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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Un Poco Como Y De Alguna Manera El Nacional, sábado 2 de octubre de 1999 1. ¿Y los intelectuales? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo se entienden con Chávez? El preguntón es un viejo amigo mío, del equipo curador de la galería de arte moderno de la Fundación Calouste Gunbelkian, en Lisboa. Vivió su primera juventud en Venezuela y, al ser hijo de portugueses que se hicieron magallaneros regentando un mayor de víveres en los Jardines de El Valle, debería estar más que familiarizado con el «Volkgeist» criollo. Le intriga primordialmente el modus vivendi que «los intelectuales» y, hablando en general, el «poetariado» del llamado «sector cultura» haya podido discurrir, cara al tiempo que se le viene encima. Vista de manera tan restringida y grosera, su pregunta bien podría formularse del modo siguiente: «¿Cómo vivirán ahora los subsidiados, sin advocaciones visibles de Abreu ni Consalvi, y para colmo, con el presupuesto cultural subsumido al de Educación y Deportes?» Pero el cariz de las precisiones que requiere de mí me lleva a pensar que mi amigo el expatriado procura también hacerse una idea de cómo piensan los intelectuales el proceso que vive el país. El «portu» me pone ciertamente en un aprieto «metodológico». Adviértase no más la cantidad de laboriosas distinciones provisionales, de hipótesis de trabajo, de restricciones del sentido que impone la mera conjunción de las palabras «intelectual» y «Venezuela», si es que se quiere discurrir con algún provecho. Se trata, sin duda, de un vasto subgrupo del universo de las élites, si bien es fácil convenir en que ni su neuroesqueleto, ni su musculatura lisa ni su tejido conjuntivo lo emparienta con Fedecámaras o la CTV. Al mismo tiempo, mi amigo pretende que sepa yo distinguir, de entre toda la masa coral, no solamente los diversos grupos de interés sino también cada vertiente de pensamiento asociada a ellos. Puesto en este trance, la tarea se me hace acusadamente cuesta arriba, en mi caso particular porque la voz «intelectual», al menos en el contexto venezolano, me remite incoerciblemente al motivo fósil de una frondosa chistología que cultivo desde hace décadas con algunos panas que no nombro por no malquistarlos con tan hipersensible estamento. El sujeto de esa chistología es polimorfo y su género y edad pueden variar, pero tiene como rasgo diferencial una alarmante parvedad del lenguaje hablado y escrito unida, al mismo tiempo, a la petulancia de creer que esa indigencia expresiva puede hacer las veces del pensamiento. Todo el mundo ha topado alguna vez con el o la intelectual del tipo «un poco como y de alguna manera». Por eso me atrevo a describirlo por agregación de esas dos locuciones. Lo hago en atención a sus más socorridas y reconocibles muletillas. En las vernissages y en los bautizos de libros, en estrenos teatrales, en «programas de mano», en notas biográficas y reseñas de cine, en vivo y directo cuando es invitado a programas de opinión y en simposios y foros, el intelectual «un poco como y de alguna manera» despliega con aplomo su tumbaíto aproximativo y nunca concluyente, ese amago jamás comprometedor con que se anima a abordar cualquier cuestión. Procede por analogía, pero la analogía es apenas la carrerilla, el décollage de un despegue hacia la región de lo inductivo-abstracto que nunca se hace efectivo porque sus flexores jamás pueden alzarlo más arriba del «un poco como y de alguna manera». Sin embargo, ni él ni ella viven esto como una insuficiencia: el intelectual «un poco como» se da cuenta (y da cuenta ) de las cosas, los procesos, los propuestas ajenas, solamente en la medida en que son «un poco como» otras cosas, otros procesos, otras propuestas ajenas. Esa tautológica regularidad que tiene a bien comunicarnos acerca de las leyes de composición del universo no ha dejado alguna vez de sorprenderlo, por lo que tienen de asequible y de trivial . Pero se repone pronto de esa perplejidad un poco culposa, en verdad bastante inconducente, y se aferra a su «un poco como» y a su «de alguna manera» sin arriesgarse nunca más a someterlos a examen. Y así, cada vez que su discurso reclama de