Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Inventamos y erramos

Ibsen Martínez
imartine@reacciun.ve

El Nacional, sábado 15 de abril de 2000

1.

Entre las personalidades que acompañan a Chávez a la «Cumbre Sur-Sur de Países Acorralados y Peladores de Bola» que tiene lugar actualmente en La Habana, se encuentra el celebérrimo economista Marrero.

La noche del miércoles al jueves invertí varias horas en adelantar y echar atrás trozos de video captados durante las emisiones de CNN y del servicio BBC World.

Algo parecido solían hacer los sovietólogos occidentales durante la Guerra Fría: escudriñaban, por ejemplo, fotos de los festejos del aniversario de la Revolución de Octubre y tomaban nota de quiénes aparecían más cerca o más lejos en el entourage del camarada Brezhnev para así saber quién había subido o bajado en la escala que medía el coeficiente de influencia de los jerarcas del régimen.

En un cierto momento detuve el video y ajusté, «cuadro a cuadro», la imagen de uno de los más misteriosos y encumbrados miembros de la «nomenklatura» chavista.

Allí, oculto a medias entre la muchedumbre de expertos multidisciplinarios nigerianos, magrebíes e indonesios que desbordaban las escalinatas del Palacio de la Revolución, posando para la foto protocolar de primera plana en Granma, yo juraría que estaba el economista Marrero, saliendo al fin del secretísimo lugar de privilegio que el presidente Chávez le ha otorgado entre sus consejeros.

Marrero —o su doble— lucía menos flaco y desnutrido que cuando deambulaba bajo la acera cubierta de la UCV, con los libros de Samir Amin, Ramón Losada Aldana y Francisco Mieres incrustados en el sobaco y «martillando» a diestra y siniestra a los viandantes.

Bajo el sol habanero, Marrero ¡sonreía! —rara vez se le vio sonreír en la UCV de los años setenta—, enfundado en un traje obviamente adquirido a la carrera para la ocasión. Y en lugar del cartelón con que hace apenas unos lustros propalaba su condición de economista desempleado, portaba un maletín, negro y de cuero de foca, que habría envidiado el mismísimo Secretario General de la ONU.

Su aparición en la cumbre de La Habana es consistente con lo que manejan las más diligentes agencias occidentales recolectoras de inteligencia: un informe confidencial del M15 británico afirma que si hay alguien a quien Norberto Ceresole odia acerbamente es al economista Marrero. Ceresole no oculta sus celos ante el predicamento que el economista goza en el ánimo de Chávez. Se afirma en medios del chavismo «duro» que, por las mismas razones, el poeta Tarek Williams Saab no puede ni ver a Marrero.

Es también congruente el lugar que ocupa Marrero en el séquito del Presidente venezolano con el valimiento que tiene cierta cúpula de pensamiento de la UCV en la concepción económica del mundo que orienta al mandatario.

Y con su inclinación a dignificar a los condenados de la tierra, a los postergados durante cuarenta años de truchimanerías de las cúpulas podridas del puntofijismo.

2.

Cuando se escriba el asiento correspondiente al economista Marrero en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, va a estar en aprietos el cronista a quien le encomienden la tarea.

Su vida privada permanece en una penumbra propicia a la leyenda, quizá deliberadamente alimentada por el propio Marrero.

No conocemos ni siquiera su nombre de pila, mucho menos la circunstancia de su nacimiento —¿es venezolano Marrero?—; nada sabemos de su vida amorosa, de sus gustos e inclinaciones extra cátedra.

De Marrero sólo conocemos retazos de su vida pública, que para fines del Diccionario Polar, comienza cuando se hizo presidente de la Asociación de Usuarios del Comedor Universitario.

Es poco lo que ello representa en el perfil biográfico de Marrero: apenas que empeñó en sus estudios de Economía más de una década y que fue figura infaltable en las manifestaciones de universitarios y desempleados desde la segunda administración Pérez.

Pero, como cuadra a los genuinos quebrantadores de paradigmas, Marrero no parece haber sido hombre afecto a escuelas de pensamiento. Siente aversión por los congresos y no se ha sabido que frecuente tertulias: es el típico solitario intelectual.

Mientras esta crónica estaba aún en proceso, intenté ponerme al habla con el tutor de su tesis. No encontré al tutor. Tuvo que haberlo, desde luego, pero nadie en la Escuela de Economía de la UCV admite que Marrero haya tenido un tutor.

Uno de sus detractores me dijo con sorna que el tutor del economista Marrero había sido el reglamento de repitientes de la UCV.

Es cosa frecuente escuchar imputaciones semejantes a la decadencia de las universidades públicas latinoamericanas. Alegatos contra el gremialismo perverso del cuerpo profesoral y el credencialismo mafioso que dota plazas académicas mediante concursos amañados y pruebas de oposición negociadas.

