Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Desquicio colectivo

Janet Kelly
jkelly@newton.iesa.edu.ve

El Nacional del 5 de noviembre de 1998

Es un axioma de la psicología que, cuando la gente se sobrecarga de emociones, pierde la capacidad para pensar racionalmente. Omar Estacio podría investigar en los manuales psiquiátricos el cuadro clínico de este fenómeno, pero un trabajo de campo sirve igual para detectar el mal en un gran número de venezolanos. Esta semana, las emociones colectivas corren tan rápido como un carterista en El Silencio y, como era de esperar, se vociferan insensateces por doquier.

El nivel de emoción se asocia con el grado de incertidumbre prevaleciente. Los chavistas han estado en una montaña rusa que los subió a las alturas del triunfalismo precoz, para luego mostrarles el precipicio hacia donde podrían descender. Los masistas y pepetistas se congratulan con su alianza patriótica un día y temen por su supervivencia el otro. Los adecos están muertos del susto frente a una humillación terrible que, seguramente, traerá como cola una onda de castigos y recriminaciones. De los copeyanos, ni hablar: están corriendo hacia las salidas, pero en la estampida se están pisando los unos a los otros. Los salistas esperan el 8 de noviembre sin respirar, porque no pueden predecir el efecto de unas elecciones en las que no tengan figuración. La clase media compra enlatados por si acaso y la clase C-D-E, la mayoría, vacila entre sus ganas de armar un berrinche como un muchacho malcriado y sus dudas acerca de las consecuencias.

El desquicio toma formas cotidianas raras. En mi taller mecánico, no pueden con la avalancha inesperada de clientes, quienes quieren tener su carro reparado antes del viernes 6; como si no hubiera mañana. En la zona rental de la UCV, abre el sábado la feria internacional del libro, pero es difícil que la gente quiera trabajar durante esos días, porque viven en sitios "delicados", o porque no quieren estar en un sitio tan cerca de la universidad; como si la ciudad fuera a volverse un campo de batalla en lugar de la parrillera universal en que suelen convertirse los domingos electorales, o como si los estudiantes fueran a organizar protestas callejeras en lugar de atender las mesas de votación.

Los intelectuales, que deberían estar vacunados contra el embate de las alteraciones de adrenalina, no se diferencian mucho de la masa neurótica. Se asoman a las ideas, pero no completan el proceso de raciocinio. Ramón Escovar Salóm, usualmente un hombre comedido, sugirió en su columna que hay que simplificar el Estado. Buena idea, totalmente alineada con la tesis expuesta por Ramón Piñango en el número más reciente de Debates IESA dedicado al tema "Gobernar en Venezuela". Pero Escovar concluye que, para simplificar el Estado, sería lógico eliminar las Asambleas Legislativas y unificar las policías a nivel nacional. ¿Será que quiere que los gobernadores sean dictadores locales que gobiernan por decreto? ¿Será que cree que es más simple tener una estructura gigantesca para prestar un servicio que debe ser sensible al contexto local? Lo mismo se podría preguntar sobre la propuesta de Alfaro y Claudio de que los maestros se unan obligatoriamente en un solo sindicato: ¿la madre de todas las hueglas? Otros quieren reducir el número de ministerios, como si esto produjera una reducción automática de cargos burocráticos en lugar de un aumento en la complejidad de estos organismos. Otros más quieren despolitizar el sistema judicial por un medio tan alocado como la elección popular de los jueces. Igual de preocupante es el clamor por la elección del Contralor, uno de los pocos cargos públicos cuya reputación se mantiene limpia.

La insania más generalizada, sin embargo, es el afán por la Constituyente. Aparte del hecho comprobado de que la gente común no tiene la más mínima idea de qué se trata, quienes deberían haber leído en algún momento el texto de la Constitución parecen igualmente ignorantes con respecto a su contenido. Ignoran el hecho de que casi todos los cambios políticos que desean se pueden efectuar mediante leyes de menor categoría. Ignoran el hecho de que la Constitución exige que tengamos partidos políticos internamente democráticos, un sistema judicial imparcial, organismos electorales independientes, un sistema económico basado en la justicia social, presupuestos equilibrados; todo en un Estado independiente, federal, representativo, democrático, responsable y alternativo. Los males de la República no tienen relación alguna con su Constitución. Hasta ahora, nadie ha señalado ningún aspecto concreto que requiera que empecemos desde cero. Quizás el lunes que viene, o el mes que viene, la gente regresará a sus casillas. Ojalá.



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.