Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

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Libro: "Por sus frutos los conocerán"

El caso PDVSA

José Toro Hardy

Miércoles, 17 de octubre de 2012

I parte

Visión geopolítica


Venezuela siempre había sido considerada como uno de los abastecedores de petróleo más confiables y seguros en los mercados internacionales. Ese papel se inicia hacia el año 1938 después que México decide nacionalizar su industria petrolera [1]. A partir de aquel momento, las empresas transnacionales, conocedoras de que en Venezuela existían importantes reservas de hidrocarburos, vuelcan su atención sobre esta nación. El país se transformó en el principal exportador mundial de petróleo, posición que conservó durante mucho tiempo.
En las décadas siguientes una serie de eventos vinieron a conmocionar no sólo la paz de la humanidad, sino también la economía mundial y más específicamente los mercados petroleros. A continuación se presenta un breve resumen de algunas de las situaciones antes descritas, a lo largo de las cuales Venezuela fue capaz de reafirmar su enorme importancia estratégica y geopolítica como productor y exportador de petróleo.

II Guerra Mundial


A raíz de la II Guerra Mundial, Alemania había construido lo que quizás era el ejército más dotado de armamentos poderosos que hasta ese momento hubiese conocido la humanidad. Pero aquella inmensa maquinaria bélica con su enorme movilidad tenía una característica: sed de petróleo; pero petróleo era lo único que no tenía Alemania. Al principio Hitler firmó un pacto con la URSS (pacto Von Ribbentrop – Molotov) para que se lo suministrase. Pero después, siendo tan vital para sus planes, optó por apoderarse de los yacimientos soviéticos. Por eso, a través de la operación “Barbarroja”, Hitler invadió la URSS, con el fin último de apoderarse de los campos petrolíferos de Baku en Azerbayan. Al no lograr su objetivo, la suerte de los nazis quedó sellada[2].

Mientras la movilidad de los Ejércitos alemanes se veía cada vez más afectada por la falta de petróleo, los Aliados tenían un suministro inagotable del producto que provenía fundamentalmente de Venezuela. Cerca del 60% del petróleo que los Aliados utilizaron en la II Guerra Mundial provino del subsuelo venezolano, lo cual le dio al país una inmensa importancia geopolítica.

El petróleo y los conflictos del mundo islámico

Al terminar la II Guerra Mundial, se descubren y desarrollan progresivamente inmensas reservas de petróleo en los países islámicos del Golfo Pérsico. Lamentablemente la historia ha demostrado que las inestabilidades de la región, cuyas causas se remontan a veces a tiempos bíblicos, dan lugar con periódica frecuencia a conflictos que amenazan el suministro a los mercados petroleros internacionales.

A continuación se presenta un breve resumen de esos conflictos y del papel que le tocó desempeñar a Venezuela en cada uno de ellos:

Algunos años después de la II Guerra Mundial, en 1948, con la aprobación de las Naciones Unidas, se proclama la creación del Estado de Israel. Surge entonces un enfrentamiento entre ese país y las naciones islámicas del Medio Oriente, que seis décadas después aún no ha podido resolverse. Con frecuencia estallan conflictos en esa región que amenazan con interrumpir o efectivamente interrumpen el fundamental suministro petrolero de la región.

Entre los conflictos mencionados cabe citar en primer lugar la Guerra de los Seis Días en 1967, que concluyó con una victoria israelí, pero también con la decisión por parte de Egipto de bloquear el Canal de Suez, desarticulando profundamente los mercados petroleros mundiales. El Canal permaneció cerrado por ocho años hasta 1975. Todo el petróleo que antes daba la vuelta a la península arábiga y subía por el Mar Rojo, a partir de ese momento tuvo que darle la vuelta a todo el continente africano para llegar a los mercados. La crisis fue profunda y a Venezuela le correspondió acudir en auxilio de los mismos[3].

En 1969 se produce la crisis de Libia. Muhamar Gaddafi derroca al rey Idris. Algún tiempo después aplica un bloqueo -en pleno invierno- a las exportaciones petroleras a Europa, creando una nueva crisis de graves proporciones en los mercados, pero muy particularmente a las economías

europeas. Ese año Venezuela aumentó su producción hasta superar los 4 millones de barriles diarios, atenuando así las consecuencias de la crisis [4].

En 1973 estalla un nuevo conflicto. Se trató de la Guerra del Yom Kippur (conocida en el mundo islámico como la Guerra de Ramadán). Las naciones árabes procuraron vengarse de la derrota que habían sufrido en la Guerra de los Seis Días. Nuevamente fueron derrotadas por Israel, ante lo cual optaron por aplicar un embargo a las exportaciones petroleras a occidente. Aquello desembocó en el fenómeno conocido como “el primer shock petrolero” cuyas consecuencias fueron funestas para la economía mundial y particularmente para los países del Tercer Mundo. Como de costumbre, Venezuela se declaró neutral e incrementó su producción petrolera [5].

