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¿Mantuano cortando caña?

Ibsen Martínez
ibsenmartinez@cantv.net

El Nacional, domingo 5 de agosto de 2000

Ibsen Martínez

(foto Andrea Imaginario)

I

Apollo11
Neil Armstrong en la Luna
Se sabe que hay gente que cree que Neil Armstrong y el resto de los muchachos jamás se posaron sobre el suelo lunar.

Según esta calidad de escépticos, las cápsulas de la serie Apollo aterrizaban en un lago salado en Arkansas donde eran filmadas por equipos de la televisión del Departamento de Estado y así toda esa cháchara de «un pasito para el hombre, un gran salto para la Humanidad» no fue más que un fraudulento montaje mediático para disminuir a la extinta URSS.

Conocí a uno de estos neoaristotélicos que zanjaba la cosa con aquello de que nada más pesado que el aire podría elevarse.

—¿Qué me dice de los aviones? Son más pesados que el aire. Da la impresión de que vuelan —me atreví a oponer tímidamente un día. El tipo me miró con desprecio, como si yo fuese el único que alguna vez le ha hecho el juego a los americanos.

Mi bisabuelo canario, «Papá» Julio Martínez, tuvo desde principios del siglo XX un comercio «de víveres y mercancías secas», allá en San Pedro de los Altos.

Funcionaba en una antigua oficina de café que estaba frente a la plaza del pueblo (hoy creo que hay allí una agencia del Banco Unión).

Cada seis semanas llegaba con sus burros un próspero campesino de El Jarillo, le entregaba a mi abuelo —que era el dependiente— una lista de mercado y ordenaba un «sol y sombra» seco mientras mi papá, que entonces era un zagaletón, cargaba los burros con el pedido.

Corría el tiempo de la Segunda Guerra Mundial y había una radio sobre el mostrador. El labriego sorbía silencioso su anís con ron seco mientras escuchaba el servicio para Latinoamérica de la BBC de Londres desgranando partes de guerra: bombardeos de saturación en Coventry, los rusos contraatacan en el frente de Kursk, los italianos se rinden en Macedonia, los marines se baten en Guadalcanal, hundido el Graf Spee frente a Montevideo, paracaidistas alemanes toman Creta, derribado el avión del almirante Yamamoto, el mariscal Von Paulus y su Sexto Ejército Alemán se rinden en Stalingrado. Y así.

Cuando papá terminaba de cargar los burros, el labrantín pagaba, agarraba el cabo de mecate, y sin haber dicho esta boca es mía, echaba por esos cerros sólo para regresar seis u ocho semanas más tarde.


La Playa Omaha en el día D
Una mañanita de junio de 1944 el tipo llegó con su arreo y, como de costumbre, papá se ocupó del pedido. Aquella madrugada el comando aliado había desembarcado en Normandía. Los locutores de la BBC estaban explicablemente sobrexcitados y se atropellaban unos a otros con partes y más partes de guerra: se combatía en las playas Omaha, Utah, Gold, Juno y Sword, la Octogésima Segunda División Aerotransportada estadounidense había descendido en Saint Mère-L’Église y su meta era Cherburgo, el batallón de highlanders se batía al son de sus gaitas escocesas, junto a los regimientos combinados australianos y neozelandeses y los arrojados canadienses, Eisenhower, Montgomery, Von Runstedt, Rommel, divisiones Panzer, el cuerpo expedicionario polaco, tropas de la Francia libre, oleadas y más oleadas de LCT's cargados de atacantes, de tanques Sherman, miles de fortalezas volantes B-17 y B-25 descargando bombas en la retaguardia alemana, diez mil barcos; en fin, ¡un millón de hombres!

Aquella vez fue la única que se escuchó al campesino pronunciar palabra. El hombre pagó su bebida y, justo cuando mi papá le entregaba el cabo del mecate, masculló con sorna incrédula:

—¡Esos caraqueños sí inventan vainas! ¡Ahora y que un millón de hombres, diez mil barcos!

Chavez_Maisto
Hugo Chávez y
el embajador estadounidense
John Maisto
El desembarco en Normandía sencillamente desafiaba sus instintos, su memoria ancestral y su aritmética provinciana; aquello tenía que ser un montaje de la Radiodifusora Venezuela, un embuste de esos caraqueños de la BBC.

