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 Caracas, Viernes, 25 de mayo de 2012
 

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«Vuelve el chimpancé». El inicio de una polémica

Julio de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

El día 15 de abril de 2002, tras conocerse la derrota de la intentona golpista y el regreso de Hugo Chávez a Miraflores, el diario madrileño El Mundo [España] publicó una columna más de Gabriel Albiac tan oportuna como todas las anteriores. Albiac hacía un paréntesis en su apología de las matanzas de Sharon en Palestina y se centraba en el regreso del «chimpancé» venezolano. Las asambleas de alumnos de la Universidad Complutense de Madrid se movilizaron contra este documento, abriendo un espacio en el tablón de los representantes de alumnos de la Facultad de Filosofía para argumentar y comentar la publicación de este catedrático que, a la sazón, impartía en el mismo edificio un curso de doctorado sobre Empire, el libro de Toni Negri. La cosa comenzó, sencillamente, pegando en una pared una fotocopia de la columna de Albiac e invitando a una polémica abierta sobre el tema. La mayor parte de los textos que ahí se colgaron fueron, al mismo tiempo, publicados en la página de Internet www.rebelion.org (sección España). Hay que decir (ya que luego se difundieron diversos rumores y alguna que otra calumnia sobre los que participaron en este debate) que todos los artículos fueron firmados y hay que resaltar una y mil veces que lo fueron por quienes, bien mirado, estaban en una completa inferioridad de condiciones, pues siendo como eran alumnos o, en muchos casos, becarios de la Facultad, son, en todo caso, los únicos que podían albergar algún temor por futuras represalias por parte del aparato académico en el que Albiac pudiera contar con influencias. Se ha comentado por ahí que, en las réplicas al texto de Albiac, se incluían insultos; es sorprendente que se olvide que los artículos en cuestión fueron una respuesta, ciertamente indignada, a una columna en la que Albiac insultaba gravísimamente y de forma inequívocamente racista a un presidente mestizo, al que las clases altas de Venezuela suelen llamar «el mono». Albiac se hizo cómplice del más descarnado racismo de clase alta latinoamericana, y lo hizo superándose a sí mismo en su conocida capacidad de insultar. Hay que decir que, incluso en los juicios por faltas, se tiene muy en cuenta el hecho de quién insultó primero. Y, además, la gravedad del asunto no estaba aquí tanto en la cuestión del insulto como en la cuestión del racismo. Es chocante que alguien pueda rasgarse las vestiduras ante el hecho de que se critique a un catedrático de la Complutense por haber publicado un manifiesto de apoyo al ancestral racismo de la burguesía blanca venezolana. Albiac es republicano. Pero si hubiera publicado una columna llamando a nuestro Jefe de Estado, pongamos por caso, «simio de las entrepiernas escocidas», hoy estaría siendo juzgado a instancias del Fiscal General del Estado. Y eso que en esta ocasión sencillamente se habría insultado a un Jefe de Estado, sin que el delito de racismo (que lo es) viniera a agravar el asunto. Insultar a Jefes de Estado extranjeros puede ser más o menos normal, quién no lo ha hecho alguna vez. Lo indignante en esta ocasión no fue el insulto, sino su significación racista inequívoca.

Muchos pensaron entonces, y algunos pensarán todavía, que la execrable columna de Albiac no merecía tanta atención ni tanta denuncia como de hecho despertó. Sin embargo, las cosas pueden verse de otro modo. En la Facultad de Filosofía se reaccionó con rapidez, indignación y contundencia frente al manifiesto golpista y racista publicado por quien era un profesor de la casa. Y se hizo argumentando en una polémica franca y abierta. ¡Ojalá que los lectores de los diarios españoles hubieran reaccionado con la misma contundencia y rapidez ante el editorial golpista (y también racista) publicado por el diario El Mundo dos días antes, cuando el Golpe de Estado acababa de imponerse! (Cfr. Periodismo y Crimen. El caso Venezuela: 11 de abril de 2002, Editorial Hiru). Pues, en efecto, la columna de Albiac no contradecía ni desentonaba para nada respecto a la línea editorial seguida por su periódico, y menos aún respecto a la campaña mediática de desprestigio contra Chávez que los telediarios de todas las cadenas de televisión españolas habían emprendido en esos días con una saña inaudita; en este caso, las imágenes pretendían ser más elocuentes que las palabras: el «chimpancé» canta; canta mucho y, de vez en cuando, abraza a Fidel Castro. Esa fue la acusación más cansinamente repetida para justificar el entusiasmo desenfadado y sarcástico con el que se saludó el Golpe de Estado desde nuestros medios informativos. La sociedad española, en general, soportó (es difícil decir si con paciencia o con indiferencia) estos tres días de ignominia en sus medios de comunicación. La Facultad de Filosofía, no. Tirando del hilo de la columna de Albiac sobre Chávez la discusión encaró la tarea de comprender los distintos posicionamientos políticos de este escritor y catedrático de filosofía.

