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Palabras en la entrega del Premio Nacional de Periodismo Caracas, 27 de junio de 2002 Sin mucho protocolo, porque este acto hace rato que perdió el protocolo, sobre todo por la esquina caliente esta que está aquí de Teresita Maniglia y su equipo poderoso, un círculo bolivariano aquí de periodistas. En verdad, qué cosas, muchas cosas uno pudiera decir, pero no quiero abusar del tiempo de todos, solo felicitarles, no solo a los condecorados en primer lugar, a los condecorados, las condecoradas, los que han recibido el Premio Nacional de Periodismo bien merecidos todos, periodistas de renombre, medios de comunicación de tantos años de tantas luchas, y por extensión en este día, a todos los periodistas y a todas las periodistas venezolanas. Y es válido decir que lo hago con todo un profundo sentimiento, porque pues entre otras cosas, de mí se ha dicho que tengo una pelea con los periodistas. De ninguna manera; tengo un gran respeto por los periodistas venezolanos por las periodistas venezolanas. Desde hace bastantes años uno viene viendo y sintiendo las luchas que en el seno del periodismo venezolano se han hecho, y lo que hoy en Venezuela disfrutamos, porque ciertamente más allá de lo que cualquiera pueda decir y lo respetamos también, cualquier cosa que se diga al respecto de la libertad de expresión, yo creo que desde que, por lo menos desde que uno se conoce, desde que uno tiene el juicio no conozco de otra época en años en que hayamos disfrutando en Venezuela de una libertad de expresión plena y de un respeto a todas las opiniones. Aplaudimos y luchamos y queremos que eso siga siempre siendo así, siempre y para siempre. Yo lo digo, y no lo digo con ningún doble sentido, no, lo digo siempre: ¡Viva la libertad de expresión! ¡Me encanta navegar en ella como pez en el agua! Disfrutamos los venezolanos hoy, creo que como pocos países en todo el globo terráqueo no solo en América Latina, en todo el planeta. No creo. Difícilmente un país disfrute de un ambiente tan pleno, tan completo de libertades de pensamiento, de libertad de expresión, de debate abierto en todos los ámbitos de la vida nacional, y eso no es que vamos a decir que es obra del gobierno que me digno en presidir, no, eso es producto de muchísimos años de lucha, de muchísimos años de batalla, es el pueblo venezolano y los periodistas que han combatido por esa libertad de expresión los que se hacen acreedores del reconocimiento nacional. Por eso yo me sumo a quienes como ustedes periodistas dignos de Venezuela luchan por esa libertad de expresión. Luchemos para que se conserve. En estos tres años de gobierno bolivariano, podemos decir que ha habido absoluta libertad de expresión a excepción de 47 horas nefastas que por aquí pasaron. Que más nunca vuelvan ni esas 47 pero ni un segundo más de sombra que pueda echar atrás, los logros que con tantos esfuerzos hemos obtenido. Por otra parte, manifestando a nombre del gobierno bolivariano a todos ese respeto, ese reconocimiento a todos los periodistas venezolanos. También aprovecho la ocasión para recordar ¿por qué esta fecha?, ¿por qué 27 de junio es día del periodista venezolano? Todos lo sabemos. Pero es bueno recordarlo no vaya a ser que entre la celebración y el júbilo lo olvidemos o se nos pase por ahí como de manera ligera. Un día como hoy en 1818 pues circuló salió a la luz por primera vez El Correo del Orinoco, bajo la orientación, bajo la mirada y en el contexto de una estrategia revolucionaria, Bolívar en eso tenía una claridad excepcional como en muchas otras cosas. La imprenta dijo «es la artillería del pensamiento». Y ese Correo del Orinoco nació libre. Aquí me han preparado una frase extraída del número inicial del Correo solo la voy a leer: «Somos libres. Escribimos en un país libre y no nos proponemos engañar al público. Por eso no nos hacemos responsables de las noticias oficiales, pero anunciándolas como tales, queda a juicio del lector discernir la mayor o menor fe que merezcan», 1818 El Correo del Orinoco. Bueno, y era el órgano de prensa de la revolución, El Correo del Orinoco en aquella zona liberada que era Guayana, y además traía noticias en otros idiomas y circulaba por las islas del Caribe en francés, en inglés e informaba de las batallas, del avance del proceso revolucionario en lo militar, pero sobre todo era una plataforma para el debate político de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Tenía uno de sus redactores que fue el general bolivariano de Pernambuco José Ignacio Abreu De Lima, periodista, escritor y guerrero y estuvo en Carabobo y fue herido en la Batalla de Carabobo y después acompañó a Bolívar hasta Santa Marta y se declaró junto con cinco bolivarianos