Nuevamente en 1979 estalla otro conflicto. El Sha de Irán es derrocado por el Ayatollah Khomeini dando inicio a la revolución islámica de Irán. Aunque Irán no es árabe, sí es islámico y además un importante productor petrolero del Golfo Pérsico. Aquella revolución provocó la interrupción de la producción petrolera iraní. Las consecuencias en los mercados petroleros fueron una vez más devastadoras y sus efectos se conocen como “el segundo shock petrolero”. Una vez más, Venezuela fue neutral y dio un paso al frente aumentando su producción [6].

Se produce después la Guerra entre Irán e Irak, que duró varios años, a lo largo de los cuales el Ayatollah Khomeini amenazó con bloquear el estrecho de Ormuz por donde sale toda la producción petrolera del Golfo Pérsico. Afortunadamente nunca cumplió su promesa, porque de haberlo hecho, las consecuencias para la economía mundial hubiesen sido graves. Como siempre, el mundo volteó la mirada hacia Venezuela [7].

Concluido aquel conflicto, Saddam Hussein invade –el 2 de agosto de 1990- a su vecino Kuwait, desatando pánico en los mercados mundiales ya que se temía que sus ejércitos seguirían avanzando hacia al sur hasta apoderarse también de los riquísimo yacimientos petrolíferos de Arabia Saudita. Se forma entonces una alianza árabe-occidental que en su primera etapa se conoció como la operación “Escudo del Desierto” para frenar el avance de las tropas iraquíes. Meses después la operación cambia de nombre y pasa a denominarse “Tormenta del Desierto”.

En poco tiempo las fuerzas de Saddam son expulsadas de Kuwait, pero al retirarse, el dictador iraquí hace incendiar más de 800 pozos petroleros. El mundo se queda entonces sin el petróleo de Kuwait, pero también sin la producción de Irak, ya que la ONU le aplica una sanción prohibiendo la compra de petróleo a la nación presidida por Saddam Hussein [8].

En todos y cada uno de los conflictos anteriores, Venezuela se declaró neutral y, además, en cada vez que pudo aumentó su producción petrolera con lo que contribuyó a atenuar los graves efectos que en la economía mundial se producían como consecuencia de la interrupción o la amenaza de interrupción de la producción petrolera en los países islámicos.

Por esa vía, Venezuela llegó a ser percibida como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo, con lo cual desde el punto de vista geopolítico el rol de Venezuela fue adquiriendo cada vez mayor importancia. Nuestro país siempre fue percibido como “una parte de la solución”.

La nueva visión geopolítica del Socialismo del Siglo XXI


Sin embargo, con la llegada del Teniente Coronel Hugo Chávez al poder en 1999, la posición de Venezuela comenzó a experimentar profundas transformaciones, que conducen a la imposición de nuevas condiciones a las empresas que habían suscrito contratos con PDVSA con motivo de la “Apertura Petrolera”. Estas fueron conminadas a aceptar las nuevas condiciones o simplemente a retirarse del país. Muchas aceptaron porque no podían prescindir de la producción que tenían en Venezuela. Otros, como es el caso de Conoco-Phillips y de Exxon-Mobil, recurrieron a arbitrajes internacionales que aún no han concluido. En todo caso, la falta de seguridad jurídica ha contribuido a la pérdida de confianza en el país.

Pero mucho más grave que las reivindicaciones exigidas por el Gobierno en momentos en que las condiciones de los mercados petroleros parecían permitirlo, fueron los cambios profundos en la estrategia geopolítica del país. La nueva visión geopolítica del “Socialismo del Siglo XXI” que adelanta el gobierno del presidente Chávez, queda claramente establecida en el Plan de Desarrollo Económico y Social 2007 – 2013 [9].

Partiendo de la base de que la principal fortaleza de Venezuela es su industria petrolera, el Gobierno está utilizando el potencial energético del país para alcanzar las metas de una nueva etapa geopolítica mundial que promueva un mundo multipolar:

“La construcción de un mundo multipolar implica la creación de nuevos polos de poder que representen el quiebre de la hegemonía del imperialismo norteamericano…” [10]
Entre los objetivos del plan figura:

“la diversificación de las relaciones económicas, políticas y culturales, con la idea de construir un mundo multipolar que quebrante la hegemonía del imperio norteamericano”.

Igualmente se hace hincapié en la necesidad de promover un “intercambio político ideológico con otras naciones alineadas en similares trincheras antiimperialistas o con los polos de poder extra regionales que contribuyan a quebrantar la hegemonía del imperio norteamericano”.

Nada de objetable tiene la intención de promover un mundo multipolar. Lo lamentable es el tinte ideológico socialista al cual se pretenden subordinar todos los demás objetivos del país. Se trata de una inclinación ideológica que fue rechazada por la mayoría de los venezolanos en referendo de fecha 2 de diciembre de 2007. Al igual que en todas las encuestas, en ese referendo quedó claro el rechazo tanto al tipo de socialismo como al modelo cubano que el presidente Chávez pretende imponer.

