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La falacia de la conquista tachirense

Jorge Olavarría
jolava@viptel.com

El Nacional, 23 de mayo de 1999
En el centenario de la Revolución Liberal Restauradora



Juan Vicente Gómez

Cipriano Castro

Cronología de Cipriano Castro a Juan Vicente Gómez

Con los «sesenta hombres» de Castro llegaron los andinos al poder, quedó sepultado el liberalismo amarillo, se abrió un estilo de halagos e intemperancias simultáneas, y un nacionalismo pugnaz se permitió incluso retar a las grandes potencias. Y aunque no todo fue tan heroico, ni nunca terminaron de aparecer los «nuevos ideales, nuevos procedimientos», el derrocado presidente Andrade pudo confirmar sus más funestas expectativas: «Todo, todo ha desaparecido»

Una de las más tercas falacias que nublan la visión de lo que sucedió a partir del 23 de mayo de 1899 es la idea que se tiene acerca de la campaña de Cipriano Castro, que hoy, hace cien años, inició una revolución que lo trajo de Capacho a Tocuyito y de allí a la Presidencia. En su versión mas simplista la generalidad de la ortodoxia histórica cuenta —con algunas variantes— que la «Revolución Liberal Restauradora» que se inició el 23 de mayo y la llamada «entrada de los andinos en Caracas», en octubre de 1899, fue la avasalladora conquista del poder por un grupo de venezolanos distintos y diferentes, nativos del Táchira. Sin saber ni entender el proceso formativo del Táchira, se parte de una simplificación cuando se dice que los tachirenses habían estado semi-colonizados o injustamente preteridos por los «centranos». Se falsifica la realidad histórica cuando se asegura que los tachirenses retaliaron con la conquista del poder de una República que los tenía injustamente marginados. A partir de allí se distorsionan los hechos cuando se afirma que en 1899 los tachirenses capturaron el poder para su uso y usufructo, hasta octubre de 1945, cuando el último de los «tiranos» tachirenses, heredero de la conquista de su derecho exclusivo a gobernar a los venezolanos, fue sacado del poder por una gloriosa revolución que liberó a Venezuela de esa casta. Todo eso es falso. Falso de principio a fin.

Una revisión necesaria

La visión de la conquista del poder por los andinos en 1899, suena como las piedras de todo río caudaloso en falsedades. La música suena porque piedras tiene. Pero la letra de esa canción cuenta una historia, que a fuerza de repetirla se ha vuelto leyenda. Y había y sigue habiendo muchas voces interesadas en que la falacia siga siéndolo. El cauce principal de la falacia parte del desconocimiento de las bochornosas circunstancias del acceso de Cipriano Castro al poder. Nace de todo lo que hizo posible que entre agosto y octubre de 1899, una banda de poco más de un millar de tachirenses que en los tres meses que van del 23 de mayo al 3 de agosto no habían logrado dominar al Táchira, salieran huyendo del Táchira y llegaran el 14 de septiembre a Tocuyito, en las afueras de Valencia, sin haber conquistado otra cosa que la tierra que pisaban sus pies.

En Tocuyito, reforzados por algunos guerrilleros mochistas que se les sumaron, los tachirenses libraron por primera vez un combate. Lo hicieron con indudable valor y habilidad, y con el arrojo que les daba el haber dado un paso de semejante temeridad y estar a mil kilómetros del lugar donde habían nacido. Lucharon contra un ejército que los cuadruplicaba en hombres y poder de fuego. Pero no puede olvidarse que ese ejército estaba comandado por dos generales ineptos que se detestaban entre sí, que se derrotaron a sí mismos y terminaron huyendo en desbandada. De allí en adelante, para hacer olvidar su conducta, magnificaron la heroicidad del vencedor.

Los tachirenses quedaron muy maltrechos después de la batalla; totalmente incapaces de siquiera soñar en ocupar una ciudad como Valencia. Pero el presidente Ignacio Andrade estaba todavía más maltrecho que ellos, pues estaba rodeado por la duplicidad y la traición, y además no tenía lo que se necesitaba para gobernar en esas circunstancias. Por ello Andrade ordenó el injustificado abandono de Valencia, donde Castro fue llevado en una camilla.

Treinta y siete días más tarde, sin disparar un tiro, Cipriano Castro y un centenar de sus tachirenses abordaron en Valencia un tren que los trajo a Caracas en compañía de los jefes militares que habían traicionado al gobierno que debían defender. A su llegada, 6.000 soldados del gobierno presentaron armas a Castro. Este recibió el gobierno de Venezuela de manos del general Víctor Rodríguez, el vicepresidente que se había encargado de la Presidencia cuando el presidente Ignacio Andrade huyó.