Según esta «leyenda negra», Marrero encarnaría el grado cero de esta perversión clientelar de la universidad que se despliega en la lenidad de sus concesiones demagógicas al estudiantado, en lasitud en cuanto a los requerimientos académicos, en extorsiones y pactos entre encapuchados y autoridades, a cambio de una partida del presupuesto.

Sólo en un ambiente así, explican los murmuradores, pudo Marrero aprobar los cinco cursos de matemáticas que exige el pensum sin aprender un rábano de sistemas de ecuaciones diferenciales, álgebra lineal o procesos estocásticos. Sólo así se explicaría que hubiese aprobado el seminario exigido para consignar un proyecto de tesis. Así, Marrero no se habría graduado en la UCV sino que, más bien, la UCV lo habría dado de alta luego de diez años de ladillar en los pasillos, de alborotar en los cafetines y de importunar en los consejos de escuela.

Con todo, al parecer hubo resistencia a otorgarle el título. El folklore de la UCV propone que Marrero amenazó con colgarse del reloj de la Plaza del Rectorado si no lo graduaban y que ello obró como una conminación definitiva en el ánimo de las autoridades académicas: «¡Salgamos de él de una vez por todas: dejémosle que se cuelgue!», sugirió el profesor Oswaldo Ron, miembro por entonces del Consejo de Escuela. Se impuso la mayoría y optaron por salvarle la vida: lo graduaron con toga y birrete.

El profesor Ron renunció a su cátedra y abandonó la UCV para montar un puesto de hamburguesas en la Plaza de las Tres Gracias. Sobre la plancha donde se asaban los redondeles de carne de tercera con hiposulfito de sodio, colgó su título de economista, en gesto de protesta por el modo irresponsable que otorgó credencial a Marrero.

Pero esa es sólo la leyenda negra.

Lo cierto es que, hoy por hoy, ya querrían Tobías Nóbrega y el propio Giordani ser objeto de la confianza y la atención que Chávez dispensa al gran Marrero.

3.

Es un hecho que Marrero se mueve con soltura de hurón en el gallinero de palacio, donde se afirma que el hoy economista jefe de la revolución hizo su suerte al ir a visitar a Chávez, mientras éste se hallaba preso en Yare.

Marrero fue de visita justo un día antes que Tarek Williams Saab. Y dos antes que Giordani. Y eso hizo la diferencia: al que madruga, Dios lo ayuda.

Y así como Tarek W. Saab le dedicó a Chávez un poema que el Presidente solía leer en público durante los cien días, Marrero «se coronó» al confiarle al Comandante los trazos gruesos de un plan para sacarnos de la pobreza, de aquí al año 2013.

Su sistema de ideas se afinca al parecer en una noción que ha llamado «contraglobalización telúrica». Quienes lo conocen afirman que se trata de un sistema de ideas sofisticado y complejo. Que para fines expositivos Marrero suele resumirlo en la expresión: «Pa bachaco, chivo», ecuación en la que la globalización vendría a ser el bachaco.

Marrero, al igual que Chávez, desdeña las exigencias rutinarias que impone el manejo de una economía. A ellos que no les vengan con dengues acerca de la inviabilidad fiscal del estado benefactor, ni con tecnicismos en torno al tipo de cambio.

A ellos sólo se les ilumina la mirada ante improbables planes heroicos de liderazgo planetario que permitan barrer de una vez para siempre el sistema mundial de inequidades, liquidar el Banco Mundial y el BID y poner en subasta sus activos para comprar comida para los niños hambrientos del mundo.

No creen que su tiempo y sus talentos valgan tan poco como para gastarlos en nada que no sea esta gran Humanidad que ha dicho basta y echado a andar.

¿Huelgas, desempleo, colapso del sistema de salud, criminalidad? Esas no son más que irisaciones en la superficie de los problemas: ellos prefieren ir a la cabeza de los males y concebir un nuevo orden mundial. Y quien anda en eso no tiene tiempo para pliegos conflictivos y maestras de escuela en huelga de hambre.

Todo ello marcha acorde, por ejemplo, con el conocido desdén que el «pensamiento Marrero» muestra por los acuerdos tripartitos y los fondos de pensión: a su mentalidad revolucionaria le resulta cominero y de poco vuelo, una cosa sin grandeza, eso de juntar patronos, trabajadores y gobierno en torno a una mesa.

Al contrario, lo que según el pensamiento Marrero se impone es hacer las cosas como el caudillo naïf cree que nadie las ha hecho nunca antes en el mundo: crear la OPEP del quinchoncho, el «commowealth» del guano, la orimulsión y la copra.

Bien vistos, Chávez y Marrero prolongan una gran tradición latinoamericana: la de concebir en grande, a la medida de «la raza cósmica». Y desentenderse de la ejecución y del «día a día», porque en ello no hay grandeza revolucionaria.

Su lema, inspirado en el gran Robinson, vendría a ser: «Inventar, para volver a errar».



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.