La alianza Chávez - Ahmadinejad

El Plan pasa a mencionar las nuevas áreas de interés geoestratégicos, entre las cuales se menciona la alianza con Irán. Expresamente se señala entre sus objetivos: “Consolidar la alianza política integral emergente con base en los intereses comunes antiimperialistas” así como la “consolidación de una postura común en los organismos internaciones” [11]

Los acuerdos suscritos entre los presidentes Chávez y Ahmadinejad se encuentran inmersos en los objetivos antes mencionados. Lo verdaderamente delicado en esos acuerdos es que alejan a Venezuela de la posición de neutralidad que tradicionalmente había asumido en relación con problemas de carácter histórico-religioso de aquella región del planeta, que son completamente extraños a nosotros. Posiblemente cumpliendo con los objetivos de la referida alianza, Venezuela decide romper relaciones con Israel.

Adicionalmente, el presidente Chávez se ha comprometido a exportar 20.000 b/d de gasolina a Irán. El valor de esas exportaciones será depositado en un fondo establecido en Irán para financiar la compra y tecnología de ese país. Numerosos otros acuerdos se han suscrito incluyendo la creación de un Banco binacional.

La posición de la revolución islámica iraní tiene una sola cosa en común con el “Socialismo del Siglo XXI” que pregona el presidente Chávez: su enemistad con los EEUU. La revolución iraní define a los EEUU como “el gran satán”. Por su parte, el presidente Chávez le aplica a esa nación los más denigrantes epítetos imaginables, aunque sabe que no puede prescindir del mercado petrolero de esa nación.

La rápida revisión que antes se hizo de los recurrentes conflictos que se originaron en los países islámicos productores de petróleo, lleva a una evidente conclusión: en cada uno de esos conflictos Venezuela no sólo se declaró neutral sino que siempre que pudo aumentó su producción petrolera con lo cual atenuó los efectos negativos que padecía la economía mundial como consecuencia de la interrupción en el suministro de petróleo.

Ahora bien, en esta ocasión un nuevo conflicto podría pareciera estar fraguándose. Vemos al presidente Ahmadinejad pregonando que hay que “barrer del mapa a Israel”. Simultáneamente vemos a Irán desarrollando activamente su energía nuclear y, aunque no cesa de repetir que es con fines pacíficos, sus afirmaciones al respecto no gozan de credibilidad. El informe de la AIEA presentado el 31 de mayo del 2010 y discutido el 7 de junio[12] concluye que no es posible confirmar el carácter puramente pacífico del programa nuclear de Irán y alega que ese país está almacenando material fisible y preparando instrumentos para enriquecer uranio a mayor nivel. Tal es así, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas [13] ha decidido aplicarle sanciones con el objetivo de interrumpir los planes de enriquecimiento de uranio que pudiesen llevar a Irán al desarrollo de armamento atómico.

Se trata de una carrera que amenaza con conducir a un enfrentamiento con Israel, país que difícilmente se va a quedar de brazos cruzados esperando su destrucción. Las amenazas sobre la paz del Medio Oriente son evidentes. Incluso se ha asomado la posibilidad de que Ahmadinejad recurra a la antigua amenaza del Ayatollah Khomeini de bloquear el Estrecho de Ormuz. Tal acción podría traer consecuencias imprevisibles, desestabilizando totalmente el Medio Oriente y reavivando los ancestrales odios entre las mayorías árabes suníes del Golfo Pérsico y la población persa mayoritariamente shií de Irán.

Un enfrentamiento entre judíos, musulmanes suníes y shiíes podría resultar en una suerte de conflicto de todos contra todos.

Recordemos que por el estrecho de Ormuz pasa toda la producción petrolera del Golfo Pérsico, es decir, cerca de 20 millones de barriles diarios. Pero en esta ocasión una nueva amenaza se suma a tan grave posibilidad: la alianza entre Ahmadinejad y Chávez.

Inevitablemente en un conflicto de esa naturaleza provocaría una gran conmoción no sólo las naciones productoras de petróleo del Golfo Pérsico y el mundo islámico en general, sino que además arrastraría consigo a las grandes potencias y al mundo entero.

Para entender la magnitud del problema, resultan ilustrativas las palabras del presidente Ronald Reagan en su autobiografía:

No hay región del mundo que presente mayores dificultades, mayores frustraciones y mayores convulsiones y problemas que el Medio Oriente. Es una región donde el derramamiento de sangre sin sentido, en nombre de la fe religiosa, se ha venido produciendo desde tiempo bíblicos, y donde los sucesos modernos quedan para siempre moldeados por eventos trascendentales del pasado, extraídos desde el Éxodo hasta el Holocausto [14]

Es inevitable detenernos aquí para plantearnos algunas graves interrogantes: ¿Por qué Venezuela tiene que verse involucrada en una situación de esa naturaleza? ¿Por qué tenemos que estar aliándonos con Irán en tan peligrosos cometidos cuando a aquel país no nos une ningún vínculo de carácter histórico?

¿Por qué el pueblo venezolano, completamente ajeno a la problemática de aquella región del mundo (el conflicto árabe-israelí), tiene que estar inmiscuyéndose en asuntos que no le conciernen? ¿Qué tenemos nosotros que ver con los odios ancestrales entre shiíes y suníes que se originaron en el año 680 con el asesinato en Karbala de Hussein –nieto de Mahoma- cuyas consecuencias siglos después siguen siendo determinantes en la geopolítica del Medio Oriente? ¿Por qué si Venezuela ni siquiera aceptó participar en la I Guerra Mundial, tiene ahora que ahora que mezclarse con las consecuencias de los desequilibrios que en el Medio Oriente quedaron sembrados en 1918 a raíz del final de aquel conflicto?

