Roberto Hernández Montoya, Director
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Claudio y el nicho de Castañeda
El Nacional del 11 de diciembre de 1997
La contienda electoral que se avecina enfrenta a los pretendientes con decisiones estratégicas que determinarán la suerte de cada uno. Según un esquema clásico de la ciencia política, los votantes se distribuyen a lo largo de un contínuo ideológico cuyos polos definen una línea desde la izquierda lejana hasta la derecha radical. La gente tiende a aglomerarse en algún punto, con la gran masa en un sitio más o menos céntrico y grupos cada vez más pequeños hacia los extremos. En distintos países, el ``centro'' se ubica en puntos absolutos diferentes: En Estados Unidos se encuentra algo a la derecha del centro en Francia, en Venezuela está a la izquierda del centro de la Argentina de hoy. Esta distribución de preferencias políticas se considera normal y hasta sana para la estabilidad democrática. Triste el país cuya población se bifurca entre izquierdas y derechas extremistas, sin que haya el anclaje central de una masa aristotélica en el medio de los polos opuestos. El problema político es este: Dónde ubico mi mensaje electoral para maximizar los votos y ganar la Presidencia? Todos los candidatos están considerando esta pregunta, ahora, aunque no todos han decidido su nicho. Claudio se ha identificado con un nicho ideológico que es interesante analizar desde varios puntos de vista.
Antes de seleccionar el nicho óptimo, el candidato tiene que identificar la naturaleza de la población y la ubicación probable de sus opositores. Si se equivoca, podría ofrecer una plataforma mal enfocada para la masa central de votantes. Ese fue el error de Oswaldo Alvarez en 1993, en contraste con el acierto de Caldera. Por otra parte, la ecuación electoral no puede ignorar el posicionamiento de los demás candidatos. Si Claudio se ubica exactamente en el punto central, por ejemplo, existe la posibilidad de que algunos partidos pequeños (como Causa R, MVR o PPT que buscan sólo curules parlamentarios) habiten la izquierda, quitándole una tajada importante a Fermín. Frente a esa constelación de fuerzas, otro candidato centrista (como Irene) tiene obligatoriamente que ofrecer un mensaje ligeramente a la derecha, donde no hay tantos partidos con posibilidades de comerse el otro polo. Salas sería el único por ese lado y habría que neutralizarlo. El cálculo se complica aún más, sin embargo, si existe una tercera fuerza, como efectivamente representa Acción Democrática. Acción Democrática siempre se ha orientado al mismo centro de la población venezolana que corteja Fermín (no es de sorprenderse, es adeco también), y probablemente haría lo mismo en 1998. La división del centro entre Claudio y AD, si es que no se reconcilian, casi convierte la elección en un regalo para Irene, a menos que ésta ponga la torta con alguna declaración torpe. El silencio es dorado. Aquí se llega a una extensión de la lógica de Quirós. AD sólo tiene chance con un candidato fuerte que, además, tendría que ubicarse un poquito a la derecha del centro para arrebatarle los votos tanto a Claudio como a Irene. No pareciera que AD tenga inclinaciones en este sentido; sin embargo, no pareciera existir tal candidato. Mucho más poderosa sería una AD unida alrededor de Fermín.
Al lector común, cuyas pasiones quizás dominen su actitud científica, todo esto sonará horrible: ¡que los candidatos se posicionen como marcas de mayonesa! Pero, en el fondo, la democracia está diseñada precisamente para que los gobernantes representen la voluntad general (apartando algunos refinamientos rousseanianos). Además, la identificación de Claudio con el grupo liderizado por Jorge Castañeda de México, reseñada en El Nacional del pasado domingo, indica que su agrupación busca desarrollar una ideología coherente, amén de representativa de la gran masa votante. Castañeda es un ambicioso pensador mexicano que anda en busca de la reconstitución del centro-izquierda en América Latina. Es un exponente importante del antineoliberalismo de la región, con un mensaje distinto al ofrecido por la izquierda tradicional que sólo mira hacia atrás (los dinosaurios). Como los polémicos autores del Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, Castañeda declara el fracaso de la izquierda; pero, a diferencia de ellos, lucha por la reconstrucción de un ideario que una esa agrupación mayoritaria que es el centro-izquierda en todos los países latinoamericanos. Fermín, aparentemente, comulga con Castañeda, así como con Lula, Cuauhtémoc Cárdenas y otros buscadores de ideas. Se quedará en el nicho de Castañeda? Será éste el centro del continuo venezolano? Es una fórmula ganadora?
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