Ni un solo andino estará en el primer Gabinete de Castro. Esta es la síntesis de parte de la verdad de la «entrada» de los andinos a Caracas. Pero esta no es la historia que se cuenta ni la idea que la mayoría de los venezolanos tienen acerca de lo que sucedió. ¿Por qué?

El fin de un sistema

Hasta hoy, la campaña de Castro del 99 ha sido contada desde la perspectiva de los hechos que le siguieron olvidando los que la antecedieron y el momento histórico en el cual se origina su resultado. Para empezar, la falacia de unos Andes «colonizados» por los «centranos» no tiene sustentación alguna en la realidad. En 1810, Táchira era parte de la provincia de Mérida. El cultivo del café que se inicia con el siglo y la Guerra de la Independencia llevaron a que la región del Táchira se poblara y ello la elevó a la categoría de provincia en 1856.

Quienes gobernaron los Andes durante el guzmancismo fueron los andinos conservadores de Juan Bautista Araujo. Que esos andinos fueran predominantemente trujillanos es otro asunto. Y todo el proceso de decadencia y degeneración del cual emergen Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, se inicia cuando se fractura el acuerdo político que se había logrado en 1879 entre Antonio Guzmán Blanco y el caudillo conservador de los Andes, Juan Bautista Araujo. Ese acuerdo había hecho posible que Guzmán Blanco gobernara los Andes, apoyándose en esa belicosa facción archigoda de trujillanos. Ese pacto se rompió durante el primer gobierno de Crespo de 1884 a 1886. Bajo Crespo, fueron los andinos liberales comandados por el tachirense «Patón» Morales los que mandaron. La incapacidad de Rojas Paúl y Andueza Palacio, sucesores de Guzmán Blanco, de conservar, repetir o prolongar el acuerdo de gobierno con el araujismo andino y de conciliar las facciones andinas en beneficio de la gobernabilidad de la región fue la sopa de la cual salió Cipriano Castro.

Cipriano Castro nació seis meses antes de estallar la Guerra Federal, el 12 de octubre de 1858 en la población tachirense de Capacho. Era hijo de Carmelo Castro, un agricultor mediano que se preocupó por darle a su hijo una educación y que en 1873 gestionó su ingreso al Seminario de Pamplona. Pero Castro, en vez de aproximarse a la vida religiosa, se acercó a la versión anticlerical colombiana del liberalismo, declarándose admirador de Vargas Vila y de los floridos oradores liberales colombianos a quienes imitará toda su vida. De regreso a San Cristóbal, se metió en la actividad política regional dentro de la facción liberal acaudillada por Espíritu Santo Morales, llamado el «patón» por sus enormes pies.

En 1884, cuando tenía 26 años, Cipriano Castro tuvo un enfrentamiento personal con el cura de Capacho Juan Ramón Cárdenas a quien disparó sin herirlo. Hecho preso fue llevado a la cárcel de San Cristóbal por órdenes de Morales. A partir de allí Castro deja de ser liberal y va a ser fervoroso enemigo de Morales. En junio de 1886, durante el primer gobierno de Joaquín Crespo, por cuya cuenta Morales gobernaba el Táchira, Castro se sumó a los conservadores Segundo Prato, Buenaventura Macabeo Maldonado y Carlos Rangel Garbiras.

Valiente, audaz y dotado de una sagacidad estratégica y táctica instintiva, al mando de una pequeña columna Castro derrotó en su pueblo natal de Capacho al coronel Evaristo Jaimes. Luego, en Rubio, derrotó al propio gobernador Morales. Ello le valió el título de general y el inicio de su fama. Guzmán Blanco salió de Venezuela el 10 de agosto de 1887 para no regresar jamás. Para el gobierno del Táchira, su sucesor Juan Pablo Rojas Paúl no podía confiar en Morales que era crespista decidido, y por ello llegó a un acuerdo con el dirigente conservador Carlos Rangel Garbiras, a quien hizo presidente del gran Estado de los Andes. Rangel Garbiras lleva al joven general Cipriano Castro a ser gobernador de la sección Táchira.

En 1888, con Rojas Paúl, los conservadores con su nuevo dirigente el tachirense Rangel Garbiras volvieron al poder y lo conservaron con Andueza en 1890. Pero la revolución «legalista» de Joaquín Crespo que en 1892 derrocó a Andueza retornó al poder a Morales y envió al exilio a los conservadores. Entre ellos estaban Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.