 ¿Por qué Venezuela, ubicada geográficamente del otro lado del mundo y siendo un país mayoritariamente cristiano, tiene que ser forzada a tomar activamente partido en un conflicto cuyas motivaciones tienen que ver con la historia del mundo islámico pero no con la nuestra? ¿Por qué tenemos que aliarnos no sólo con Irán, sino también con Siria, país que junto con el primero son responsabilizados por la promoción activa de políticas de enfrentamiento con Israel que podrían desestabilizar severamente toda la región del Medio Oriente?

¿Por qué Venezuela aparece mencionada en documentos que señalan su apoyo a grupos considerados como terroristas que cuentan a su vez con el soporte y financiamiento de Irán y Siria? ¿Qué retorcido concepto de soberanía puede llevar a un gobernante a actuar en contra de los intereses de su propio pueblo, simplemente porque su visión personalísima del mundo lo lleva a enfrentarse a una nación que hasta ahora ha sido el principal mercado del petróleo venezolano?

A la fuerza nos quieren imponer una nueva visión geopolítica completamente extraña a nuestra idiosincrasia y enfrentada a las realidades de nuestra historia. Las consecuencias para el pueblo venezolano podrían resultar devastadoras. Este rumbo está divorciando a Venezuela de la tradición de paz que siempre la ha caracterizado y, además, nos lleva a abandonar todas las ventajas comparativas y competitivas con las cuales históricamente ha contado el petróleo venezolano. Lamentablemente Venezuela, que siempre había sido considerada como una parte de la solución, ha pasado a ser percibida como una parte del problema.

II Parte

PDVSA: una revisión de los hechos


En 1973, como antes se vio, estalla la Guerra del Yom Kippur entre las naciones árabes e Israel. Israel venció en el conflicto, pero las naciones árabes declararon lo que se conoció como el “embargo petrolero árabe”, mediante el cual se interrumpió el suministro de petróleo hacia occidente. El resultado fue conocido como el “primer shock petrolero” que se tradujo en un crecimiento nunca antes imaginado en los precios del petróleo.

Venezuela pudo disponer de los recursos necesarios para negociar la nacionalización con las empresas petroleras que operaban en el país. Así nació PDVSA. El 1 de enero de 1976, todas las actividades de la industria petrolera pasaron a ser controladas por el Estado. Pero los venezolanos estábamos listos para dar aquel paso.

En las dos décadas y media siguientes, PDVSA fue capaz de alcanzar metas asombrosas. Por ejemplo, el volumen de sus reservas probadas de petróleo aumenta desde 14.000 millones de barriles en 1976 hasta 78.000 millones de barriles de crudos convencionales; se descubre la Faja del Orinoco en la cual se ubican cerca de 270.000 millones de barriles de reservas de crudos pesados y extrapesados pero económicamente explotables, se aumenta la capacidad de refinación desde unos 900.000 barriles diarios hasta más de 3.000.000 de b/d, no sólo en el país, sino también en el exterior; se transforman los patrones de refinación de las refinerías nacionales, dotándolas de procesos de conversión profunda (craqueo catalítico) a través de los cuales los crudos venezolanos pesados y de mala calidad pudieron ser transformados en los productos de alto valor en los mercados; se desarrolla también en Europa la propiedad en un 50% de 5 refinerías adicionales; se adquiere CITGO, la cual pertenece 100% a PDVSA, y que fue dueña de siete grandes refinerías (dos en participación) en los EEUU cuyos procesos de refinación fueron adecuados a las complejas características de los crudos venezolanos; se negociaron cerca de 15.000 estaciones de servicios en la costa este de los EEUU, que sin ser propiedad de la empresa, fueron abanderadas con la marca CITGO a través de las cuales se vendían productos elaborados con crudos provenientes de Venezuela y transportados en tanqueros venezolanos, a la vez que se participaba en la propiedad de dos grandes poliductos que atraviesan a los EEUU de sur a norte, se desarrollan cerca de 70 terminales, etc.

Pero las actividades de PDVSA no se limitaron al área estrictamente petrolera. También en materia de gas se descubrieron 146 trillones de pies cúbicos de gas; se desarrolló una capacidad de producción petroquímica que superó el millón de toneladas por año y una producción de carbón que alcanzaba a más de 5.1 millones de toneladas anuales; se diseña y patenta un nuevo combustible denominado “orimulsión” elaborado mediante una emulsión estable de crudos pesados y agua, el cual sirve para generar electricidad, compitiendo con el carbón y no con el petróleo, ideal para generar electricidad termoeléctrica; se crea el INTEVEP que llega a transformarse en uno de los institutos de investigación en el área petrolera más importante del mundo (más del 50% de las patentes de toda Latinoamérica surgían del INTEVEP); se crea el CIED, considerado también como una de las Universidades Corporativas más destacadas a nivel mundial en el área energética, etc. PDVSA, como antes se dijo llegó a ser considerada como la segunda mayor empresa petrolera a nivel mundial [15] y de hecho llegó a ser la mayor empresa de cualquier tipo en toda la Latinoamérica.

