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El condicional «gabacho»

Sevilla, 7 de abril de 2002

Uno de los usos periodísticos más criticados y, a la vez, más utilizados es el llamado «condicional de rumor». Se denomina así al empleo del potencial para indicar que el redactor cuenta una noticia que no está fehacientemente comprobada cuya veracidad esté fuera de toda duda. Veamos algunos ejemplos:

  • El presidente del gobierno estaría pensando en remodelar su gabinete.
  • Según el presidente Musharraf, Osama bin Laden habría muerto durante los bombardeos estadounidenses.
  • Mitterrand habría financiado la campaña de Kohl.

Hallar en la prensa de cualquier país hispanohablante ejemplos de este tipo es tarea fácil porque, como les decía al principio, a la par que los gramáticos insisten en censurar su uso, los periodistas lo utilizan cada vez con más frecuencia. Nos encontramos, pues, ante la paradoja lingüística de que la gramática y el uso parecen seguir senderos diferentes. ¿Será acaso que estamos ante un nuevo ejemplo de la tan traída y llevada ineptitud lingüística de los periodistas?, ¿es esta otra muestra del escaso conocimiento que tienen los informadores sobre su principal herramienta de trabajo? ¿Sucederá, por el contrario, que llevaba razón el mordaz Dino Segre Pitigrilli cuando definió a la gramática como «un complicado instrumento que te enseña la lengua pero te impide hablar»?

Como lingüista de formación y periodista de vocación, comprenderán que no me decante a priori por ninguna de estas posturas. Los comportamientos maniqueos no llevan a buen puerto cuando de cuestiones lingüísticas se trata —en realidad no suelen conducir a puerto alguno—; así que les propongo en cambio que se provean de su mejor espíritu científico y aventurero y me acompañen durante unos minutos en la búsqueda de este complejo, extraño e inasible condicional de rumor. Un empleo periodístico del que solo podemos decir por el momento que cuenta con un gran número de detractores... y con un gran número de usuarios.

¿Un «condicional gabacho»?

En la primera etapa de nuestra travesía vamos a cuestionar uno de los argumentos más utilizados a la hora de censurar este uso informativo: su origen francés. Es opinión generalizada entre los lingüistas que utilizar el condicional para expresar que no se sabe algo con certeza es un claro barbarismo de procedencia gala. En su obra El dardo en la palabra, Fernando Lázaro Carreter nos ilustra al respecto con su habitual estilo,

Lleva años este obstinado galicismo empujando la puerta del idioma, sin mayores consecuencias, pero en las últimas semanas ha podido verse en numerosos titulares de prensa. Y es puro francés: X rencontrerait Y procheinement. ¿Por qué ese avance repentino? Sólo puedo atribuirlo al afán urgente de los grupos por diferenciarse y jergalizarse. [...] Pero el idioma cuenta, para advertir que algo no está comprobado, con propios y acreditados recursos; «Se dice...»; «Parece ser que...»; «Aseguran...»; «Es probable o posible que...»: ¡tantas fórmulas que se extienden de los Pirineos a los Andes!

Es interesante lo que nos dice Lázaro Carreter, pero más interesante aún es lo que se calla. Porque en francés se utilizan igualmente expresiones como «Il paraît que...»; «Il semble que...»; «On raconte que...»; y a nadie se le ocurriría decir que los anteriores ejemplos citados por don Fernando son préstamos del francés. Así pues, ¿en qué nos basamos realmente para establecer que este tipo de condicional —que como hemos visto también se usa a ambos lados del Atlántico— es efectivamente un galicismo?

Según las gramáticas prescriptivas de nuestro idioma, el condicional puede ser utilizado en los siguientes casos:

  1. Como oración principal de un periodo condicional: «Si quisieras, lo harías». «Si lo hubiera sabido, habría venido antes».
  2. Como expresión de probabilidad referida al pasado: «En el concierto de ayer habría unas mil personas»; o al futuro: «No me gustaría verte caer en la bebida».
  3. Como fórmula de cortesía: «¿Le importaría dejarme pasar?»
  4. En una narración, como futuro del pasado en sustitución de un pretérito simple: «Primero se licenció en Medicina y, años más tarde, se doctoraría en Psicología».

