Roberto Hernández Montoya, Director
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Decálogo del antichavista bueno
El Nacional, 12 de julio de 2001
El debate político en Venezuela
Debe ser que no me explico bien. Adonde voy, la gente dice que soy la chavista del IESA. ¿No me leen los artículos, o será que la barrera del lenguaje hace incomprensible mis escritos? Entonces, para que la gente entienda en qué ando, voy a compartir con mis lectores (si los hay) un pequeño decálogo que tengo en mi Palm Pilot, similar al que lleva Guaicaipuro Lameda en su bolsillo, pero digital. Cuando me siento desorientada en la cacofonía del debate nacional, saco mis diez mandamientos para quedarme en el camino de los antichavistas buenos:
- Respeta la investidura de tu Presidente: es el único que tienes, a pesar de que hayas hecho todo lo posible para que no saliera elegido. Ayúdalo a hacer mejor su trabajo, porque de otro modo estarías contribuyendo a que la gente no progrese.
- Limita tus constantes críticas a lo que hace el Gobierno, y no a sus intenciones o modales. Por lo menos en público. Confía en que el Presidente y su gente (bueno, muchos de ellos) quieren el mismo país que tú, es decir, una Venezuela próspera, tranquila y unida. Que se equivoquen en el cómo es otra cosa. Que no entiendan que cada gobierno necesita su oposición es otra más. Paciencia, cuando caigan en las encuestas, despertarán de su delirio.
- Respeta a los antichavistas malos igualmente. Ellos quieren un país mejor también, como todos, y hay que ayudarles a entender que sería mucho peor que Chávez se fuera mientras goce del apoyo del pueblo. Cualquier alternativa sufriría el rechazo de la mayor parte de la población, por ahora. Enséñales a los más recalcitrantes que la democracia requiere que haya buenos ganadores y buenos perdedores.
- No peles una cadena. Cómprate un mini-televisor para la oficina, para que no pierdas ninguna aunque sea una cadena-express, lanzada sin aviso previo. Anota siempre los gazapos como material de discusión entre los amigos, para que no sigan diciendo que tú eres chavista, excluyéndote de sus fiestas. Permítete reír cuando el Presidente echa un buen chiste, como su agradecimiento a los antichavistas por mantener su rating, pero no lo confieses con nadie.
- Asiste ocasionalmente a alguna protesta sobre la sentencia del Tribunal Supremo o ve a una peña de antichavistas de vez en cuando para conservar tu carnet de disidente. Dile a Elías Santana que no es un derecho humano ser invitado a responder a una pesadez cara a cara de Chávez en Aló, Presidente, aunque por supuesto los periodistas (¡y columnistas!) sí tenemos derecho de réplica. Los antichavistas buenos hacen distinciones finas.
- Haz acto de presencia en el Palacio Federal cuando ofrezcan un foro que te interese. No creas que vas a tener la oportunidad de dar un discurso (aunque no desperdicies el chance, si se presenta); agarra a un diputado emeverrista en el pasillo para decirle en la intimidad que van a poner la real torta si insisten en no cambiar el artículo 51 de la ley de yo no sé qué.
- Estudia todos los proyectos de ley para detectar sus fallas (que son muchas). Escribe sobre ellas a lo mejor alguien te escucha, especialmente si aprovechas para señalar algunas iniciativas positivas del Gobierno, porque sí las hay, aunque mal aplicadas.
- Abre tu sábado con una lectura de primera hora de Ibsen. Pasarás un fin de semana agradable, en el reconocimiento de que sí hay gente inteligente en el país (no importa que te haya insultado en público varias veces, porque tú le has hecho lo mismo, lo que, en el caso de intelectuales, es la mejor manera de reconocer al otro).
- Estudia los currículos y las acciones de algunos antichavistas que lucen buenos según tu decálogo, como Julio Borges o Liliana Hernández y sus allegados. No desprecies la posibilidad de que haya chavistas buenos con las mismas características; sigue a Alvarenga o Armas en la Asamblea Nacional para sopesar sus argumentos. Allí está la salvación del futuro lejano. Acepta con ecuanimidad que ese futuro sí está lejano, pero que Dios provee todo en el tiempo.
- Goza de tu vida en Venezuela, donde el clima es excelente y la vista del Ávila inmejorable; aprecia tus amigos y familia, que son lo único que da felicidad; disfruta de Laureano Márquez porque te aligera la tarea de ser antichavista buena y te da pistas sobre cómo mejorar tu desempeño como tal; lee mucha historia para darte cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol, que hemos sobrevivido cosas peores y que lo único que puedes hacer frente a lo absurdo de la existencia es luchar, como recomendó Jean-Paul Sartre hace muchos años.
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