Gracias a PDVSA, el sector de los hidrocarburos adquiere una importancia fundamental en la economía venezolana. El petróleo por sí solo, llegó a representar cerca del 25% del Producto Interno Bruto del país de manera directa, cerca del 80% del ingreso de divisas del país y más del 50% de los ingresos del fisco venezolano.

Sin embargo, en la medida en que crecían los éxitos de PDVSA, aparecía un grupo de detractores vinculados a la extrema izquierda y a sectores ultra nacionalistas que culpaban a la empresa por los fracasos en que venían incurriendo los distintos gobiernos de Venezuela a partir de principios de la década de los ochenta. Y es que efectivamente, si bien Venezuela fue la economía del mundo entero que más creció durante seis décadas seguidas, entre 1920 y 1980, lamentablemente en las dos décadas siguientes esa situación se revirtió y la sociedad venezolana comenzó a confrontar dificultades.

Cuando a mediados de la década de los noventa el Estado venezolano y PDVSA llegan a la conclusión de que la única forma de retomar el rumbo del crecimiento económico y la solución de los problemas sociales era a través de una reactivación de la industria petrolera y de un incremento en sus niveles de producción, los enemigos de la industria comenzaron a actuar.

La razón de aquellos ataques provenía del hecho de que la única forma de reactivar la industria petrolera era a través de la incorporación de capitales privados, mediante un proceso de Apertura Petrolera, que permitiese la participación de esos inversionistas privados en asociación con PDVSA, aunque siempre bajo el control de esta última, según las condiciones establecidas por la Corte Suprema de Justicia. Aquello fue percibido por algunos sectores de la izquierda venezolana, como un proceso de privatización de la industria petrolera, cuando en realidad no era otra cosa que el único mecanismo disponible para reactivar el sector de los hidrocarburos y por esa vía reactivar también una economía que se hallaba postrada por las consecuencias de una profunda crisis financiera que hacia el año 1994 había provocado la desaparición de más del 50% del sistema financiero del país.

Tales decisiones nunca fueron aceptadas por quienes se consideraban adversarios de la gestión de PDVSA. Es el caso sin embargo que quienes conformaban esos grupos se sintieron bien representados por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías y se transformaron en fervientes defensores de su candidatura. Así, cuando Chávez gana las elecciones, se inicia un proceso que intenta revertir todas aquellas decisiones.

Desde luego el mayor obstáculo que enfrentaba el Gobierno para poder disponer a su libre albedrío los recursos de la industria petrolera venezolana era la presencia de un personal capacitado, eficiente y disciplinado, apegado a las leyes, que en su mayoría no alcanzaba a comprender los objetivos de esa revolución, pero que sin embargo estaban entregados al manejo de la corporación y procuraban mantenerse al margen de los vaivenes políticos que comenzaba a confrontar el país.

Por razones de espacio, no me voy a referir a las graves conmociones sociales y políticas que sufrió Venezuela a partir del año 2001, cuando la Asamblea Nacional aprueba una Ley Habilitante que facultaba al Presidente a aprobar por vía de Decreto un paquete de 49 leyes que alteraban profundamente el sistema de propiedad y el régimen legal del país. Trataré de concentrarme exclusivamente y de la manera más resumida posible, en lo que ocurrió en el sector petrolero.

Era obvia la intención del Presidente de apoderarse por cualquier vía de la estructura de PDVSA, para ponerla al servicio de su revolución. Progresivamente fue creciendo la tensión con los trabajadores de PDVSA que siempre consideraron que la industria petrolera pertenecía a la Nación.

El día 7 de abril del 2002, en su programa “Aló Presidente”, que se transmitía en cadena nacional de radio y televisión, Chávez anuncia el despido de un grupo de los más importantes ejecutivos de PDVSA. Todos estos anuncios fueron realizados por el Presidente Chávez con un pito en la mano: Eddie Ramírez, Director Gerente hasta el día de hoy de Palmaven. ¡Pa´ fuera!… Luego está despedido también, muchas gracias por sus servicios, señor Juan Fernández. Está despedido de Petróleo de Venezuela … Usted ha sido hasta el día de hoy Gerente Funcional de Planificación y Control de Finanzas… En tercer lugar, el Gerente de Estrategia de Negociación… ¡Pa’ fuera! Horacio Medina…” y así sucesivamente. Después de cada despido, el Presidente hacía sonar un pito… “prrrrrr”.

Las tensiones fueron creciendo y el Presidente ratificaba continuamente sus amenazas de militarizar a PDVSA. Pero no sólo PDVSA estaba siendo amenazada. El país entero estaba conmocionado e incluso se produjo un paro cívico nacional que era la respuesta ciudadana a las intenciones de imponer cambios fundamentales en la vida nacional que no eran bien recibidos por los ciudadanos.

