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Abogado del Diablo El Nacional del jueves 28 de enero de 1999 Fedecámaras asumió una posición de beligerancia frente al Presidente y a la Constituyente, pero en sus adentros, se asustó. Busca ahora que alguien le convenza de que la Constitución del 99 no es tan mala, a pesar de todas las pesadeces que se han expresado acerca de ella. Un abogado del diablo con pedigree de objetividad, es decir, alguien como yo. Lo que se requiere es un argumento elegante para hacer las paces y restablecer las buenas relaciones con el Gobierno, tan necesarias para la supervivencia en este país. Ofrezco mi argumentación y, si gusta, se puede hacer un depósito directo en mi cuenta número JK2280, Banco del Pueblo, por los servicios cerebrales prestados. Fedecámaras al Presidente: comandante, perdónenos nuestra histeria de los últimos días de finiquito de la carta magnísima. Tuvimos que cumplir con nuestro papel natural, tan inevitable como desagradable para nosotros, que siempre hemos estado al servicio del país. En el fragor de la batalla, cualquiera se sobrecalienta y usted tampoco es excepción a la regla. Olfateamos que había la posibilidad de cambiar el texto de la constitución y, lamentablemente, había que hacer escándalo para que vieran la importancia de eliminar ciertos excesos estatistas. En esta faena, usted no podía retratarse con nosotros ni nosotros con usted. Un presidente revolucionario no puede en ningún momento arriesgar ser comparado con Menem o Fujimori, traidores a sus séquitos. Más chillona Fedecámaras, más auténtica su imagen de liderazgo. Lo que queríamos era la posibilidad de participar en el negocio de la seguridad social, aunque fuera sólo como socios locales de los españoles y chilenos que ya tienen montados sus planes. Entendíamos que usted necesitaba una presión desmedida para que pudiera explicarle a su gente que no tenía otra opción sino cederle algo al empresariado, porque al contrario se podía poner en jaque a todo el proyecto constitucional, por no hablar de la reactivación económica necesaria ya. Es decir, Presidente, le hicimos un favor. Ahora podemos decirle la verdad: la constitución no es ni tan estatista ni tan centralista como dicen sus enemigos. Los ajustes finales nos permiten pensar que podremos asumir una posición amigablemente neutra en el referéndum, porque también reconocemos que apoyar el «sí» con un exceso de entusiasmo se vería como sospechoso por el populacho y seremos cuidadosos en no decir nada demasiado positivo en público. Por la carita feliz de Didalco, sabemos que la descentralización está bien. Quienes andan llorando la desaparición del Senado no tienen argumentos muy convincentes, si recordamos el Senado de las últimas cuatro décadas. ¿No tendremos un Consejo Federal de Gobierno que representará a los estados mejor de lo que jamás lo haya hecho algún senador de la República? También se exagera cuando se critican los poderes excesivos del Presidente: no se puede disolver la Asamblea Nacional sin que ella misma raspe a tres vicepresidentes primero en un acto consciente de harikiri político. ¿Y la reelección? Si usted todavía goza de popularidad en seis años, comandante, algo bueno habrá hecho en el ínterin. ¿Y los ascensos militares? Recordamos también la politización horrenda de las Fuerzas Armadas cuando tenían que hacerle pleitesía en el Congreso. En la polémica sobre el Banco Central nosotros no tenemos posición. Desgraciadamente, nosotros no entendemos mucho de la política monetaria. Y en cuanto a la República Bolivariana, sin duda será una buen oportunidad para que el Estado imprima sus direcciones, teléfonos, fax y dirección electrónica en el nuevo membrete como un gobierno moderno cualquiera. Nuestros amigos más principistas en Consecomercio, Cedice y la Camara de Comercio de Caracas andan quejándose de la no viabilidad de los derechos sociales concedidos, porque quebrarían el Estado si se le diera a cada venezolano todo lo que promete el texto constitucional. Pero sabemos, Presidente, que no se puede dar lo que no se tiene y, en todo caso, la Constitución del 61 también concedió muchas cosas y nadie padeció insomnio por su inoperancia. Esto no es cinismo, sino realismo, y no podemos sino compartir la aspiración de que todos esos derechos pertenezcan a los venezolanos algún día como fruto de su propia productividad. Habrá quienes abogan por el «no» como posición obligatoria para aspirar a la Asamblea Nacional o a una alcaldía sin el sello de la boína roja. Allí vienen los Blyde, etc. organizando el postchavismo como debe ser. Algunos expresarán su oposición a uno u otro artículo írrito con un «no» global; otros decidirán por un voto negativo estratégico para que usted no se sienta demasiado guapo y apoyado. Fedecámaras dirá a sus miembros que voten según su conciencia. Seguro que verá a unos cuantos empresarios corriendo para Miraflores diciendo, en privado, que no compartían esa línea dura de Brito. Quizás hasta Brito mismo, dentro de poco. Señores, la constitución de 1999 es aceptable. |
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