Si nos fijamos en las oraciones del tipo 2, comprobamos que el condicional viene pintiparado para expresar probabilidad o incertidumbre, esto es, para indicar aspecto de irrealidad. Comprueben la diferencia entre las siguientes respuestas de este diálogo:

A) ¿Por qué no vino ayer Pedro a clase?

B) Hizo rabona / Haría rabona.

Mediante el pretérito simple afirmamos con rotundidad, mientras que con el condicional mostramos bien a las claras que no estamos seguros de que nuestro compañero hiciera realmente novillos. Así pues, podemos utilizar el condicional en español para mitigar una afirmación; justo lo mismo que hace un periodista cuando nos dice que «El presidente del gobierno estaría pensando remodelar su gabinete». Es cierto que en nuestro idioma existen muchas y variadas maneras de expresar lo mismo sin utilizar el condicional, eso es obvio. Pero ello no significa que el condicional de rumor sea un uso totalmente ajeno a nuestra lengua. Por eso, resulta desconcertante que los libros de estilo de tantos medios de comunicación desaconsejen este uso... porque es un galicismo, como si esa supuesta procedencia foránea fuese un pecado de lesa patria. Nuevamente Lázaro Carreter,

Por lo que se ve y se oye, el condicional de rumor ha sido liberado por fin, al parecer, de las formalidades impuestas por la ley de extranjería.

Delicioso, ¿no es cierto? Eso es finiquitar la cuestión con ironía y buen humor. Ya puestos en plan sarcástico, mejor haríamos en evitar el nombre de «condicional de rumor» y llamar a este uso directamente «el condicional franchute» o «el condicional gabacho». Y a ver entonces quién es el guapo —o el «traidor»— que se atreve a utilizarlo. En fin, me imagino que Fernando Lázaro no intenta ni por asomo utilizar la xenofobia lingüística ni el Rh para censurar este uso periodístico; eso no sería propio de un científico. Así que deduzco de toda su hilarante intervención que este eminente académico lo que quiere dejar claro es que en francés —al contrario que en español— utilizar el condicional para expresar precaución epistemológica es un uso normativo.

De hecho, así lo especifica M. Grevisse en su Précis de grammaire française cuando nos dice que mediante el potencial no siempre se enuncia un hecho sometido a una condición, sino que se emplea también para expresar una afirmación atenuada: «Un accident aurait eu lieu à l«usine; il y aurait dix morts» («Un accidente habría tenido lugar en la fábrica; habría diez muertos»). Estamos, sin duda, ante una estupenda manera de contar algo sin que se nos pueda achacar luego que hemos mentido. Mediante el condicional explicitamos, además, que la información que suministramos no la conocemos de primera mano. Quizá por esta razón, en francés este uso del potencial se denomina « conditionnel d’écho », « l’information incertaine » o « conditionnel journalistique ».

Como este empleo no tiene mucha tradición en español, es lógico pensar que lo hemos adoptado de la lengua francesa donde sí que tiene rango normativo. Sin embargo, conviene no olvidar que los préstamos gramaticales no ocurren ni con la frecuencia ni con la facilidad con la que se acogen barbarismos léxicos. La sintaxis es un sistema cerrado poco propicio a la variación y, menos aún, a la aceptación de extranjerismos. De todo ello podemos deducir que con este «condicional de rumor» hemos adoptado del francés una función del potencial que ya estaba latente en nuestro idioma.

Por último —y para terminar ya con la cuestión del origen—, es sugerente recordar que este empleo del condicional comenzó antes en América que en España. Rosenblat atestiguó ya su uso en la prensa caraqueña de mediados del siglo pasado y, según Manuel Seco, llegó a España a través de las noticias provenientes de los territorios hispanoamericanos. Así pues, strictu sensu, estamos ante un galicismo que bien podría ser calificado también de americanismo. Afortunadamente —y aunque a algunos no parezca gustarles demasiado—, los préstamos entre las lenguas no entienden ni de Pirineos ni de Atlánticos cuando de saltarse las fronteras se trata.

¿Un condicional incomprensible?