A partir de 1892 las repetidas tentativas de Crespo de ganarse el apoyo de Castro están bien documentadas y su paulatino alejamiento de Rangel Garbiras también. Lo que abrió horizontes y despertó ambiciones de Castro y de muchos más, fue el fraude de las elecciones celebradas en septiembre de 1897 que privaron al «Mocho» Hernández de lo que parecía un triunfo seguro. Ello desembocó en la ilegítima Presidencia de Ignacio Andrade iniciada en febrero de 1898 a la cual Castro pretendió sumarse sin lograrlo. Engendrada en un fraude y parida en un lecho de cinismo maniobrero, la Presidencia de Andrade marca el fin de un sistema político moribundo. La revolución de Queipa que el «mocho» inició en marzo de 1898 y en la cual el gran jefe, Joaquín Crespo muere, produjo un vacío de poder y un terremoto que sacudió al país.

La muerte de Crespo llevó a la desestabilización del sistema. Ello se agravó con la revolución de Ramón Guerra y las maniobras inconstitucionales de Ignacio Andrade para fraccionar al país en 20 Estados para con ello intentar gobernar a un país que le resultaba ingobernable con los nueve grandes Estados del guzmancismo. Es en este momento y esta circunstancia cuando en mayo de 1899 se produce la minúscula revolución de Cipriano Castro que se declara «Restaurador» del liberalismo, pero que en tres meses, no logra dominar el Táchira. Su temeridad de marchar hacia el centro en vez de huir cuando supo de la presencia en el Puerto de Encontrados de las tropas que el gobierno había enviado a combatirlo, fue el empujón que terminó de producir el último y decisivo temblor en el cual colapsó la autoridad y el gobierno de Ignacio Andrade.

En su marcha hacia el centro, nadie salió a detenerlo, porque había interés en dejarlo pasar. En Trujillo, Barquisimeto y Yaracuy, la traición le abría el paso. Eso será lo que hará que Cipriano Castro sea traído en un tren a Caracas, como resultado de un acuerdo político entre las figuras militares y civiles del sistema y sea —literalmente— instalado en el gobierno por ellos. Esto fue lo que en realidad sucedió.

La falacia de la «campaña victoriosa» de Castro en 1899 nace de las mentiras de nueve años de aplausos, discursos, cantos, poemas y valses sobre las proezas militares del «cabito» Cipriano y la campaña de la «Revolución Liberal Restauradora» de Capacho a Tocuyito. Sin duda, el haber atravesado el río Táchira con medio centenar de jinetes la tarde del 23 de mayo y el haberse sentado en la silla presidencial del Capitolio cinco meses más tarde en la mañana del 23 de octubre es una proeza asombrosa que inflamó la imaginación de los venezolanos.

En el caso de Cipriano Castro, lo verdaderamente asombroso del salto fue la degradación cívica, la decadencia moral y la corrupción del sistema dentro del cual todo eso sucedió y que lo hizo posible. La leyenda de la «campaña admirable» de Castro nació de la boca de los oportunistas, cobardes y traidores que lo instalaron en la Presidencia. Consumada su traición, tenían que camuflar su indignidad con la exageración del valor de la proeza de aquel a quien habían sentado en la Presidencia y creyeron podían usar como una marioneta. Sucedió que Castro terminó usándolos a ellos. Pero la mentira inventada para justificar sus maniobrerismos, cobardías y traiciones quedó como verdad consagrada. Y sobre la consagración de esa falacia se asentaron los nueve años del gobierno cruel, tiránico y corrompido de Cipriano Castro, quien en buena hora fue apartado de él por Juan Vicente Gómez el 19 de diciembre de 1908.

Cronología

1899

Protectorado de EE UU sobre Cuba, luego de la guerra hispano-americana en que España pierde sus colonias antillanas (Cuba y Puerto Rico). Análisis de la oposición entre las dos Américas (Zumeta, El continente enfermo). Fallo desfavorable a Venezuela, por el Tribunal de París, en la disputa territorial de Guayana (3 de octubre). Entrada triunfal de Castro a Caracas (22 de octubre). Comienzo de la «guerra de los boers» (Suráfrica) y de la de «los mil días» (Colombia).

1900

Zumeta denuncia la agresión yanqui provocada por Loomis y su comparsa (7 de enero). La deuda externa llega a los 189 millones de bolívares. Alzamiento y prisión del Mocho Hernández. Asume la presidencia en Colombia un hombre conflictivo frente a Venezuela: Marroquín.