Se me antoja que en los impertérritos numerólogos y los analistas madrugadores que desfilan por los previsibles programas de Globovisión obra la misma subversión del aparato cognitivo y el mismo escándalo de la rutina mental que para el campesino de El Jarillo entrañaba oír hablar de un desembarco de un millón de hombres.

Hugo Chávez Frías ha vuelto a ganar. Su piso electoral se muestra inconmovible, con OEA y sin OEA, con o sin espantajos castrocomunistas.

Miquilena
Luis Miqulena
Pero para el supremacismo moral de las clases «poseyentes» venezolanas esta aplastante victoria electoral de los desdentados, que a todas luces contradice los deseos de lla alarmada sifrinería, tiene que ser un fraude de César Peña Vigas, la Indra, «Tirofijo», el «Mono Jojoy», Luis Miquilena y Elías Santana.

II

De entre estos «incrédulos», hay uno que llama la atención aunque más no sea por su ausencia total de sentido de las proporciones: un caballero llamado Nicomedes Zuloaga Pocaterra ha hecho circular en la Internet —medio proverbial de la contra sifrina, tan probadamente incapaz de ganar la calle de modo provechosamente político— una efusión despechada y rabiosa que quiere ser artículo de opinión, y en la que su incredulidad ante la contundencia de un inobjetable resultado electoral que Jimmy Carter, la OEA, el Departamento de Estado y hasta CNN encuentran satisfactorio, lo lleva a expresarse de Liliana Ortega y de Elías Santana como de bobalicones instrumentos del «dictador».

«Los boy scouts hicieron posible que el Gobierno chavista ganara las elecciones con un megafraude electoral», es apenas una de las simplezas con que se desfoga su frustrada soberbia de clase.

La premisa mayor de este rebosamiento es la de que Arias Cárdenas podía en verdad ganar las impracticables elecciones del 28 de mayo y las felizmente viables del 30 de julio.

Sea como fuere, este not so young angry man vaticina lúgubremente y sin ponderar el cariz irrisorio de su alarma, que gracias a la mediación de los «boy scouts» de la sociedad civil, «nos llevarán a cortar caña cantando himnos en la tolva de un camión», al tiempo que decide que los tontos útiles como Elías Santana no entienden de política, dejando al lector pensar por implicación que el joven Zuloaga Pocaterra sí entiende del asunto.

Acaso tenga razón, pero si así fuese sería la primera vez, desde el muy encomendero siglo XVII venezolano que alguien con apellidos tan de tejas arriba haya cortado caña alguna vez en Venezuela.

No exageres, golden boy, no es para tanto: para recuperar el tono arterial y la sindéresis bastaría con desplegar las destrezas que tu clase ha desplegado siempre desde la hora y punto en que no pudiendo derrocar a
Cipriano Castro
Cipriano Castro
Cipriano Castro —sin buscar más lejos— decidieron aceptar la inescapable realidad política y en lugar de seguir protagonizando ridículos insurreccionales como la «Revolución Libertadora» —los sifrinos mantuanos también saben ser «bolivarianos» cuando les compete—, optaron por «cooptar» al recién llegado.

Así, el banquero Manuel Antonio Matos, que quiso hacerse generalísimo a los realazos, visto que


Juan Vicente Gómez
Gómez lo revolcó en la Batalla de La Victoria, se dejó de malos ruidos y terminó siendo canciller de los actos conmemorativos del centenario de la Independencia en 1911.

En otras latitudes de nuestra América, mire usted a Colombia, los oligarcas no han abdicado de su rol político. Por eso no les pasó nunca lo que les pasó a los de aquí, que cuando desaparecieron los partidos que habían «comprado hechos» en 1958, no han sabido cómo desempeñarse en un ámbito en el que los gerentes metidos a políticos de fin de semana tienen pocos retornos que ofrecer ahora que la vaina se puso color de zorro corriendo.

Pero esa insuficiencia no justifica tomarla contra gente como Elías Santana y Liliana Ortega. Salvo esa propensión al moralismo y la fulminación que suelen mostrar algunos diletantes vástagos de toda clase ociosa.

Mantuano ni corta caña ni coge el monte, Nicomedes: no te pongas dramático.


Ibsen Martínez en La BitBlioteca
Roberto Hernández Montoya, El Síndrome de las Hipérboles Acatarradas
Nicomedes Zuloaga Pocaterra, Confirmado, se la comieron



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