada por Carlos Fernández uno de los firmantes del decreto dictatorial del 11-A de su jefe Pedro Carmona, los dueños de los grandes medios, etc.) han impuesto a otros sectores políticos que conforman la oposición al gobierno. El fracaso del paro los obligó a convertir a como diera lugar una derrota en una victoria, comenzaron hacer llamados públicos a la reanudación de la Mesa de Diálogo y Acuerdo que desde hace varias semanas preside César Gaviria, secretario general de la OEA, y que ellos la oposición dos días antes del paro habían interrumpido. Se había logrado, por diligencias del facilitador del diálogo, el reinicio de las conversaciones para este fin de semana. ¡Ah! Pero esto no bastaba para salir airosos del fracaso del paro y del fracaso de parar la industria petrolera, ¿cómo amanecerían ante el país al comienzo de un fin de semana? ¿Cómo afectar el normal desenvolvimiento comercial del primer sábado de diciembre y de inicio de las ventas navideñas? ¿Cómo mantener un conflicto político para el cual no cuentan con el respaldo de las grandes mayorías del país? ¿Cómo abortar o intentar sabotear la manifestación masiva de carácter nacional que el gobierno ha preparado para el sábado 7 de diciembre en las principales avenidas de Caracas? La agenda ocultaDesde hace meses se ha denunciado ante el país y ante el mundo la agenda oculta de los conspiradores golpistas del 11 de abril. En esa fecha la pusieron en práctica, ese día calcularon siniestramente el número de muertos necesarios para justificar el golpe militar contra el gobierno del presidente Chávez, en aquella oportunidad fueron 18 muertos y una treintena de heridos ocasionados en horas, antes del pretendido asalto al palacio de gobierno, pero después de la grabación de un video en donde los militares golpistas se pronunciaban horas antes de los hechos y en donde ya hablaban de un número de muertos que atribuían al gobierno. La agenda oculta en esta acción conspiradora de los sectores económicos y políticos que procuran el derrocamiento de un gobierno constitucional, es el mecanismo más vil y macabro que los venezolanos hayamos podido presenciar en estos últimos años de la historia contemporánea, y consiste en una serie de acciones terroristas físicas y comunicacionales que mantienen en vilo y en confusión a la población. Se trata principalmente de la técnica de los autoatentados, acciones violentas que se suceden y son atribuidas a los contrarios, en este caso al gobierno nacional o a sus partidarios. La prensa y la televisión nos atribulan con cantidad de hechos que no se comprueban y que no tienen responsable alguno identificado. A comienzos de la semana cuando se ponía en práctica el plan del paro petrolero, se difundió la especie del asalto a la residencia de uno de los altos gerentes de PDVSA (Juan Fernández), activo participante del golpe del 11 de abril, y cabeza visible de los conspiradores dentro de la industria petrolera. Esto de inmediato se usó como motivo para incitar el llamado a paro en PDVSA. Cuando se realice el inventario de los supuestos «atentados» que se han propiciado en los últimos meses se evidenciará una estructura recurrente que caracteriza un modus operandi que se expresa en determinadas modalidades, oportunidades, «víctimas», días y horas de ocurrencia. El gobierno nacional a través de sus voceros, organizaciones populares que respaldan el proyecto bolivariano, y disidentes de los golpistas ya habían denunciado con anterioridad el factible uso del arma terrorista, ya se había denunciado que estaban en lista de objetivos para ser asesinados connotados dirigentes de la oposición. Los militares golpistas (Medina Gómez, sin duda uno de los autores intelectuales de la agenda oculta), ya había expresado semanas antes que estaban siendo apuntados por francotiradores, y había anunciado posibles ataques a las personas concurrentes a la plaza Altamira. Llegada la noche del viernes 6 de diciembre, y ante una situación límite de justificar el «Paro» fracasado, ante la insuficiencia de argumentos políticos (no pueden aducir que el referéndum consultivo no está aprobado, la instancia «competente» lo ha anunciado, o que el gobierno no quiere dialogar). Ocurre el ataque a mansalva contra personas inocentes en la Plaza Altamira, de inmediato se repite el mismo mecanismo del 11 de abril, llueven las acusaciones vociferantes, amparadas por el poder de tener los medios a disposición, y se afirma contundentemente: «El culpable de los muertos y heridos es el gobierno», «Hugo Chávez Frías es el asesino, fue él quien ordenó a los sicarios a cometer el brutal crimen». Es increíble, para mucho de nosotros, lo que hoy hemos presenciado en Venezuela, es inimaginable suponer hasta dónde la ambición y la rapiña por el poder mueve a los seres humanos a cometer tales actos. Hemos observado cómo se ha hecho uso de personas para sacrificarlas con la muerte, inocentes personas por quienes hoy sus familiares y todos lo venezolanos a excepción de los asesinos materiales e intelectuales nos condolemos. Nos cuesta creer que haya sectores que expresamente estén apostando a la guerra civil entre venezolanos, me niego rotundamente a esa posibilidad.
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