Comenzaron una serie de protestas cívicas por parte del personal de la industria, en sus horas libres. Pero las agresiones del oficialismo fueron arreciando más y más. Sin que yo pueda recordar una convocatoria específica a paro por parte de los líderes petroleros, el día 3 de diciembre del 2002 el personal comenzó a retirarse en protesta, de manera espontánea, de sus puestos de trabajo. En esa fecha comenzaron a interrumpirse los despachos de gasolina a las estaciones de servicio de Caracas. La paralización de actividades llegó a ser casi total.

Frente a toda esta situación, cabe plantear algunas reflexiones. Algo muy grave tenía que estar ocurriendo en la sociedad venezolana, así como en el personal de una industria petrolera, que hasta ese momento se había caracterizado por una extremada disciplina y apego a principios de organización, para que súbitamente y por razones de conciencia, se estuviesen asumiendo aquellas posiciones.

En este sentido debo señalar, que habiendo sido miembro de Directorio de PDVSA por varios años, jamás se me hubiera ocurrido que una cosa así pudiese ocurrir en la industria petrolera venezolana. Era obvio que nuestra sociedad estaba siendo sometida a presiones nunca antes vistas en el país; que se estaban tratando de imponer cambios bruscos en la forma de vida de los venezolanos, cambios estos que eran totalmente extraños a la idiosincrasia de nuestros ciudadanos, lo cual estaba conduciendo a actuaciones desesperadas por parte de los mismos.

Estábamos siendo testigos de una ciudadanía que estaba dispuesta a asumir los mayores sacrificios, con tal defender su democracia, sus valores, sus principios, sus costumbres, su modo de vida y hasta su religión, ya que los obispos del país (“diablos con sotana”) estaban siendo verbalmente agredidos por el Presidente de la República.

Lejos de negociar, el Gobierno aprovechó aquella situación para hacer una purga masiva en PDVSA. Más de 20.000 trabajadores que tenían un promedio de 15 años trabajando en la industria petrolera, fueron despedidos. En total, aquello representaba unos 300.000 años de experiencia y conocimiento que fueron simplemente lanzados al cesto de la basura. El Gobierno había decidido desprenderse del personal más calificado de una industria que representaba la actividad más importante de la economía venezolana. Sin embargo, nada de eso le importaba. La prioridad era la revolución.

Una vez más vale la pena detenernos aquí para analizar lo sucedido. ¿Cómo es posible que se haya llegado a esos extremos? ¿Qué lo provocó?

La respuesta quizás la dio el propio Presidente de la República con motivo de la presentación de su Memoria y Cuenta Anual ante la Asamblea Nacional, el día 15 de enero de 2004. En esa solemne oportunidad –con la banda presidencial terciada en el pecho y en presencia de todos los embajadores acreditados ante Venezuela- el Presidente afirmó textualmente:

… lo de PDVSA era necesario aun cuando nosotros no la generamos. Bueno, no es que no la generamos. ¡Si la generamos!, porque cuando yo agarré el pito aquel en un ´Aló Presidente´ y empecé a botar gente, yo estaba provocando la crisis. Cuando nombré a Gastón Parra Luzardo y aquella nueva Junta Directiva, pues estábamos provocando la crisis. Ellos respondieron y se presentó el conflicto y aquí estamos hoy. ¡Era necesaria la crisis!

“Era necesaria la crisis…” Como ya se dijo antes, el gobernante quería apoderarse de PDVSA para ponerla al servicio de su revolución. Quizás nunca en la historia de la humanidad una empresa de esa magnitud había sufrido en tiempos de paz una descapitalización humana de tales proporciones. Y las consecuencias fueron funestas.

Al repasar las páginas de aquellos lamentables acontecimientos, resulta indispensable preguntarse: ¿Qué ha sido de PDVSA a partir de entonces? Se requerirían libros enteros para mostrar la destrucción por la cual atravesó la empresa. Trataré de resumir aunque sea alguna de las consecuencias. Veamos:

De haberse cumplido los planes de inversión que existían, Venezuela debería estar produciendo más de cinco millones de barriles diarios. El Gobierno sostiene que nuestra producción actual alcanza a los 3,1 millones de barriles por día; sin embargo, las cifras gubernamentales son desmentidas por las fuentes internacionales. Por ejemplo, de acuerdo con la OPEP para el mes de mayo del 2010 Venezuela producía 2.327.000 barriles diarios [16]; en tanto que según la Agencia Internacional de la Energía esa producción fue de 2.250.000 b/d [17], incluyendo 480.000 b/d de crudos extra pesados en la Faja del Orinoco.

En un intento por dilucidar cuál es la realidad, se hace necesario recurrir a otros indicadores. Quizás el más importante de ellos nos lo proporciona el Banco Central de Venezuela, cuando nos dice que el PIB del sector petrolero del país -fuertemente influenciado por el nivel de las actividades y los precios del producto- ha venido decreciendo continuamente de manera alarmante. Con la sola excepción del año 2004 -cuando la recuperación de las actividades después del paro forzosamente tenía que mostrar un incremento porcentual- y del año 2008 -cuando los precios del petróleo alcanzaron los niveles más altos de la historia-, todos los demás años del gobierno del presidente Chávez el PIB del sector petrolero se viene desmoronando. Incluso a lo largo del 2009, cuando se producía ya una recuperación de los precios del petróleo, el PIB petrolero experimentó una merma del 6,10%, al igual que ocurrió en los dos primeros trimestres del año 2010.

