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Sección: Bitblioteca
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Vergüenza debería darles Caracas, domingo 13 de octubre de 2002 Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela
Vergüenza debería darles (aunque la vergüenza es un sentimiento que solo experimenta quien la tiene) a Miguel Henrique Otero y a Alba Sánchez, quizás más a ella por ser periodista y ostentar el cargo de Defensora del Lector, por el «desagravio» que este viernes 18 octubre El NaZional le brinda a los ciudadanos a los que un Editorial (inscrito ya en historia de la infamia del periodismo venezolano) tildara de Lumpen, vendidos y borrachos. A manera de disculpa el Presidente Editor, sin vergüenza alguna, no duda en afirmar, en una muy rimbombante nota titulada «Desagravio», lo siguiente: Lo primero que tengo que decir, aunque parezca extraño, es que no comparto en absoluto los términos utilizados en ese editorial. Porque hay que aclarar que los editoriales son el resultado del trabajo de un equipo de editorialistas, quienes en esta oportunidad incurrieron en exageraciones y agravios injustificados de los cuales no tuve conocimiento sino una vez publicados. Leer esto y recordar a un Pedro «Yo no fui» Carmona Estanga no es nada difícil. Este, al «Yo no fui» me refiero, inocentemente pasaba por los aledaños de Fuerte Tiuna (al menos esa es su versión de los hechos) y sin saber lo que en sus instalaciones se sucedía, atendió al llamado que se le hizo para que ingresara a ellas. Por lo que, a las pocas horas se vio consagrado Presidente de un Gobierno de facto, y sin haberlo leído refrendó un Decreto en el que se abolían todas las instituciones democráticas de la República. Pues ahora resulta que un Presidente, Editor para más señas, de un diario no tiene la más mínima idea del contenido de los editoriales que en él se han de publicar. Lo que Miguel Henrique Otero oculta es que pertenece al «Consejo Editorial» del periódico. ¡Tremendo presidente que se gasta El NaZional! No contento con lo cual, más por estulticia que por cinismo, se atreve así mismo a escribir: Quiero afirmar categóricamente que ese editorial no expresa la línea de El Nacional ni la posición de su editor, quien está en total desacuerdo con discursos racistas o xenófobos... Estoy seguro de que a la marcha del domingo asistieron profesionales, empresarios, estudiantes, venezolanos todos, que defienden lo que creen es lo mejor para su país, así como lo defendemos quienes no compartimos sus ideas. Con lo que está evidenciando inocultables complejos clasistas, cuando menos, ya que solo se excusa ante profesionales, empresarios y estudiantes. Por lo que al pueblo llano, ese que masivamente se hizo presente el domingo 13 de octubre en la Avenida Bolívar, la disculpa no le atañe. Sería bueno que el Presidente Editor se aclare, de lo contrario un día de estos pudiera verse involucrado por algo que se haya escrito en un Editorial, ya que si bien es cierto que quien responde por un periódico es su Director, el Presidente Editor responde patrimonialmente por el hecho ilícito en el que incurra el medio. Por ello no estaría de más que le echara una leída al Código Civil, al Código de Comercio y al Código Penal, y por no dejar a la Ley del Ejercicio del Periodismo, así como al Código de Ética del Periodista. Aunque mucho mejor sería que leyera detenidamente, antes de ser publicados, cada uno de los textos redactados por el equipo de «editorialistas», tras el que se escuda. Y que tenga los redaños suficientes para impedir que el espacio editorial deje de ser el muladar en el que ha devenido. En cuanto a la defensora del lector, perdonen las minúsculas (es que las mayúsculas le quedan grandes), qué triste papel está desempeñando. De nuevo nos topamos con una «Yo no fui», la que, sin vergüenza alguna, procede a disculparse en estos términos: Como bien saben los lectores, no es función de la Defensora pronunciarse sobre los artículos que se publican en las páginas de Opinión. Mucho menos sobre los editoriales (que a fin de cuentas son la opinión del periódico y los cuales, valga la aclaratoria para quienes todavía están confundidos, no los escribe la Defensora del lector). La excusa es coherente con la forma de actuar de quienes, de un tiempo a esta parte, se han asumido «Sociedad Civil» y hablan a nombre de «Toda Venezuela», por lo que no dudan en creer que a quienes no tienen por «Sociedad Civil, ni consideran parte de esa «Toda Venezuela», son unos cretinos de marca mayor que mansamente se tragan todo lo que ellos tengan a bien decir o inventar. Burdo alegato este de afirmar que la Defensora del Lector no es quien escribe los Editoriales del periódico. No hacía falta decirlo. ¡Todos lo sabíamos! Si la defensora del lector (por causas obvias, de nuevo sin mayúsculas) se tuviese por tal, debería reaccionar ante tales desmanes, ya que por función tiene la de defender al lector y dar la cara por él cuando se le veja, se le insulta o se le agrede. No importando el espacio del periódico en el que se produzca la vejación, el insulto o la agresión. Y de no estar en capacidad para cumplir con su cometido, entonces, renunciar públicamente al cargo. De no hacerlo quedará reducida a una triste Defensora de la Quincena. De algo, sin embargo, debemos estar agradecidos. Ese algo no es otra cosa que a partir de hoy ya no serán rumores, ni maledicencias, las cosas negativas que se dicen de El NaZional, ya que su Presidente Editor y la Defensora del Lector, han hecho patente todo lo malo que de él se dice, y se escribe. No debe tampoco sorprendernos que la «Defensora de la Quincena» afirme también: ...recibimos más de un centenar de comunicaciones de lectores molestos por algunos de los términos utilizados en el texto... Lo que encuadra perfectamente dentro de la línea editorial de El NaZional, para quien los cientos de miles de opositores que se dieron cita en la Avenida Bolívar el pasado 10 de octubre, se trocaron por artes de engaño en millones de seres. Mientras que los casi dos millones de revolucionarios que allí estuvieron tres días después, por artes prestidigitatorias quedaron reducidos a decenas de miles. Por lo cual, no nos quepa la menor duda, esas algo más de cien comunicaciones, fueron en realidad miles de ellas. Después de todo, ¡qué es una raya más para un tigre!
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