1901

Rangel Garbiras invade desde Colombia, con efectivos conservadores (julio), y los castristas, a su vez, invaden a Colombia, siendo derrotados en Curazúa (septiembre). Manuel Revenga dice que «EE UU está por detrás» de todo esto. Enmienda Platt en Cuba. Coronación de Eduardo VII en Inglaterra y ascenso de Teodoro Roosevelt a la presidencia de EE UU, tras el asesinato de Mc Kinley. Tratado Hay-Pauncefote sobre el Canal de Panamá.

1902

Concluye la «guerra de lo boers», verdadera calamidad para Inglaterra. Estalla la Revolución Libertadora, acaudillada por Matos, financiada «por el Trust del Asfalto» y prácticamente vencida en La Victoria (noviembre). Proclama de Castro ante el bloqueo anglo-germano (9 de noviembre): «La planta insolente...». El ministro norteamericano en Venezuela, Mister Bowen, se convierte en el negociador de Castro (17 de diciembre). Doctrina Drago contra el «cobro compulsivo de las deudas».

1903

Firma del Protocolo de Washington, que suspende el bloqueo y obliga a Venezuela a pagar a las potencias reclamantes, reservando a tal efecto 30 por ciento de los ingresos aduaneros (13 de febrero). Intervención de Estados Unidos en Panamá, cuya independencia reconoce. La batalla de Ciudad Bolívar líquida los restos de La Libertadora (21 de julio).

1904

El Tribunal de La Haya decide que las potencias agresoras (Alemania e Inglaterra, también Italia) tendrán trato preferencial en el pago de las reclamaciones (22 de febrero). Rafael Reyes, nuevo presidente de Colombia. Caracas se embellece: El Paraíso, Teatro Nacional, Palacio de Justicia. Juicio contra la Bermúdez y lío diplomático con Bowen, quien propone la presencia de la flota norteamericana (julio). Amenazas del canciller Hay.

1905

Medidas contra el Cable Francés, acusado entre otras cosas de desinformación favorable a los insurrectos. Incidente con el representante de Francia, Olivier Tagny. Castro es electo Presidente hasta 1911. Llegada del juez Calhoun y apogeo del agregado militar Parker.

1906

Expulsión de Tagny (enero) y ruptura de relaciones entre Francia y Venezuela. La Aclamación. Suspensión de relaciones entre Colombia y Venezuela. Desembarco de marines en Cuba.

1907

La Conjura. Asesinato de Paredes. La Triple Entente. Fundación de la Shell (Deterding).

1908

Ruptura de relaciones con Estados Unidos (junio) y Holanda. Castro al exterior (noviembre). La «semana trágica» y La Reacción (diciembre), que le da el poder a Gómez por 27 años. Buques norteamericanos en La Guaira.

1909

Breve período de libertades. Proceso contra Castro. Taft, nuevo presidente de EE UU: al big stick le sucede la diplomacia del dólar. Intervención norteamericana en Nicaragua.

1910

Gómez, Presidente electo. Inicio de las «fiestas del Centenario».

1911

Gómez niega que haya pedido «el protectorado» a EE UU: Venezuela es respetada -dice- por las naciones extranjeras. Taft contra la Standard Oil (leyes antitrust).

1912

Castro sale misteriosamente de Tenerife (diciembre), y cónsules y diplomáticos se lanzan a una desaforada labor de espionaje e información. La célebre New York and Bermúdez Co. perfora en Babaui.

Castro es detenido en EE UU y anda por todos lados, «sin patria». La General Asphalt da participación a la Shell en sus concesiones petroleras (ex Valladares). Gómez impone el continuismo alegando una «invasión de Castro». Wilson, nuevo presidente en EE UU.

1913

Primera guerra mundial. La Caribbean se anota un éxito con el Zumaque I.

1914

Mientras Gómez liquida invasiones y caudillos, Castro permanece en el exilio, sin patria y sin posibilidad de regreso. Al mismo tiempo, protectorado yanqui en Haití (1915), Santo Domingo bajo ocupación militar (1916), refinería de San Lorenzo y revolución rusa (1917), fin de la guerra mundial (1918), complot cívico-militar contra Gómez y protección oficial a los intereses petroleros norteamericanos (1919), incorporación de la Creole en Delaware y primera ley de hidrocarburos en el país (1920), segunda ley de hidrocarburos y sucesos tranviarios-estudiantiles (1921), reventón de Los Barrosos 2 (1922), ruptura con México (1923).

Muerte de Cipriano Castro en Puerto Rico (5 de diciembre).

1915-1923 Fuente: tomado de Cipriano Castro en la caricatura mundial, publicación del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional.


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