El número de taladros que operan suele ser un indicador del nivel de producción. Pues bien, también el número de taladros en operación ha disminuido de manera importante e incluso muchos se han paralizado por la falta de pago de PDVSA a sus propietarios.

La carencia de gas, cuya producción va asociada a la extracción del crudo, se constituye en evidencia adicional de la caída de la producción petrolera, al igual que lo es el creciente número de pozos que se vienen cerrando y que ya alcanzan a unos 20.000. Para cubrir la falta de gas se está importando desde Colombia. Adicionalmente el desarrollo de los programas para el desarrollo de las reservas de gas no asociado al norte del Estado Sucre, en el Delta de Orinoco y al oeste de la Península de Paraguaná ha sufrido retrasos imperdonables.

El deterioro en el mantenimiento de las instalaciones también es alarmante. PDVSA que se caracterizaba por envidiables estadísticas en materia de seguridad industrial y carencia de accidentes, se ha visto afectada por una plaga de incidentes, muchas veces con consecuencias fatales. Con inusitada frecuencia de producen incendios y estallidos en nuestras principales refinerías que obligan al paro de muchas de sus operaciones. El problema es que buena parte del personal que sabía operarlas fue despedido. De las grandes refinerías del país, la única que parece funcionar normalmente es la de Puerto La Cruz. Además, gravísimos derrames de petróleo se están produciendo en el Lago de Maracaibo con severas consecuencias ecológicas.

El desconocimiento de los contratos suscritos se ha traducido en un gran número de arbitrajes internaciones que de manera sistemática viene perdiendo nuestra casa matriz petrolera.

PDVSA, que era entre las grandes transnacionales petroleras la que se caracterizaba por un menor nivel de endeudamiento -de acuerdo con cifras que antes eran proporcionadas por la Securities and Exchange Commission- se ha endeudado ahora de manera impresionante, alcanzando sus deudas una cifra del orden de los 67.000 millones de dólares. Hoy en día, sin embargo, PDVSA se retiró de la SEC.

Se abandonó la producción de Orimulsión e incluso hubo que indemnizar a las siete naciones con las cuales ya se habían suscrito contratos de abastecimiento. Simultáneamente, al no contar con el producto, PDVSA se ha visto obligada a destinar grandes cantidades de diesel que antes se exportaban, para contribuir a la generación termoeléctrica en plantas de tecnología obsoleta que fueron compradas a Cuba. El sacrificio en el ingreso por concepto de estas exportaciones es substancial.

En fin, detallar el descalabro cada vez mayor de las operaciones de PDVSA tomaría libros enteros. En la medida en que se ha venido profundizando el deterioro, PDVSA ha venido incumpliendo progresivamente con sus obligaciones y las deudas con sus contratistas han contribuido a una mayor paralización de sus actividades. Su respuesta, sin embargo, ha sido una radicalización de sus posiciones políticas, procediendo a estatizar- muchas veces sin indemnización- un gran número de actividades que antes estaban siendo eficientemente manejadas por contratistas privados.

No es sin embargo mi objetivo hacer un inventario del descalabro de la empresa. Me preocupa más el cambio de objetivos, de misión y de visión que experimentó la empresa una vez que el Gobierno despidió a aquellos 20.000 trabajadores.

PDVSA era hasta entonces una empresa petrolera. Su objetivo era explorar, producir, transportar, refinar y comercializar hidrocarburos de la manera más eficientemente posible, al igual que cumplir con igual efectividad las labores en el área petroquímica y carbonífera que le habían sido encomendadas. Se había transformado en una corporación energética global, preocupada por el medio ambiente y por las obligaciones de carácter social que le correspondían. De esta forma, la empresa era capaz de pagar la mayor cantidad posible de impuesto sobre la renta, regalía y dividendos al Estado, que era su accionista.

Su meta era pues aportar los recursos para que el Estado pudiera promover el desarrollo económico y social de Venezuela y cumplir las funciones que corresponden a cualquier gobierno; pero, era a los gobiernos a quienes les correspondía cumplir con esas funciones.

Los críticos de PDVSA llegaron a decir que se había transformado en un Estado dentro del Estado. Pero ahora, la situación ha cambiado. PDVSA ha pasado a ser el Estado mismo.

PDVSA se ocupa hoy en día de infinidad de funciones que no son propias de una empresa petrolera, con lo cual progresivamente ha venido descuidando las actividades que efectivamente le corresponden. Los mayores esfuerzos se destinaron a cumplir con objetivos sociales y políticos, no sólo en Venezuela sino también en otros países del ALBA, que la han llevado a financiar y ejecutar misiones de todo tipo que van desde la fabricación de línea blanca, construcción de viviendas, apoyo a las misiones Ribas (educación) y Barrio Adentro (medicina) y muchísimas otras misiones desarrolladas para promover las políticas de la revolución, proyectos agrícolas para la producción de pollos, azúcar, importación de maquinarias agrícolas, sin olvidar entre otras su activa participación en el mercado paralelo de divisas cumpliendo así funciones que han debido corresponde al Banco Central, etc, etc, PDVSA ya no es un instrumento para propiciar el desarrollo de la Nación; ha pasado a ser un brazo al servicio de la revolución.