El segundo argumento que se esgrime para censurar el uso del potencial con valor de información no probada es su presunta anfibología, su ambigüedad. Se parte de la hipótesis de que un tiempo condicional debe formar parte obligatoriamente de una oración condicional. Esta es la opinión de Álex Grijelmo quien en su obra El estilo del periodista nos comenta lo siguiente,

Uno de los peores fallos de lenguaje que puede cometer un periodista viene dado por el mal uso del condicional, para hacerlo pasar por una posibilidad o probabilidad informativa. Por ejemplo:

»José María Aznar negó ayer en Roma que su política respecto a Cuba esté dictada por EE.UU. o responda a la devolución de un favor al exilio cubano por la ayuda financiera que éste le habría prestado en su última campaña»

»López de Arriortúa se habría llevado documentos estratégicamente relevantes sobre avances tecnológicos e industriales de General Motors».

»Pero Amedo fue más lejos. Puso al juez sobre la pista de unos empresarios que le habrían donado ese dinero».

Lo que se está diciendo con esas frases difiere mucho de lo que se quiso decir. Porque realmente se asegura que Amedo habla de unos empresarios que se plantearon donar un dinero pero finalmente no lo hicieron: «Habrían donado ese dinero... si hubiesen podido». Es decir, implica la seguridad de que no ocurrió así. Y lo que se quiere decir consiste en que tal vez unos empresarios donaron dinero. Por tanto, una probabilidad. En otro de los ejemplos se cae en el absurdo, porque plantea que Aznar agradece un favor que en realidad no se le hizo. «Ayuda que le habrían prestado».

Estamos de acuerdo en que la redacción y el estilo de las noticias anteriores dejan mucho que desear: se podría haber dicho lo mismo de una manera mucho más elegante y clara. Sin embargo, la explicación teórica en la que Grijelmo basa sus críticas no es convincente. Y no lo es porque obvia un hecho incuestionable: el lector entiende perfectamente qué es lo que quiere decir el periodista y comprende, además, cuál es su intención comunicativa. De hecho —y esto es lo que parece olvidar Grijelmo—, la presencia de un condicional no significa que estemos ante una prótasis que deba ser seguida por su correspondiente apódosis. Esto es algo que podemos comprobar en el siguiente diálogo:

A —¿Por qué no estuvo Pedro aquí ayer?

B — No sé. Se iría al cine.

Aquí vemos cómo hay un condicional simple que no forma parte de una oración condicional. Y, sin embargo, entendemos perfectamente que B está hablando de una posibilidad y no de una certeza. De igual manera, lo que el lector entiende cuando se encuentra con ejemplos como los que cita Grijelmo es que el periodista no pone la mano en el fuego, que prefiere no jugarse el tipo, que acaso habla de oídas; en definitiva, que utiliza el condicional para cubrirse las espaldas. Así pues, la teoría de que el condicional de rumor es un uso agramatical no se sostiene por más sesuda que parezca.

Hay que tener en cuenta, sin embargo — y en descargo de Grijelmo—, que hay ocasiones en los que este uso del condicional de rumor puede producir auténtica confusión, sobre todo en el caso del condicional compuesto. Ante este titular: «Helmut Kohl habría celebrado su treinta aniversario con un gran derroche de dinero», uno puede preguntarse si la fiesta llegó a celebrarse o no. Pero usualmente los titulares de un periódico suelen ir precedidos de un antetítulo: «Su esposa se suicidó días antes», o «Sospechas sobre los ingresos del ex canciller». Resulta evidente que con el primer antetítulo la fiesta no llegó a celebrarse, mientras que con el segundo la celebración sí que tuvo lugar, y lo que se pone en cuestión es la procedencia del dinero gastado.

Frente a la Gramática, Pragmática

Vemos cómo ni el origen francés ni la teoría gramatical prescriptiva aciertan a desvelar la bruma en la que nos hayamos sumidos ni nos provee del viento necesario para salir de la calma chicha en la que se encuentra nuestra travesía. Sin embargo, aparte de la Etimología y la Gramática, existe otra rama de la Lingüística que puede resultarnos tan útil como el mejor de los alisios. Esta disciplina se llama Pragmática y, lejos de preocuparse por lo que es correcto o incorrecto, se basa en el estudio descriptivo del lenguaje teniendo en cuenta el contexto en el que se produce la comunicación.

