|
|
|
|
![]() Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela Home Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca
Buscador
|
|
La verdad está afuera El Universal, sábado 20 de marzo de 1999 ¿Saben qué? Todavía no me abandonan la simpatía por el Diablo que siento por los procesos puestos en marcha por Chávez y la infinita compasión por las llamadas élites que inevitablemente siento cuando leo a la mayoría de mis distinguidos vecinos de página. Es una mezcla de emociones no exenta, además, de ufana adhesión a mis intuiciones y a mi silvestre clarividencia: no ha ocurrido nada de lo que auguraban los mejores, los más brillantes y mejor musculados pronosticadores. Todo el año pasado se les fue a los articulistas, opinadores, algebristas, astrólogos, analistas, encuestadores, jefes de campaña, editores de tabloides, secretarios generales, comunicólogos, politólogos y demás observadores de pájaros y a más de un gacetillero ventilador de estiércol, en discurrir cómo parar a Chávez. El clima así creado se resolvió en el regocijante episodio titulado «¡arrojen a Alfaro del tren en marcha!», desternillante ocasión que puso de bulto, ya en la segunda del noveno, la exhaución del rutinario mandarinato del 58 y de su creatividad política. Discrepar del timbre y la tonalidad de los dicterios con que cubrían al hoy Presidente me valió ser percibido como «el criptochavista de la página 4». Hoy sigo insistiendo en que buena parte de la subestimación de lo que hoy ocurre en Venezuela, y del carácter personal del catalizador de lo que ocurre, continúa descaminando a muchos de sus adversarios porque proviene de un prejuicioso supremacismo racista y oligárquico. Las calamidades que nos auguraban guerra civil, guerra de clases, debacle económica, aislamiento internacional, etcétera no eran sino maneras de objetivar el temor de perder sus privilegios de casi medio siglo. En lo que va del año 99, el «establecimiento interpretador» del país, en lugar de someterse colectivamente a un tratamiento de sicoterapia cognitiva, prefiere afectar comprender, «descifrar», «desentrañar» quién es realmente Chávez y qué se propone realmente hacer desde Miraflores. Se trata de un multitudinario y afanoso juicio de intenciones que aspira a ser tomado por análisis y pronóstico. Ayer imaginaron que el ascenso de Chávez era cosa «resistible» con tan sólo desplegar las viejas trápalas del sistema conciliador de élites difundir rumores apocalípticos, difundir cinismos acerca de la invencibilidad de la maquinaria, trastear con el estatuto electoral y adelantar los comicios regionales, desacreditar al Consejo Electoral, intentar extraviar al elector con la fábula del «empate técnico», etcétera o despachar la convocatoria al referendo constituyente como un arbitrio autoritario, una diabólica añagaza que sólo busca la reelección y vulnerar el principio alternativo. No quiero imaginar cómo juzgarán hoy día los pareceres del padre Arturo Sosa, jesuita insospechable de chavismo quien, si bien discrepa en lo funcional, encuentra en la convocatoria al referendo que ha hecho Chávez bases irrefutablemente democráticas, al tiempo que saluda el espíritu de diálogo del Presidente. Ultimamente los «johnnies» cifran sus esperanzas en una vertiginosa impopularidad de Chávez, en un hipotético desencanto que las masas experimentarán ante la Constituyente, conjeturan que la estructura de precios del crudo y la imposibilidad de cumplir las promesas electorales precipitarán sobre Chávez un nuevo 27 de Febrero y lo forzarán a desenvainar el sable autoritario que hasta ahora solamente ha esgrimido el hijo de Salas Römer. El caso de las invasiones es todavía más elocuente de esta contumaz cerrazón oligárquica que el de la Constituyente: Salas Römer recrimina a Chávez el que no recurra a la Guardia Nacional para resguardar el derecho a la propiedad. Chávez responde al ex candidato del bloque conservador con un argumento a la vez sutil y de peso: supuesto que el «nuevo federalismo» se funda en los legendarios «liderazgos regionales», que sean esos liderazgos «descentralizadores» quienes hagan valer su ascendiente y su autoridad ante los invasores. Dicho sea de paso, he escuchado al propio Chávez abogar por unas Fuerzas Armadas más reducidas, profesionales y voluntarias, apartadas de las funciones de orden público. Se trata de un criterio novedoso y democrático que, de prosperar, eliminaría, entre otras, la odiosa práctica de «la recluta». Sin embargo, es Salas Römer, el golden boy, sedicente vocero de la posmodernidad política, quien propone atacar el problema de las invasiones con la misma medicina del 27 de Febrero: echar a los indigentes la tropa encima. El caso es que pocos «opinadores» aceptan que si bien no ha ocurrido una revolución en el sentido disruptivo y sanguinario de la palabra, lo que está en marcha en Venezuela es más, muchísimo más que un cambio de gobierno. Los venezolanos de a pie son más perspicaces que ellos. Los prefiero como interlocutores porque pueden convivir sin sobresalto con la noción de que ni Chávez ni lo que ocurre se parezcan a nada visto anteriormente. Como reza el epígrafe de Los Expedientes Secretos X, «la verdad está afuera». Es allá afuera donde más a menudo logro y prefiero hacerme inteligible. |
|||||||||||||||||||||||||
|
||
|
Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |
|
|