El resultado ha sido un verdadero desastre. Las utilidades de PDVSA se han visto fuertemente mermadas e incluso ha tenido que reducir su aporte substancialmente tanto al fisco nacional como incluso a las misiones de carácter social que le habían sido encomendadas. La empresa se ha endeudado hasta niveles increíbles en momentos en que su producción petrolera se viene abajo y los precios petroleros ya no son lo que llegaron a ser en el 2008. La tradicional eficiencia de PDVSA, obligada a cumplir funciones que no son las suyas, ha desaparecido y mientras tanto, los niveles de corrupción han alcanzado límites intolerables, estimulados por la más absoluta impunidad y falta de controles por parte de las instituciones del Estado que tenían la obligación de ejercer esas funciones.

Quizás el ejemplo más ilustrativo de lo que se viene afirmando se pone en evidencia con las enormes erogaciones que PDVSA realizó a través de su filial PDVAL, para la importación y distribución de alimentos. Mientras tanto otra de sus filiales, BARIVEN, que antes se encargaba de adquirir en el exterior los equipos, maquinarias e insumos que requería PDVSA para sus operaciones, fue destinada a comprar alimentos para PDVAL, cuyo presidente, por cierto, era uno de los miembros del Directorio de PDVSA.

Esos alimentos, sin duda, fueron comprados en enormes cantidades. Se trataba de alimentos que en su mayor parte hubiesen podido ser producidos en Venezuela, pero que en todo caso eran necesarios para alimentar a la población. El problema es que se la adquisición se transformó en un caso de corrupción sin precedentes en la historia del país. Por lo visto se trataba simplemente de comprar a como diese lugar cantidades de alimentos que en muchos casos o eran de mala calidad o estaban ya en mal estado en los países de origen, razón por la cual eran adquiridos a precio de gallina flaca.

El precio de la compra por supuesto no reflejaba tal situación, con lo cual quienes manejaban la operación hacían un negocio pingüe: por una parte se apropiaban del sobreprecio y por la otra se beneficiaba de los dólares preferenciales que otorgaba CADIVI (organización gubernamental encargada de manejar el control de cambios) [18].

Cumplido así el objetivo fundamental de la operación –que no era otro que el pillaje- los alimentos mismos no pasaban de ser más que un estorbo del cual había que deshacerse. Miles y miles de containers con alimentos vencidos o en estado de putrefacción aparecieron en varios lugares del país. Lo mismo está ocurriendo con grandes lotes de medicinas ya vencidas.
¿Quién tiene la responsabilidad? ¿Quiénes fueron los importadores?

¿A cargo de quién estuvo el pago? ¿Qué tuvo que ver PDVSA en todo este enmarañado asunto? ¿Habiendo sido un Director de PDVSA el presidente de PDVAL, no ha debido la estatal petrolera supervisar estas compras? ¿Por qué PDVSA -cuya deuda alcanza a la increíble cifra de $67.000 millones, cuya producción petrolera va en declive, cuyas plataformas de perforación se hunden en el Mar Caribe, que no le paga a sus contratistas y cuyas refinerías estallan o se incendian con insólita frecuencia- tiene que estar importando y acaparando alimentos podridos en lugar de ocuparse de su negocio?

Referencias
[1] Yergin, Daniel, “”The Prize”, Simon & Schuster, New York 1992, pág 271.
[2] Toro Hardy, José, “Oil, Venezuela and the Persian Gulf”, Editorial Panapo, Caracas 1994, Pág 43.
[3] Idem, pág 96.
[4] Idem, pág 113.
[5]Idem, pág 137.
[6] Idem, pág 171.
[7] Idem, pág 199.
[8] Idem, pág 235.
[9] http://www.scribd.com/doc/6515969/Lineas-Generales-del-Plan-de-Desarrollo-Economico-y-Social-de-la-Nacion-20072013. Rumbo al socialismo bolivariano
[10] Idem. Pág 55.
[11] Idem, Pág 57.
[12] http://www.iaea.org, IAEA, Implementation of safeguards in Iran.
[13] http://www.globalpolicyorg/security-council, UN Security Council, Sanctions against Iran.
[14] Reagan, Ronald. “An American Life”, Simon and Schuster, New York , 1990, pág. 57.
[15] Petroleum Intelligence Weekly, Top 100, Edition 1995.
[16] www.opec.org. “Montlhy Oil Market Report”, June 2010, pag 36.
147
[17] http://omrpublic.iea.org. “Oil Market Report”, May 12, 2010, pag 22.
[18] En Argentina ha estallado un escándalo político a raíz de que el ex Embajador de ese país en Venezuela, Eduardo Sadous, ha denunciado la presencia de una embajada paralela que cobraba comisiones a los empresarios argentinos que querían vender sus productos en Venezuela.

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