más, era un círculo bolivariano seguramente, custodio de las cenizas de Bolívar y querían desaparecerlas algunos. Pues bien, así que rindamos tributo pues, al espíritu y la invención de El Correo del Orinoco, y hoy necesitamos muchos Correos del Orinoco necesitamos hoy, donde la ética, sobre todo la ética, sea el sello predominante. Libertad de expresión con ética. Porque si bien es cierto y debo agregar esto para terminar de completar la idea, gozamos en Venezuela ciertamente de una plena libertad de expresión, de una libertad de prensa. De lo que no gozamos por ahora, pero gozaremos de ello seguramente más temprano que tarde, es de una libertad de expresión impregnada por la ética siempre. Ese componente nos falta todavía, pero bueno, estamos apenas comenzando una lucha. No podemos pedirlo todo de una buena vez. Es parte de un proceso, de una discusión y de un debate, ese Código de Ética que ustedes cargan allí, hay que levantarlo como bandera para que la ética vuelva a invadir todos los espacios del buen periodismo venezolano. Venezuela tiene un buen periodismo histórico desde aquellos años dando ejemplos al mundo desde El Correo del Orinoco y a lo largo de la historia del periodismo venezolano, pues es un signo permanente. Yo he dicho algunas veces que de las profesiones que a mí me hubiese gustado seguir además de la de militar, la de periodista. Me gustaría ser periodista. De repente después del 2021 incursiono en esos caminos del periodismo. Bueno, incluso Bolívar da ejemplo y esto es eso, un ejemplo dentro de todo este contexto que hoy vivimos en Venezuela. Bolívar parece que aplicaba aquello de que aquila non cepit muscas, de que las águilas no cazan moscas. En una ocasión un caballero norteamericano, un comisionado de apellido Juan Baustista Irving lanzó intrigas, calumnias, ataques contra Bolívar y los patriotas y Bolívar responde a Irving: «Parece que el intento de Su Excelencia es forzarme a que reciproque los insultos. No lo haré. Pero sí protesto a usted, que no permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela». Era el genio de Bolívar. No caer en el combate bajo pero, a pesar de no caer en el combate bajo, decir: Sí, pero lo que nunca aceptaré... Contra mí diga lo que quiera, no voy a caer en el insulto en el contraataque insultante. De que no permitiré jamás, de que no se ultraje el honor de Venezuela. Eso lo tenemos que repetir hoy. No nos importa el ultraje a la persona incluso. Lo que no podemos aceptar jamás es el ultraje a los valores de la venezolanidad; al respeto a nuestro pueblo, a la autoestima del venezolano y a la verdad de Venezuela. Luchemos por esa verdad basándonos, pues, en nuestra Constitución en nuestras leyes, en ese periodismo luchador, investigativo, veraz que lucha por dar al país esa verdad. Yo voy a terminar con esa felicitación reconociendo a todos sin excepción. Aquí hay profesores de muchos años, aquí hay representantes de medios de comunicación de muchísimo tiempo, Últimas Noticias, por ejemplo, un reconocimiento especial hay que hacerle a Ultimas Noticias y también a Radio Perola y también a Catia TV esos medios alternativos que están allí, siempre han existido como ellos mismos lo dicen y lo aclaran, no es que tampoco es una obra del gobierno de Chávez, no, es que ellos no son chavistas y no deben serlo, ni son gobierneros ni deben serlo, medios de comunicación alternativos en manos de las comunidades; a ellos hay que hacerles un reconocimiento especial, y por eso hoy lo hemos hecho en este Salón Ayacucho. Tenían un acto hoy, así me informaron ¿ya lo hicieron, verdad? Lo van a hacer ahora, era a la 1, como a la 1 era un almuerzo que yo tenía o tenemos con unos empresarios que estarán pasando hambre ahí, vamos a pedirles perdón desde aquí, pero vamos a almorzar a lo mejor un buen pabellón. Pues bien, un acto popular allá en la Plaza Bolívar hoy. Se reunió un consejo evaluador de los medios de comunicación y decidieron darle el Premio de Periodismo al pueblo venezolano, y eso lo van a hacer ahora en la Plaza Bolívar, sobre todo porque el razonamiento del consejo de esa condecoración determinó que después de los días 11, 12 y 13 de abril el mejor periodista que tuvo Venezuela se llama el pueblo venezolano que salió a buscar la noticia, salió a difundir la noticia y salió a buscar la verdad, la información veraz que le estaban negando buena parte de medios de comunicación social. Bueno, así que felicitaciones a todos y yo voy, aquí está el Código de Ética del Colegio Nacional de Periodistas a quienes saludamos. Este de color blanco, aquel es, ah, ahí está el presidente del Colegio Nacional de Periodistas el señor Benshimol. Lo saludamos, le damos nuestro saludo a todo el Colegio y les repito desde ya: Las