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Palabras en el Panteón Nacional el 24 de julio de 2000, día del 217º aniversario del natalicio de Simón Bolívar
Julio 24 de 2000 Hombres, mujeres y niños de esta patria de Bolívar. Señores Embajadores, señores ministros, representantes de las ramas del Poder Público, señor Vicepresidente de la República; representantes de la sociedad venezolana; pueblos de América especialmente los pueblos bolivarianos liberados con esa espada y con esta idea que nos anima; querida Marisabel; soldados todos de la República Bolivariana de Venezuela; compatriotas todos; representantes de los medios de comunicación social. Venimos aquí con una profunda carga espiritual. Venimos aquí a nombre de muchos aunque en el recinto del Panteón Nacional somos pocos, por razón de espacio fundamentalmente. Pero venimos a nombre de millones de seres humanos quines hoy a los 217 años del nacimiento del Padre Libertador cargamos de nuevo su bandera. Venimos aquí hoy con la llama encendida del fuego sagrado de la Patria a decirle a Venezuela toda, a decirle a la América toda, a decirle al mundo todo lo que dijeron los poetas, lo que han cantado los poetas acerca de este hombre cuyos restos yacen aquí. Por ejemplo lo que dijo Martí. Martí le cantó a Bolívar, José Martí, cuando dijo «aún tienes puestas las botas de campaña porque lo que tu no hiciste sin hacer está hoy todavía y porque tú, Padr, Bolívar, tienes mucho que hacer en América todavía». Venimos a cantarte, Padre, lo que cantó Choqueguanca cuando te arengó en presencia y te dijo «con los siglos crecerá vuestra gloria cuando crece la sombra cuando el sol declina». Venimos, Padre, con tu espada, con tus hijos, con nuestros niños a cantarte lo que cantó Asturias cuando dijo «los hombres como tú, Libertador, no mueren sino que sencillamente cierran los ojos y se quedan velando». Venimos, Padre, con tu sueño viviente a cantarte lo que te cantó Alberto Arvelo Torrealba por las sabanas de Venezuela: «Por aquí pasó Bolívar». Por aquí pasaste, Padre, hacia aquellos montes lejos, miren el rastro en la paja, mírenselo, compañeros». Aquí venimos, Padre, también a cantarte lo que cantó el cantor Alí Primera. No venimos a ponerte flores para cerciorarnos de que estés bien muerto como vinieron aquí, durante muchos años, oligarcas y traidores a horadar lo sagrado de tus restos con su presencia. No. Venimos a cantarte con flores, con niños, con jóvenes. Es un pueblo que te canta, es un pueblo que te vive, es un pueblo que te sobrevive, es un pueblo en el cual tú vives porque así lo cantó Neruda y te lo cantamos. También lo cantó Neruda cuando te idealizó en el Cuartel de la Montaña y dijiste sí soy yo y despierto cada cien años cuando despiertan los pueblos. Aquí venimos, Padre, humildes soldados de tu Ejército Libertador, humildes hombres y mujeres de tu pueblo heroico, de ese pueblo que lloró tu partida, de ese pueblo que ha sufrido la traición que te hicieron. De ese pueblo que ha cargado la cruz durante casi dos siglos. De este pueblo que ahora con tu bandera y con tu espada, resucita de sus cenizas. Venimos también, Padre. Venimos también, Padre, como en todo cumpleaños a regalarte. Te regalamos nuestra vida, Padre, y en este aniversario de 217, cuando apenas está iniciándose de nuevo la Revolución que lleva tu nombre, venimos aquí frente a tu llama venimos aquí a alimentarnos de tu llama, a que nos sigas incendiando de tu llama para nosotros seguir regándola por los cuatro vientos de Venezuela y de América. Pues venimos, Padre, humildemente, a obsequiarte hoy, 24 de Julio de 2000, entrando el siglo XXI, te regalamos, te obsequiamos con nuestro corazón, una República nueva que lleva tu nombre. Te regalamos una República naciente y cada año vendremos aquí, Padre, a traer tu espada y a desenvainarla para que brille con el sol caraqueño y para que sienta la brisa de los pueblos batir su hoja invencible y libertadora. Cada año vendremos aquí, Padre, y a medida que nos vayamos yendo de aquí a acompañarte allá donde estés, seguirán viniendo nuestros hijos. Seguirán viniendo nuestros nietos, seguirán viniendo estos niños que serán hombres y mujeres del mañana, seguirán viniendo a cantarte porque los hombres como tú, Libertador, nunca morirán, se mantendrán encendidos para siempre en el alma de tu pueblo. Y cada año vendremos aquí a regalarte, cada vez más, una República Bolivariana sólida. Este año no sólo es la República Bolivariana la que te regalamos de nombre, que ya sería bastante decir. El año pasado vinimos aquí y todavía estaba vigente, todavía estaba aunque ya derrumbándose la IV República que se levantó con el signo de la traición a tu idea, a tu espada y a tu revolución. La República de la oligarquía, la que vimos aquí, a rendirte honores durante muchos años mancillando tu nombre. La oligarquía que te expulsó de aquí para que te fueras a morir, aunque moriste en tierra no extraña porque Santa Marta es tierra bolivariana y queremos darles un saludo muy especial, a los pueblos de esta América meridional bolivariana, representado por sus embajadores, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Panamá. Esta es la misma América, este es los