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¡Qué desilusión!

Juan Vicente Gómez Gómez

Caracas, 27 de setiembre de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

Después de la «brutal represión» del pasado viernes 20 de septiembre, la que en mi humilde opinión no pasó de ser una inofensiva «fumigación», los desafectos a Chávez de nuevo anunciaban que este 26 sí venían con todo.

Los medios se desataron. No había programa de opinión matutino en el que no se le hiciera promoción al evento propiciado por un sector de la «Coordinadora Anárquica» (¿no será esto la «Coordinadora Democrática»?). Y se le hizo creer al crédulo (¡y mire que sobran crédulos en este país!) que el jueves 26 de septiembre sería el día del Armagedón. Y que en Chuao se harían presentes los cuatro jinetes a los que hace referencia el Apocalipsis.

Y como ya es costumbre, sin el menor empacho se hablaba de un día final, del régimen por qué dudarlo, inmerso en el seno de una «Misa por la Paz». ¿No hubiera sido más coherente haber convocado a un «Réquiem por Chávez»?, tanto más que se le pedía a los convocados que concurriesen vestidos de negro.

A medida que se acercaba el día los convocantes pedían a los convocados que no tuviesen miedo, pero asimismo que estuviesen dispuestos a ofrendar sus vidas por la «Paz y la Libertad», coherentes ellos en su discurso. ¿Sería para infundirles confianza que anunciaban que en Chuao habría un dispositivo de primeros auxilios, que haría palidecer al que se instaló en La Carlota para la misa de campaña oficiada por Juan Pablo II?

¿No estarían diciendo con esto: ¡Vengan, no tengan miedo!, que si les pegan un tiro serán profesionalmente atendidos? ¡Qué importa quedar parapléjico, si se les atiende a tiempo! ¡Vengan!, que no hay nada que temer.

Y como todo lo que tiene que suceder indefectiblemente sucede, llegó el 26 de septiembre.

Y en Chuao se hicieron presentes los cuatro jinetes de la Apocalipsis. Pero eso sí, no por nada estamos en Venezuela, encarnados en Leopoldo López, Capriles Radonsky, Ángela Zago y Liliana Hernández (según algunos, de la mano de un tal Johnny Walker). ¡Qué desilusión!

Y en Chuao no hubo misa, ni réquiem, ni nada que se le parezca, solo se rezó un «Padrenuestro». ¡Qué desilusión!

Y en Chuao no corrió la sangre, a no ser la de alguna sifrina que se desgarró la cutícula tratando de arreglarse una uña, o la de una hemorragia nasal provocada por un ataque de angustia. ¡Qué desilusión!

Y en Chuao confraternizaron los agentes policiales de las alcaldías de Baruta y Chacao, con la policía de Miranda y la Metropolitana; mientras que la Guardia Nacional apostada en PDVSA, sorda a las provocaciones de los convocados y convocantes. ¡Qué desilusión!

Y en Chuao la sumatoria de los policías allí presentes representaba el 10% de los manifestantes. ¡Qué desilusión

Y como lo que sucedía en Chuao no llenaba las expectativas que se habían hecho los medios, las televisoras afectas a los convocantes se abstuvieron de darle una amplia y continua cobertura al evento. ¡Qué desilusión!

Debo, eso sí, destacar un hecho que rompió con el tedioso déjà vu en el que han devenido las concentraciones de masa convocadas por la «Coordinadora Anárquica». Esta vez fue paseada por Chuao la imagen de la Virgen de la Coromoto. En algún momento Ella debería retribuirle a Carlos Andrés Pérez el favor que le hizo al condecorarla con el Gran Cordón de la Orden de El Libertador.



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