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Cortas y oscuras

Ibsen Martínez
imartine@reacciun.ve

El Universal, sábado 13 de febrero de 1999


Ibsen Martínez

(foto Andrea Imaginario)
Sucede que tengo reservas que antes no tenía. Tengo reservas; es decir, me hago preguntas sobre la segunda pregunta del Decreto número 3. Y la primera pregunta es: «¿tener reservas, discrepar del modo en que viene formulado el decreto, me convertirá automáticamente en una terca pervivencia del Antiguo Régimen, en un vocero de la clase política corrupta?».

De la respuesta, que el mismo proceso irá dando, dependerán, para mí, muchas cosas.

Me apresuro a decir que abrigar reservas sobre el procedimiento de la convocatoria al referéndum no cancela mi visión optimista del proceso que hoy vive Venezuela, tenido en su conjunto.

Con ello no hago más que sumarme a la opinión de la mayoría, ganada para la idea que cada quien se hace de una constituyente. Por lo mismo, no puede uno desatender las trepidaciones que han venido surgiendo. Y una de las más inquietantes, por absolutamente innecesaria y, seguramente, contraproducente en lo político, es la formulación de la llamda segunda pregunta.

Lo menos que puede decirse de ella es que no hay que ser un espantadizo «diputado-lista» adeco para encontrarla relancina.

Lo de relancino conviene decirlo, a despecho de las seguridades que de inmediato ofreció la Comisión Presidencial (ahora minus Olavarría), porque uno de sus efectos negativos ha sido restarle «cantidad de movimiento» a un proceso que lucía sin oposición relevante. Por el contrario, entraba ya en un trecho auspiciosísimo: el de la discusión sobre los mecanismos de elección, de postulación de formulación de una agenda y un calendario, etcétera.

En efecto, la oposición, reducida hasta ahora a lo estrictamente parlamentario y declarativo, recibe ahora el afluente de muchos vnezolanos de valía que ya andaban en trance de postular y que ahora recelan y se acercan a la discusión del procedimiento con suspicacia.

En lo personal, apenas la semana pasada comenzaba yo a acariciar la idea de que era posible instigar a muchos gerentes sociales contamos en Venezuela con muchísimos y muy buenos a postularse como candidatos a la asamblea. Procuré con un artículo que muchos amigos hallaron injusto sobre la Copre, darle visibilidad al hecho de que mucha gente talentosa ha ocupado un tiempo valiosísimo en discurrir sobre nuestros males y que conviene convocar esos saberes y esas probidades a una asamblea que se quiere refundadora.

Iba a ser el primero de una serie sobre la pobreza, sobre la equidad, sobre el Estado social de derecho entre nosotros. Pero la pregunta relancina, en modo alguno soslayable como una cuestión de forma, aplaza la ejecución del modesto programa de este cronista.

Diré también, que en el otro platillo de la balanza el platillo optimista, esperanzado, donde nos colocamos muchos venezolanos se halla lo que para muchos es signo ominoso y para mí, hasta el momento, no me causa sino simpatía: el Presidente sabe pedir disculpas.

No ironizo con esto, ni se me oculta que más de un lector sonreirá al leerme y pensará «mira a este iluso, compañero de viaje, candidato al campo de reeducación: por eso es que los matan», etcétera.

El Presidente se hace responsable y pide disculpas; no recuerdo a nadie que lo haya hecho. Se me dirá que es recurso retórico, demagógico, que igual hace lo que le da la gana. A todo ello sólo puedo responder que somos también hijos de nuestras palabras y que nada de lo que se escapa del homérico «cerco de los dientes» se disipa en la nada. Nada, ni lo auspicioso ni lo ominoso.

Será que como mi ego no tiene ningún espesor, no arruga a la hora de pedir disculpas. Tal vez por eso simpatizo con los tipos que saben darlas, con los que rectifican sin que en ello les vaya la vida ni el honor.

Al momento de escribir esta bagatela, escucho por radio la rueda de prensa que el Presidente ofrece en Miraflores. Ella no hace sino confirmar lo que decía sobre la cantidad de movimientos: esto se mueve, al fin. Hay razones para el opitmismo, y razones para arrugar el ceño, pero ¡demonios, se mueve!

Dice, por ejemplo, que los empresarios ofrecen interlocutores legítimos al Ejecutivo en materia social, mas no así la CTV y que por eso el Gobierno no puede abdicar su papel en la protección de los que tienen menos y tengo que asentir.

Algunos piensan, y felizmente todavía pueden decirlo, que la noción de «emergencia social» y su correlato, la movilización general, encubre una tentación totalitaria.

Acaso tengan razón, pero si no estamos en emergencia social, díganme entonces dónde estamos.

Me gusta menos cuando el fraseo presidencial es oscuro, como cuando dice que escucha a todos los sectores «para que la gente vaya a votar sabiendo en qué dirección es que está Hugo Chávez apuntando el proceso colectivo» o cuando parece implicar que los únicos gerentes sociales que deben merecernos confianza son las Fuerzas Armadas.

Pero esto se mueve y ya es ganancia. Sin duda se movería todo mejor si las preguntas del referéndum no fuesen tan «cortas y oscuras», como es fama que a Napoleón le gustaba que fueran las constituciones.


Ibsen Martínez en La BitBlioteca



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