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Desde las gradas en la Gran Manzana El Nacional del jueves 17 de junio de 1999 Estaba en las gradas más lejanas, es decir, la mesa número 00 en el Waldorf Astoria, y me faltaban los binóculos para discernir bien a nuestro Comandante en Jefe en su presentación frente a la sociedad financiera de Nueva York. Pero se oía bien, incluso la horrible bienvenida al «presidente de Colombia», error propio de un anfitrión que debe ver pasar a tantos invitados especiales que se entremezclan en su agenda mental. Chávez mostró su buena educación y agilidad retórica al disculparle la equivocación con una referencia elegante a la feliz asociación entre dos países unidos por una historia común. Un punto para Venezuela; Nueva York en desventaja. Se mantuvo el ritmo y el presidente salió victorioso, con un discurso que logró ser de él, sin trasgredir las pautas de la localidad. Como dijo Chávez con su inglés bien practicado, «si tienes éxito en Nueva York, lo tendrás en cualquier parte». No fue tan así para todo el equipo. Asistimos a una reunión en el Consejo de las Américas, esta vez con los representantes gubernamentales del área económica. Liderados por el ministro Giordani, quien hizo la presentación formal del plan económico, el pánel oficial no pudo mantener el buen ambiente creado por su jefe. Desafortunadamente, se perdió una oportunidad dorada para que luciera un equipo coordinado y coherente; en lugar de detallar la estrategia económica, el ministro de planificación no hizo más que repetir una lista de objetivos deseables e insistir que se lograrían, por medios no muy específicos y ciertamente no cuantificados. Demoraba en llegar el retroproyector, no había copias del «Programa Económico de Transición 1999-2000», no se oía la voz del ministro, en fin, se dio la impresión de una falta de planificación lo contrario del objetivo de la sesión. Se esperaba que las preguntas y respuestas continuaran hasta las seis de la tarde, e inexplicablemente, a las 5:20, Giordani anunció que todos tenían que irse corriendo para llegar a tiempo al estadio para un partido que, se sabía, no empezaría sino a las 7:20 de la noche. Enojo de la moderadora. Enojo de la delegación empresarial venezolana y neoyorquina. El acto terminó sin aplausos. Las molestias en lo chiquito quizás no afectaron el impacto positivo general. Antonio Giner levantó las esperanzas para la privatización y Clemente Scotto tocó el tema del aluminio, aunque su mapa escolar consolidó la imagen de baja tecnología ni tirro había para pegarlo. Alí Rodríguez y Roberto Mandini comunicaron seguridad y coordinación, aunque con una diferencia sutil sobre las perspectivas del mercado petrolero: Rodríguez estima la producción como función de la demanda mundial y Mandini busca aumentar la tajada proporcional del país dentro del mercado. A lo mejor, lo más importante ocurrió en las reuniones privadas, el desfile de intereses particulares que hicieron su cola para hablar con el presidente mismo, tomando el pulso del país con el apretón de manos individual, donde el calor personal sella las relaciones y la mirada concentrada de Chávez confirma su atención a las preocupaciones de los inversionistas. Dos cosas me impactaron durante la visita de Chávez a Nueva York. La primera es el alto grado de concentración del poder en una sola persona, fenómeno confirmado por la desesperación de la gente por estar cerca del él, de conseguir sus treinta segundos «a solas» con el presidente, presionando contra la muralla de los guardaespaldas, dando empujones poco elegantes a sus competidores, pasando tarjetas de presentación a los edecanes, hablando sin sonrojarse de sus negocios, buscando, ¿será?, ser recordados. Contraproducente, piensa uno. Un gobierno unipersonal, dice otro. La segunda cosa llamativa fue la evidencia de un ascetismo excesivo en cuanto a la presentación del país. Si bien es admirable el esfuerzo por proyectar una imagen diferente de la Venezuela saudita de antaño, tal insistencia en la sencillez no debería opacar el mensaje necesario de orden, profesionalismo y coherencia. Por algo existen empresas que se dedican a pulir las presentaciones, cuidar la logística y anticipar el carácter de cada audiencia. Por algo existen asesores financieros. La visita a Nueva York tuvo un solo propósito: Venezuela requiere lograr un nuevo perfil de su deuda externa a un costo menor. Necesita, para eso, profesionales de la finanzas que sepan hablar el idioma de las finanzas internacionales. Chávez reconoce que necesita tener éxito en Nueva York, pero él no puede solo. La Gran Manzana todavía espera la llegada de un equipo negociador de altura. Así se vio la visita desde las gradas. |
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