modo natural un «demostrandum», cuando de ningún modo parece posible hurtar el cuerpo a una explicación, a un desmenuzamiento más o menos enjundioso del mecanismo que pretende exponer a la luz, nos abandona impepinablemente a un vagaroso y deflectivo aplazamiento: «de alguna manera» resulta que tal y tal vaina. »Un poco como», «de alguna manera»; ¡prodigiosos goznes venezolanos del nopensamiento ! Y digo «prodigiosos» porque, en verdad, obran prodigios. Ha habido gente que ha fundado una reputación de perspicacia y agudeza gracias a una atinada combinatoria de jerga especializada, una pizca de «un poco como» y un dash de «de alguna manera». Esto que digo resplandece en cuanto se repara un momento en el hecho de que no son en modo alguno monopolio de un único bando, facción o escuela: el poder incantatorio de las fórmulas «un poco como» y «de alguna manera» está a la disposición de todos. Es por ello que cabe topar intelectuales neoclásicos, del género «diamante de Porter» del mismo modo que intelectuales del grupo cosmológico «ChiapasSubcomandante Marcos» que prosperan por igual, cada uno sacando provecho de la agilidad natatoria que a la conversación y al trabajo de ascenso confieren el pimentoso «un poco como» y el aromático «de alguna manera». Un poco como se obtienen subsidios y de alguna manera logran hacer publicar sus compilaciones de fuentes bibliográficas, sus antologías de prólogos, sus plaquettes y sus monografías «4X4», para todo terreno. 2. Otros chistes y anécdotas a costa del tipo de intelectual «un poco como y de alguna manera» compartí con mi amigo lisboeta. Y, entre chanzas y veras, pasó felizmente la hora de responder cabalmente a su pregunta. Ensañarme en esa caricatura del intelectual permitió al menos no caer en el tópico de juzgar a quienes por legítimas razones tenemos por «intelectuales públicos», esos que cuentan con auditorio, que discrepan o aprueban con probada autoridad y que, en pequeña o gran medida, influyen en el modo en que se abordan y resuelven los asuntos domésticos. Son pocos, pero son. Y sería un pérdida de tiempo glosar lo que ellos mismos dicen con eficacia para sus propios fines. Poniendo a salvo lo que con mucho más rigor pueda decirse acerca de porqué entre nosotros ha prosperado el intelectual «un poco como y de alguna manera», cabe interrogarse por lo que piensa de Chávez y el proceso que él ha promovido, esa legión de venezolanos que Freddy Muñoz ha llamado en algún artículo, «la oposición no conservadora». Por «no conservadora» creo entender que se habla de la facción de élite de mujeres y hombres venezolanos quienes, sin ser dolientes del bipartidismo excluyente, tiene reparos que hacer, observaciones que hacer, propuestas que adelantar e iniciativas que apoyar y aun profundizar. No parece que se hallen, y he ahí una de las paradojas del momento presente, entre los «tapa amarilla» de la Constituyente, ni entre los más caracterizados voceros del MVR . Pero no son una entelequia, no son el pájaro dodó: se hallan inmersos en el chavismo y también en el contingente que interroga al chavismo sin conceder nada al moralismo simplista del gritón jacobino. Muchos de ellos son o han sido gerentes sociales, o bien ejecutivos públicos y privados de alta competencia. Y no hallan expresión en los medios porque la mayoría de los medios no logra sacudirse la superchería, tan simplista como simplista es el único chavismo que se atreven a identificar, de que su papel inquisidor del Poder constituido está en cederle el altavoz a quienes por muy buenas razones fueron desplazados. ¿Se discutirá que se trata también de intelectuales y que sus pareceres pueden iluminar el modo que tengamos de imaginar el porvenir democrático? Ese imaginario no puede nutrirse solamente de la rehabilitación, por ahora problemática, de lo que haya de salvable en estos 40 años. Sino en gran medida de lo que tengan que decirnos quienes, sin oponerse a los cambios, ven como condición de su viabilidad el que se sepa dársele un lugar a quienes más tienen de lo que al chavismo irredento la falta: una cultura de la tolerancia y de la jerarquía de competencia. Sobre esto volveremos, así sea un poco como y de alguna manera.
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