Abandonemos, pues, nuestras viejas cartas de navegación gramaticales y sigamos una nueva ruta basada en la Pragmática. Confiemos en que, de esta forma, al menos evitaremos caer en el absurdo de sentenciar que el condicional de rumor es un error más del gremio de los informadores; una sugerencia que a estas alturas de viaje resultaría tan naïve como lo sería declarar en pleno siglo XXI que la Tierra sigue siendo plana.

Evidentemente, los «evidenciales» existen

Sea un galicismo o no, sea un uso agramatical o no, lo cierto es que el condicional de rumor se utiliza frecuentemente en el lenguaje periodístico. También es cierto que hay otras formas más naturales en español de expresar que conocemos algo porque nos lo han contado o porque lo hemos inferido: «Se comenta que...»; «Al parecer...»; «Según fulanito o menganito...», etc. A los marcadores léxicos, morfológicos o sintácticos encargados de suministrar este tipo de información se los denomina evidenciales citativos. Todas las lenguas cuentan con este tipo de marcadores, aunque no todas utilizan los mismos recursos gramaticales. En francés ya hemos visto cómo el condicional es un uso normativo para desarrollar esta función pragmática; en quechua, por ejemplo, existe un tipo de morfemas que indican si la información que proporcionamos la tenemos de primera mano —si hemos sido testigos de ella— o si nos la han suministrado. Así pues, los evidenciales existen, y los utilizamos cuando no podemos atestiguar que conocemos una noticia fehacientemente, algo que les ocurre a los periodistas con demasiada frecuencia.

¡Tierra...!

En su obra Los procedimientos de cita: citas encubiertas y ecos, la profesora argentina Graciela Reyes opina que el condicional y el imperfecto son los dos tiempos verbales españoles encargados de transmitir precaución epistemológica. Nos dice al respecto,

Veamos un ejemplo en que el condicional está encargado de transmitir significado evidencial. Este uso del condicional [de rumor] no se observa en el coloquio cotidiano, sino en textos más formales, especialmente los de los periodistas y los políticos. El pasaje [que sigue] está tomado de un informativo de televisión. El presidente de un país sudamericano, de viaje por Europa, contesta a los periodistas, que le preguntan sobre movimientos sospechosos de tropas en su país:

»[Hablé por teléfono esta mañana con el vicepresidente y con el ministro de Interior]. Puedo asegurar [...] que no hay motivos para inquietarse. Habría, en efecto, cierto malestar en algunos generales.»

El condicional habría cumple funciones de evidencial citativo: usándolo, el presidente no se compromete a afirmar del todo que los generales están molestos; eso es algo que le dijeron. Probablemente sea cierto (si no, el presidente lo negaría, y sabe que sus oyentes saben que lo negaría), pero él prefiere afirmarlo con cautela.

Los periodistas hacen lo mismo, para dejar a salvo su responsabilidad, indicando que la noticia proviene de otras fuentes, mencionadas o no. Nótese que estas fuentes tienen que ser autorizadas, para respaldar la afirmación, de modo que el evidencial por una parte protege al que cita, y por otra da validez a su información. [...] La aserción con evidenciales es siempre más débil que una aserción plenamente asumida, pues el hablante, por razones que tienen que ver con su rol social, la función de su discurso, sus intenciones y las expectativas de sus destinatarios, no puede «jugarse el tipo» aseverando algo que le llega por terceros.»

Con estos párrafos, basados en la pura descripción de la lengua, Graciela Reyes consigue congraciar lingüística y uso. Nuestra búsqueda, pues, parece que llega ya a su fin. 

