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«Mi compadre [Jesús] Urdaneta Hernández me dijo: Si esto falla yo muero peleando porque yo no me rindo» Entrevista con Agustín Blanco Muñoz
Y yo me entero de que Urdaneta cortó los teléfonos, mandaron a un mediador a hablar con él y le entró a plomo. Bueno, y estaba como fiera rodeada, con helicópteros, tropas hacia los cerros, hacia San Jacinto, estaban minando eso de tropas y de Disip aerotransportadas para rodear aquella y hacer una ofensiva contra Urdaneta. Eso hubiese sido una mortandad terrible. Me entero que en Valencia los capitanes Valderrama, Jiménez Giusti, Arteaga Páez, Martínez Alfonso, que eran los jefes de la rebelión en Valencia, tenían los tanques en la calle, se negaban a hablar con alguien, tenían prisionero al comandante de la brigada blindada y habían entregado armas a algunos estudiantes de la Universidad de Carabobo. Yo comienzo entonces a actuar cuando oigo que están bombardeando Valencia. Dan la orden y comienza el bombardeo de los F-16 sobre la brigada blindada, donde están los capitanes. Y me pongo en acción y les digo: «eso no puede ser», y le digo a Jiménez Sánchez «¡pero si ya nosotros entregamos las armas, cómo van ustedes a bombardear esos muchachos?, rodéenlos, hay formas de buscar la rendición, si ya los jefes estamos casi todos rendidos». Bueno, pero falta Urdaneta y yo no sé que más. «Vamos a Maracay», le dije «pida un helicóptero, aterricemos allí y yo hablo con ellos, yo los convenzo». No aceptaron la idea. No, que nos tumban, que hay muchos aviones en el aire. Entonces le dije a Citraro, llamen a una estación de radio, una idea muy provinciana, llamen a radio Apolo, porque yo sé que esa emisora la escuchan todos los soldados del Cuartel y yo hablo por radio Apolo. Si Urdaneta me oye, yo sé que evitamos esto. Ese hombre no se va a rendir a menos que yo hable con él. No lo vayan a matar, y ese grupo de soldados. Y él va a matar mucha gente también, porque es un soldado combatiente y la tropa que tenía era especializada. De ahí surgió la idea. Llamen a la radio, la idea es buena y de repente llaman a los medios. Allí es cuando yo intuyo que ellos no consultaron a Pérez y creo que ni siquiera a Ochoa. No estoy seguro. «No hay contradicción en el hecho de llamar a la rendición para evitar el derramamiento de sangre»Por cierto cuando llega la prensa, recuerdo que hubo un forcejeo allí, un forcejeo de palabras, porque, yo andaba sin la boína, sin las fornituras y la primera imagen que me llegó fue la del general Noriega cuando lo presentaron los norteamericanos después de la invasión, en franela, todo doblado. Y yo le dije: me buscan mi boína y yo me lavo la cara. Escribe lo que vas a decir me decía el Almirante Daniel Hernández. No, mi comandante yo no voy a escribir nada. Le doy mi palabra de honor de que voy a llamar a rendición. Ahora yo pensé que eso era grabado y yo creo que ellos, por falta de experiencia y de manejo en eso pensaban que eso lo iban a grabar. Creo, y así como yo lo creía intuyo que también lo creían. Cuando yo salgo a hablar, pienso que ellos lo están grabando. Veo todas las cámaras, los periodistas, mi compromiso era hablar muy poco. No habría preguntas. Salí con mi boína. Habla Daniels, hablo yo de manera natural y espontánea, no me di cuenta del «por ahora», eso me salió solo. Cuando yo digo «ustedes lo hicieron muy bien por allá» es, sencillamente, reconociendo un esfuerzo. Yo no estaba evaluando en ese momento. No tenía ni siquiera patrones de evaluación para decir lo que estaba pasando allá. Ustedes lo hicieron bien, muchachos. Recuerdo que dije «los felicito», les reconozco su valentía, su valor, su coraje, pero ya es tiempo de reflexión. Depongan las armas y evitemos derramamientos de sangre, en ese sentido. Ahí no hay contradicción, es un jefe reconociéndoles a sus subalternos la vida, para empezar, dejando mujeres, hijos, hogares, profesión. Qué mejor que eso, independientemente del resultado. Así fue como sucedió esa intervención mía de cincuenta segundos. «Al oír mi llamado a rendición los demás también se rindieron»Ya a esas alturas sólo quedaba Urdaneta y en efecto Urdaneta me dice en la cárcel que estaba dispuesto a morir allí. Creo que estaba encaramado en un árbol como el tarzán de los monos, mirando en derredor, con unos binóculos, en un samán muy alto, cuando un soldado llegó corriendo y le dijo «mire, mi comandante, el comandante Chávez está hablando por televisión». Dice Urdaneta que él pensó que ya habíamos controlado el poder. Dice que se lanzó de ese árbol, se bajó rapidito y se fue corriendo hacia la oficina y cuando escucha aquello de «los llamo a la rendición «, se quedó allí unos minutos y llamó a los oficiales, señores: rendición. Voy a hablar con los que están afuera, para evitar y pedirles que entreguen las armas. Y se lo llevaron detenido. Igual los capitanes de Carabobo, yo conversé con ellos por teléfono. Con Urdaneta no porque había cortado los teléfonos. Hablé con el capitán Antonio Martínez Alfonso, de los nuestros, me atendió el teléfono, él no quería creer que era yo. Usted no es mi comandante. Mira muchacho, ríndase, yo ya rendí mis armas. No, no, no usted no es mi comandante. El muchacho se acordó del santo y seña y me dijo: voy a ver si usted es Chávez. Páez, me dijo. Y yo le dije: Patria. Ese era el santo y seña. Está bien mi comandante, nos vamos a rendir pero en estas condiciones. Yo les comuniqué las condiciones, que eran retirar los aviones, que estaban volando muy bajo y tirando bombas. Le dije que retiren los aviones y Jiménez Sánchez con un radio, que se retiren los aviones y se retiraron de inmediato. Segundo que manden un helicóptero a buscarlos, porque ellos tenían preso al general, y me decían que no querrían quedar a la orden de ese general. Imagínate tú cambiar de jefe a cautivo. Bueno los capitanes exigen unos helicópteros para que los busquen y lo traigan a Caracas, porque no quieren quedar ni un segundo bajo las órdenes de ese general porque además es un tipo muy arbitrario. Sí, que salga el helicóptero, y salió y así rendimos Valencia. Recogieron los tanques y fue la ultima fase, lo de Valencia. Recuerdo que murieron cuatro estudiantes, entre ellos Columba, una dama de la Universidad de Carabobo.
Hugo Chávez en La BitBlioteca |
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