mismos sueño. La oligarquía que te traicionó, la oligarquía que te mandó a matar en Bogotá, la oligarquía que mandó a matar al Mariscal Sucre por ser el primer bolivariano de América, el primer seguidor de su sueño. Esa oligarquía que enterró su sueño el año pasado seguía levantando todavía banderas. Hoy, Padre, la ofensiva revolucionaria de tu pueblo ha puesto en fuga esa oligarquía y aquí te juramos delante de tu llama incendiaria, te juramos, Padre, una vez más que no daremos descanso a nuestra alma ni reposo a nuestros brazos hasta que no hallamos echado hasta el último vestigio de la oligarquía que traicionó tu sueño y destrozó la obra que comenzaste hace doscientos años. Lo juramos. La vida se nos irá en el esfuerzo. Y, además, Padre, te pedimos, a nombre de todos, que seamos capaces de consolidar este sueño y de que tu idea visionaría siga levantándose más allá de los confines de Venezuela, porque la idea bolivariana hoy anda estremeciendo el espinazo de América. La idea de una América reunificada, la idea de una América Bolivariana reunificada vuelve a levantarse con más fuerza que antes. La idea de unos pueblos reunificados en torno a tu nombre y a tu bandera y a tu espada libertadora, vuelve a levantarse por todas partes. Te prometemos, Padre, te juramos, que seguiremos llevando tu bandera y tu nombre y tu idea, a todos los pueblos de esta nuestra América y seguiremos llamando a la unión, a la paz, a la hermandad como única salida para que los pueblos que liberó tu espada se levanten y recuperen la senda de la dignidad, del desarrollo, de la justicia y de la igualdad. Para que los gobiernos que representen a esos pueblos liberados por tu espada, estén a la altura de tu idea cuando nos mandabas, cuando nos alertabas, cuando nos iluminabas con tu verbo en Angostura, por ejemplo, diciendo que el sistema de gobierno más perfecto debe ser aquel que le proporcione a su pueblo la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social, la mayor suma de estabilidad política. O cuando alertabas contra las Repúblicas aéreas, cuando decías que nuestras leyes y nuestros sistemas de gobierno, que nuestros sistemas sociales, que nuestros sistemas económicos deben ser propios a nuestras realidades, que no podemos estar importando modelos. Y eso lo aprendiste sin duda de tu maestro más destacado, de tu maestro más profundo, de tu maestro más infinito: Simón Rodríguez. Cuando nos decías o cuando les pedías a los legisladores lo que hoy tenemos que pedirles a 217 años de tu nacimiento a los legisladores que dentro de poco van a instalarse legítimamente después de las elecciones del 30 de julio. Leyes inexorables pedimos los pueblos de Venezuela para poder alejarnos de la anarquía, como tú muy bien lo planteabas. Alejarnos del extremo de la libertad absoluta que lo que hace es destruir, no unen. No puede haber libertades absolutas, no puede haber patente de corso, las leyes deben regular las libertades y ponerlas en consonancia con la vida colectiva y con el interés nacional. Buscar el punto de equilibrio, Padre, entre esa libertad y el otro extremo nefasto en el que hemos caído muchas veces que no es otro que el autoritarismo, la negación de las libertades. Inspirándonos en tu verbo y en tu idea seguiremos trazando ese sendero, seguiremos construyendo un sistema político que le sirva al ser humano, que proporcione igualdad, como lo decías tú alguna vez. Volando por entre las próximas edades oímos tu voz desde los siglos. Tu imaginación se fija en los siglos futuros y mirando desde allá con admiración y pasmo, me imagino esta vasta región coronada por la gloria, con el cetro de la justicia, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno. Seguiremos con tu idea y con praxis. Seguiremos los soldados de Venezuela al servicio del pueblo venezolano como tú lo planteaste y lo dijiste. Seguiremos al pie de la letra tu mandato en Santa Marta cuando te convertiste en ceniza: Unión.Unión. «Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, bajaré tranquilo al sepulcro». Los soldados y el pueblo, seguiremos el mandato, Padre, y juramos los soldados de tu Ejército libertador y de tu Fuerza Armada Libertadora, que seguiremos al pie de la letra ese mandato cuando dijiste que el soldado debe estar siempre al servicio del pueblo y cuando incluso maldijiste un día diciendo: «Maldito sea el soldado que vuelva las armas contra su pueblo». Pues los soldados venezolanos seguiremos tu mandato para merecer tu bendición y estar siempre al servicio de nuestro pueblo y siempre al servicio de nuestra Patria. Así que aquí venimos, Padre, y yo soldado, sencillamente soldado, recojo la voz de muchos para venir a ofrendarte, Padre. Para venir a decirte gracias por todo lo que nos has dado, pero para también pedirte que tal como lo sabemos y tal como lo dijiste un día, la suerte de Venezuela no me será indiferente ni aun después de mi muerte. Te seguimos pidiendo tu ayuda. Tienes tu puesto y seguirás teniendo tu puesto en el primer lugar de esta batalla por la dignidad porque eres el líder y porque seguirás siendo el líder por los siglos de los siglos. Que Dios te bendiga, Padre, Bolívar.
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