El cofre del tesoro

Con el cofre del tesoro ya en nuestras manos, tan solo nos resta abrirlo y comprobar cuáles son las conclusiones que podemos obtener de nuestra expedición:

  1. El condicional de rumor se usa, ergo est.
  2. Los lectores y los oyentes entienden perfectamente el sentido pragmático de este uso. No piensan que están ante un lapsus del redactor como, por ejemplo, escribir «infringir » por «infligir», sino que realmente saben qué es lo que el periodista quiere decir cuando utiliza ese tiempo verbal.
  3. Estamos seguramente ante un préstamo del francés, lengua en la que el uso del condicional con valor conjetural es normativo.
  4. En español no estamos ante un uso agramatical, sino modal, que es diferente.
  5. Su uso puede aparecer ambiguo en ocasiones, sobre todo con el condicional compuesto, pero el contexto se encarga de acabar con las posibles sirve para aclarar las posibles anfibologías.
  6. Es un empleo jergal, propio del gremio periodístico, pero la intención comunicativa del periodista no es la de diferenciarse del habla del resto de los ciudadanos. Hay que entender el sentido de «jerga» desde una perspectiva pragmática: la utilización específica del lenguaje en una situación comunicativa concreta.
  7. El periodista lo utiliza porque no tiene certeza de la veracidad de lo que cuenta, bien sea porque su conocimiento es inferido o porque no conoce la noticia de primera mano.
  8. La denominación «condicional de rumor» no es muy precisa. «Condicional de información no probada» o «condicional con valor conjetural» se acercan más a su verdadero significado.
  9. No hay razón para considerar a este tipo de condicional fuera de la norma. Que su uso esté restringido a un contexto comunicativo concreto no significa que carezca de utilidad o sea agramatical.
  10. Por último, si los lingüistas continuamos enseñándoles a los periodistas que estamos ante un error gramatical o ante un odioso barbarismo, la realidad puede que nos deje con las vergüenzas al descubierto. De hecho, y dada la frecuencia de este uso en los medios de comunicación, puede que ya lo estemos.

 No es oro todo lo que reluce

Una vez en tierra y leídas estas conclusiones, ustedes estarán ya deseosos de dedicarse a otros menesteres más agradables. Sin embargo, van a permitirme que les haga una última reflexión a título meramente personal. En mi opinión, el uso en los medios de comunicación de este tipo de «condicional de información no contrastada» es innecesario en muchas ocasiones, y poco elegante en casi todas. Quienes están encargados de informar deben hacer lo que se les supone: transmitir información; y las noticias no verificadas no son noticia, o al menos no deberían serlo. Por ello, el uso de los evidenciales —cualquier tipo de evidenciales— no casa bien con la profesión periodística. Hay ocasiones en que la actualidad es tan vertiginosa que el periodista se ve impelido a hablarnos de acontecimientos que todavía no se han podido demostrar; y en estos casos el condicional de rumor es un uso legítimo y práctico. Pero muchas veces los evidenciales sirven tan solo para poder propagar rumores sin fundamento; y esto va contra la propia ética de la profesión.

En caso de que hable por terceros, un profesional que se precie suele citar sus fuentes con nombres y apellidos, salvo que estas le hayan exigido el anonimato. Si el periodista no nombra sus fuentes, o lo hace pero se escuda a la vez en los evidenciales citativos, se debe a que con este tipo de fórmulas esconde su propia opinión, su propia incompetencia o sus propios miedos. El uso y abuso de los evidenciales es, pues, un mal síntoma, una indicación más de que en el periodismo actual la información no es lo primordial.

Por su parte, los lingüistas —que con tanta premura y acidez suelen criticar los usos periodísticos—, también podrían dedicarse un poco más a lo suyo: a investigar con rigor científico el lenguaje periodístico. Parece tarea fácil, pero para lograr ese objetivo no basta con tener conocimientos gramaticales ni con exigir el estricto cumplimiento de las normas; hace falta mente abierta y comprensión sobre los hechos que se están investigando. Hace falta, en definitiva, tener en cuenta el contexto en el que se desarrolla la comunicación.

Así pues, y de manera inopinada, este condicional de rumor con fama de «gabacho» nos revela un último secreto, que ni los lingüistas ni los periodistas cumplen con su verdadera misión. Los primeros porque no saben ver que en el lenguaje periodístico no importa tanto el cómo se nos dice, sino el cómo se nos oculta. Y los segundos porque, en vez de utilizar los recursos de nuestro idioma para describirnos los hechos de manera más clara, más exacta y más cabal, prefieren utilizar la lengua para enmascarar un paulatino, acrítico y preocupante alejamiento de la realidad.

 


Luis Carlos Díaz Salgado en La BitBlioteca

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