fibras de Hugo de Chávez como ser humano lo digo... A mí me encantan los periodistas, me encantan las periodistas para debatir, para discutir, para responderles; incluso voy a anunciar algo, no voy a anunciar quién es el Ministro de Minas que los periodistas siempre son periodistas, algunos me preguntaron, mira cuál es el tubazo, quién es el Ministro de Minas, dame el tubazo, me dijeron algunos, no, lo que voy a anunciar es algo muy personal, pero que tiene que ver también por supuesto con todo esto de las relaciones del gobierno con los medios de comunicación. Yo, producto de toda estas corrientes de intrigas y de la manipulación que en algunos medios de comunicación es permanente, ya es una línea pues, lamentablemente como que no es una equivocación, no, es una línea. Y entonces yo, a mí que antes me gustaba muchísimo, donde quiera que veía a un grupo de periodistas más bien yo me les abalanzaba, les buscaba, les saludaba y les daba un «qué tal» y comenzábamos a conversar allí informalmente y por supuesto venían las preguntas, y yo con toda naturalidad sin haber preconcebido nada, de manera a veces muy ingenua, y entonces soltaba respuestas y hacía anuncios, decidimos no continuarlo haciendo, pero creo que hemos optado por el otro extremo. Es decir, ahora yo veo grupos de periodistas y más bien me voy en otra dirección o les paso de largo. A partir de hoy voy a buscar el punto intermedio, voy a buscar ese contacto más directo con los periodistas, tendré algún cuidado, no, a la hora de responder de qué tema no debo hablar, pero sí, voy a cooperar un poco más en eso, sobre todo porque hay un afecto y yo sé que hay un trabajo que ustedes hacen independientemente del medio de comunicación donde trabajen, porque siempre he tratado de aclararlo, a veces no he podido por las perturbaciones de lo que aquí ocurre y ha ocurrido en estos tiempos, pero en verdad, cuando yo hago algún señalamiento, me refiero generalmente a algún medio de comunicación, no a los periodistas que en ese medio laboran, porque hacen ellos su trabajo; de vez en cuando hay algún señalamiento pero que no tiene nada que ver con nada personal con nadie sino con la noticia. El diario El Nacional vean ustedes como somos aquí libres en la libertad de expresión que yo hasta cito al diario El Nacional sacó un artículo que me llamó mucho la atención, José Vicente Rangel me lo envió hace pocos días, «El oficio de periodista», tomado del diario El País allá en Madrid, escrito por un periodista Juan Luis Cebrián y habla del caso Watergate y de lo que eso significó. Se han cumplido treinta años hace poco de lo que significó eso como lo que fue un ejemplo de confrontación exitosa entre una prensa verdaderamente libre y el poder, imagínense que clase de poder además, todo aquello llevó a la renuncia del ex presidente Richard Nixon como todos sabemos. Pues bien, y aquí habla de aquellos periodistas que eran unos muchachos y ahora son profesores: Hudual, Benztaim uno es escritor y el otro sigue reporteando. Pero hay aquí una parte del escrito de este periodista Juan Luis Cebriám que yo quiero, permítanme leer y con esto termino para no extender más mis palabras. Principios básicos dice: Bill Kovach y Tom Rosentiel son dos periodistas y expertos en comunicación que se han dedicado durante el último lustro a plantearse estas cuestiones. Han conversado con cientos de colegas, lectores, empresarios, anunciantes y ciudadanos del común, recogiendo opiniones, impulsando debates y tratando de averiguar en medio de la polémica cuáles serían los elementos del periodismo, la materia prima fundamental que como el fuego, el agua y la tierra para los antiguos nuclea los fundamentos de la existencia de vuestra profesión. Su experiencia recogida en un libro publicado hace unos meses, pone de relieve que el periodismo de hoy, incluidas las transformaciones que Internet propicia, sigue teniendo unos principios básicos que lo identifican como profesión, apartarse de ellos es desertar de la propia condición de periodistas. Estas normas están recogidas en un decálogo de nueve puntos, que no me resisto a producir aquí:
Termina la cita del decálogo y sigo leyendo aquí. Sería difícil decir más en menos frases sobre los derechos y deberes del periodismo profesional en nuestros días. Claro, que estos nueve mandamientos encierran fácilmente en dos, pues desde las tablas de Moisés no hay decálogo con el que no pueda hacerse algo así: «El periodismo debe ser veraz e independiente». Con este espíritu, con nuestra alegría, nuestra palabra de reconocimiento y felicitación, terminamos este emotivo acto dándole un aplauso gigantesco a los periodistas venezolanos. Muchísimas gracias a todos.
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