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Luis Raúl, una carrera

Janet Kelly
jkelly@newton.iesa.edu.ve

El Nacional del 13 de noviembre de 1997

Hace unos cuantos meses, recordando mis primeros años como profesora en Venezuela, les prometí a mis lectores escribir sobre Luis Raúl Matos Azócar, estudiante destacado que asistió a unos cursos míos dedicados al análisis de políticas públicas a principios de los ochenta y cuyos pasos he ido siguiendo. Nada mejor que la biografía de los actores para entender la naturaleza de un sistema político.

El primer tecnócrata. En la Bolívar, Luis Raúl llegó con fama por su trabajo como director ejecutivo de Conicit, donde había representado una nueva generación de tecnócratas: jóvenes influyentes por sus conocimientos y su dedicación a la modernización (aunque no le hacía daño su alcurnia adeco-monaguense). No contento con sus laureles, Luis Raúl decidió prepararse aún más en un momento en que estaba alejado del sector carlosandresista por su crítica del Sierra Nevada. Tan buena era nuestra relación que me pidió ser tutora para su tesis de maestría aunque mucho después trabajó con otro profesor.

El estratega. 1983: Luis Raúl estableció la Fundación Cerel, su "think tank" personal, donde nos veíamos con cierta frecuencia durante ese año electoral. Allí conocí a las hermanas Rangel, Beto Finol, Félix Séijas y muchos otros del mundo adeco. Acepté trabajar en una investigación cuyo propósito era indagar sobre las preferencias de las élites del país. ¡Qué buen proyecto para quien iba a diseñar una estrategia electoral para el futuro candidato! Pronto me sentí incómoda en una labor cada vez más política, y me fui.

Ministro. Premiado el estratega, ahora se encuentra como Ministro de Cordiplan de Lusinchi. Unos días después de las elecciones, la secretaria se refirió a la nueva situación de su equipo al decir: "Ahora que estamos en el poderÉ". Luis Raúl atrajo a los mejores para su ministerio—Ricardo Hausmann a planificación a corto plazo y Ana Julia Jatar de la Polar-Grupo Roraima para la elaboración del séptimo plan. El chileno allendista Carlos Matus proponía la creación de una sala de situaciones en el ministerio para monitorear el pulso de la socioeconomía y le vendió a Matos un programa medio faraónico de entrenamiento masivo de los funcionarios del sector público para difundir el enfoque estratégico en todo el Estado. La pareja Jatar-Hausmann, aisladamente, elaboró una plan de la Nación que contemplaba una temerosa liberación de la economía. Mientras tanto, completé mi separación de Matos cuando Julián Villalba yo y presentábamos en Fedecámaras en 1984 un estudio que proponía el abandono de mitos exagerados acerca del estatus "estratégico" de las empresas del Estado. Pero Luis Raúl ya estaba en otra onda, protestando la política lusinchista de transferir miles de millones en subsidios a los empresarios que se habían endeudado en dólares. Matos asumió una posición principista con coraje y tuvo que salir del gobierno, ganando unos enemigos entre el empresariado. Alguien me comentó que había quemado toda oportunidad de una carrera política. ¡Palabas equivocadas!

El exiliado. Tengo memorias confusas de las andanzas de Luis Raúl después. Estuvo en Estados Unidos y, según me contó él, construyó un modelo poderoso de los grupos de presión, que le permitiría mapear posiciones en el mar de intereses que es el país. Debe haber hecho algo para ganar la vida. Sale de Acción Democrática. Se ubica como anti-neoliberal, desdeñoso de los neo-tecnócratas que no entendían, como él, la dinámica del país. Resiste las privatizaciones y emite opiniones que lo coloca al lado de un Caldera anti-partido, anti-reforma y anti-mercado.

Ministro de nuevo. Unas maniobras para que Matos quedara como ñapa en el Congreso de 1994, pero, por los errores de Julio Sosa, llega al ministerio más poderoso. Con una prestidigitación milagrosa, enamora a los empresarios con ambiguas promesas de que resolvería los escollos económicos, el desastre bancario, el control de cambio, el estancamiento económico. Se presentan varios planes, todos pálidos ante la realidad y, al fin, el ministro se rinde ante el Fondo Monetario Internacional, con un proyecto ortodoxo brillantemente presentado como criollo y novedoso. Se reconcilia con Alfaro, quien lo defiende como a un hijo. Ahora, cuando se ven los resultados positivos (¿por la apertura petrolera o por la Agenda Venezuela?), su estrella asciende —el momento de mayor peligro. Sus viejos enemigos se organizan para tumbarlo. Cae en la arrogancia del poder y gasta nuestros reales en una campaña contra sus detractores que da la razón a quienes temen un gobierno con un monopolio de la información veraz. Sus días en el ministerio están contados, independientemente de que se censure o no. Pero como el fénix....

¿Qué es lo que nos enseña esta pequeña biografía, que representa quizás algunas memorias borrosas? Llueve y escampa, diría otro viejo enemigo de Matos. Luis Raúl probablemente analiza los hechos con igual frialdad. El mapa de los intereses es de difícil interpretación, pero estudiándolo bien, siempre hay una oportunidad para ubicarse de nuevo en la geografía política, donde el poder es el objetivo. Y Luis Raúl siempre ha sido buen estudiante.



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