
La escuela de la sospecha.
Nuevos ensayos polémicos,
Caracas: Monte Ávila, 1990
|
El de los ángeles
, tan disputado por siglos, quedó finalmente establecido por Lord Byron cuando descubrió que todos son
tories, conservadores; cosa que confirma la gramática: son masculinos. Eso es precisamente lo que irrita a las insufribles feministas. Qué plaga. Señor: debe ser que se acumulan en los finales de siglo. Ahora arremeten contra el lenguaje, confundiendo, entre muchas otras cosas, género con sexo. Ocurre lo inevitable: hacen el más grande de los ridículos. Sólo imitan a sus predecesoras anglosajonas, a las que hace ya veinte años les dio por decir tonterías tales como hablar de
She-God y querer reformar la Biblia a fin de eliminar el sexismo que contiene. Sin darse cuenta de que antes tendrían que acabar con la religión judía y con esa «enfermedad del judaísmo» (
Borges dixit)
que es el cristianismo, auténticos bastiones de la más acendrada ideología machista. No existen sacerdotisas en el cristianismo, aunque hay que reconocer que hubo una Papisa, aquella Juana que parió en plena procesión, y por su parte, lo primero que hacen en la mañana los buenos judíos es agradecer a Jehová que no los haya hecho mujer. Pero, claro, todavía en la lengua inglesa esos jueguitos con los pronombres personales tienen cierto sentido, pues distinguen entre la cabra hembra y el macho (propiamente, cabrón) anteponiendo el «she» o el «he». ¿Habrá que decir entonces «Esperando a
HeGodot» o, más bien, «Esperando a
Godota»?
Las feministas en lengua española también han enloquecido. Lo primero que ignoran es que género es una categoría gramatical que funciona como clasificador de sustantivos, adjetivos o pronombres, pero sin poseer valor semántico alguno. Simplemente arbitrario. Dos palabras con idéntica terminación (frente, diente) tienen distinto género sin que haya en ello ninguna intención sexista. También ignoran que, en vista de que el género masculino no está marcado en la oposición masculino/femenino, es el que se elige a la hora de atribuir género porque compromete menos. Pero si se escucha a las excitadas feministas, habrá que decir «la cantar» y «la correr» en vez de «el cantar» y «el correr». En su suma ignorancia, también desconocen que en las lenguas indoeuropeas el origen de la distinción genérica no es el par masculino/femenino, sino la oposición animado/inanimado, de donde en la mayoría de esas lenguas surgen tres géneros, agregando el neutro. Lo que explica que, de lo más anti-freudianamente, «niño» sea neutro en alemán (Kind). Además las locuras feministas aplicadas al lenguaje sólo tendrían un alcance limitado, desde el momento en que hay muchas lenguas que no distinguen géneros, otro punto ignorado por las proponentes de la reforma sexista de la lengua. Así, por ejemplo, en las lenguas africanas bantúes (swahili y demás) no existen sino clases, y un poco más cerca, el euskera o vascuence no admite morfemas genéricos. De modo que, en vasco, «niño» y «niña» es lo mismo (haur) o «perro» y «perra» (zakur). Lo de menos es que las feministas desconozcan las complejidades lingüísticas; lo grave es que no se percaten de la insensatez de sus propuestas. ¿Quiere decir que sólo podrán expresar su rabia feminista las que hablen lenguas que distinguen géneros? ¿Qué sucede con las mujeres vascas? ¿No se quejan del sexismo? ¿Es que acaso eso tan vago y metafísico del sexismo está en la gramática o en las costumbres y en las personas?
Lo divertido es que no sólo abominan del sexismo lingüístico y proponen bobadas tales como decir «humano» en lugar de «hombre». Por cierto, ¿por qué si es masculino? ¿No sería mejor «humane» (terminado en e) como sin siquiera reír quiere y propone un filósofo español? Así, el libro de Nietzsche se convertirla en Humane, demasiado humane para que las feministas no chillen.
Qué manía esa tan femenina de andar mezclando el sexo con todo. El machismo será muy poco recomendable, pero al menos tiene la ventaja de poner al sexo en su sitio, que es donde debe estar.