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Teorema de la imposibilidad El Nacional del jueves 4 de noviembre de 1999 El premio Nobel Kenneth Arrow desarrolló hace muchos años un concepto ya conocido entre los filósofos, que ha llegado a conocerse como "El Teorema de la Imposibilidad" de Arrow. Según él, existen situaciones en que no es posible determinar una ordenación racional de las preferencias de una sociedad. Esta verdad la demostró Arrow con tal claridad que cualquier estudiante de políticas públicas tiene que aceptarla, aunque le parezca odiosa y repugnante adoptar una idea tan contradictoria. En efecto, se puede lograr una mayoría a favor de a sobre b, y de b sobre c, sin que la misma colectividad necesariamente prefiera a sobre c. Nunca he entendido porqué la gente se inmuta tanto frente a este teorema, cuando observan diariamente irracionalidades por doquier. El ciudadano añora la justicia para todos y queda pasivo ante el salvajismo de sus cárceles; pide honestidad de parte de sus gobernantes y evade pagar sus propios impuestos. Si así es la gente en singular, no es sorprendente que se complique aún más en plural. La Asamblea Nacional Constituyente no se escapa de la inconsistencia natural en los asuntos del hombre y nos ofrece un laboratorio público para observar la cotidianidad de la comedia humana. Allí cabe de todo, en una amplia gama de colores y sabores desde el artículo uno al cuatrocientos. Nadie debe haber esperado otra cosa. Lo interesante es ver cómo se resuelven las contradicciones, para que las irracionalidades más obvias no se perciban y para que vayamos todos a votar «sí» sin un exceso de dolor de estómago. Siendo la antinomia nuestro acompañante fiel, los seres humanos hemos inventado múltiples mecanismos para seguir adelante, sin ni siquiera darnos cuenta de nuestras inconsistencias. Más por viejo que por diablo, tenemos un Miquilena que conoce todas las modalidades de defensa y las administra con sabiduría. En primer lugar, tenemos la evasión, mecanismo aplicado sistemáticamente para prohibir el reconocimiento de las anomalías. Se puede, por ejemplo, negarle la palabra al disidente ruidoso o mandar el mensaje a las ovejas de que el rebaño no hará caso a la voz discordante. ¿Será incomprensible que se dé un mandato constitucional para hacer un facsímil del Seguro Social con el objetivo de lograr un sistema de salud mucho mejor que el que nos dio el mismito Seguro Social? No importa la anomalía, amigos: ¡hemos logrado que en el futuro no se comercie con la salud! ¡Próximo artículo! Ayuda en el proceso de suprimir la antilógica algunos aspectos procedimentales. La velocidad es el enemigo del pensamiento cuidadoso, por ejemplo, todo prestidigitador aprovecha la lentitud de nuestras conexiones cerebrales para convencernos de que hizo lo que hizo sin trampa. Pero trampa hay, aunque no nos fijemos. Igualmente, el hilo de la racionalidad y la consistencia es difícil de seguir cuando la premisa y la consecuencia se separan en el tiempo. Que hayamos dicho el lunes 25 que respetamos la libertad no impide que dictemos otro artículo el jueves 4 que la restrinja de manera sorprendente. Que se haya repetido en todas las comisiones el valor de una constitución de principios no impide que se vayan añadiendo artículos reglamentarios sobre la marcha. Irracionalidad intertemporal, podría denominarse. Cuando todo falla, y la inconsistencia se niega a esconderse, siempre quedan los recursos de la ambigüedad, la omisión y el diferimiento. No hay una expresión tan útil y tan ambigua como el muy utilizado «interés social», por ejemplo, que permite todo al Estado cuando esté presente, y lo limita absolutamente cuando no esté en juego. ¿Qué es el interés social? Bueno, es lo que usted quiera y, por eso, logra consensos totales que facilitan el voto. Por otra parte, el recurso de la omisión funciona mejor cuando nadie se da cuenta, pero sobre la Constituyente hay tantos zamuros cuidando su carne que no es fácil lograr omisiones inadvertidas. Alguna mano peluda eliminó el texto de una garantía al consumidor para que tuviera derecho a los precios más bajos y Franceschi la pescó; claro, la derecha no quiso aquello, porque asignaría un rol indebido al Estado y tampoco la izquierda: Miquilena le explicó al rebaño cómo los japoneses pagan siete veces el precio internacional por su arroz protegido para alabar las bondades de la protección y Franceschi se encontró solito, abandonado por los dos extremos ideológicos. La omisión recibió full apoyo. El diferimiento, por supuesto, es la última solución cuando todo lo demás falla. ¿Hay que satisfacer a los alzados del ala dinosáurica que quieren sus prestaciones retroactivas, aunque esto sea una insensatez del tamaño del tiranosaurio rex? ¡Pásalo a las disposiciones transitorias! ¡Próximo artículo! Todo es fascinante, como el drama político mismo de esta revolución hasta ahora tan mansa. Es absurdo hacerlo todo tan rápido, pero también es absurdo no terminarlo ya, debido a que más discusión no asegura para nada mayor racionalidad. Todo lo contrario. Por mi parte, como el resto del país, votaré mi sí, porque siempre podemos pelear las ambigüedades el año que viene. Para eso son. ¿Qué tal pensar desde ya las enmiendas? Nada es imposible. |
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