¿Cuáles fueron las palabras de Albiac motivo de este escándalo? El lector puede juzgar por sí mismo:

    Vuelve el chimpancé. G. Albiac, El Mundo, 15-04-02:

    No salió de la nada ese energúmeno. De las profundidades, sí, de un alma colectiva herida. La que congelan páginas del Valle Inclán más cruel, Tirano Banderas, más que el Señor Presidente de Asturias o el patriarca otoñal del muy menor García Márquez.

    Chávez es el gorila que mima el rostro de Dios (o de Fidel Castro) ante el espejo. Y se cree Dios (Castro). Se sabe. Dios (Castro). O el pueblo. En la pastosa jerga caudillista, Dios y Pueblo son lo mismo.

    No salió de la nada. Todo se conjugó para dar a la luz ese estafermo. Para hacer que el chimpancé con uniforme soñara un rostro humano o más que humano. Para que un cacho de carne sudorosa y ruido de bolero se trocara en profeta de humildes, no, de humildes no, de paupérrimos que flotan sobre un extraño mar de petróleo, un mar de inmensurable dinero que se volatiliza y deja solo una huella fétida de incomprensible miseria sin cura.

    No salió de la nada. Chávez. Gorila, infragorila balbuciente, complacido asesino, histrión que vocifera un muy forzado monólogo dadaísta. Hasta el Ubú de Jarry (aquel sublime tipo que, entre sus propiedades más preciadas, atesoraba un cráneo de Voltaire niño), hasta el autista Ubú se quedaría atónito: tal, la dimensión más o menos que humana, nunca humana (chimpancé tal vez, o dios menor según sus más piadosos secuaces, bestia mítica para la cual no rige el lenguaje que acota la mente), esa dimensión enorme del simio de las maracas que reparte dones desde la plenitud televisiva, cadena propia, Aló, presidente, aló, gorila, aló, lo que sea, aló, matarife sonriente, camiseta de béisbol, gorra, bate, somatenes, lúmpenes angélicos para rematar a aquel que en el homínido no viera al enviado del Destino y de Bolívar. Aló, aló, aló, cráneos que revientan como huevos pochos bajo el bastón justiciero de los descamisados. En el nombre del Padre, Chávez, Dios, Bolívar, Castro.

    No, no. No salió de la nada. Es hijo natural del tan socialista Carlos Andrés Pérez. Ya saben, ¿se acuerdan?, aquel tan íntimo del González nuestro. Y de Craxi. Aquel, ¿se acuerdan?, de cuando el presidente de los años GAL («no hay pruebas, ni las habrá») se confesaba en alto ante Garaikoechea: «Contra ETA, solo hay una solución, el plan CAP». Carlos Andrés Pérez (alias CAP), por esos años, modelo de socialdemócratas en lengua castellana, desplegaba batallones de la muerte y se embolsaba astronómicas fortunas. No, no inventó Chávez lo del chantaje al BBV neguriano.

    Hace sólo dos días, Llamazares (y Castro, of course) sollozaban la cruel desaparición del matarife. Ahí lo tenéis de nuevo. ¡Vuelve el chimpancé!

Al día siguiente, el embajador de Venezuela en España envió una Carta al Director de El Mundo:

    Sr. Director:

    La semana pasada, Venezuela vivió tristes acontecimientos que amenazaron su estabilidad democrática y cuya evolución y consecuencias han generado todo un cúmulo de opiniones de diversa índole a favor y en contra de lo sucedido. Nuestro deber es el de procesar todas y cada una de esas opiniones con ecuanimidad y tolerancia.

    No obstante, el lunes 15 nos costó digerir un artículo del columnista Gabriel Albiac publicado en la página 8 del diario que usted dirige titulado «Vuelve el chimpancé», en virtud de que el estilo y las expresiones utilizadas por ese señor para referirse a nuestro Presidente y a nuestro pueblo distan mucho de la decencia y la consideración que se espera de cualquier persona hacia los seres humanos y hacia la investidura de un Jefe de Estado.

    En aras de la libertad de expresión, creemos que su diario y los periodistas que en él laboran tienen todo el derecho a expresar sus opiniones, su descontento, sus desacuerdos e incluso su antipatía hacia nuestro Presidente, nuestro país o nuestros compatriotas, pero no tenemos por qué admitir que lo hagan con expresiones que solo denotan odio o envidia al tildarnos, por ejemplo, de «paupérrimos que flotan sobre un extraño mar de petróleo...».

    ¿Se le ha ocurrido suponer cómo se sentirían sus compatriotas en el supuesto negado de que les tocara leer en las páginas de diarios venezolanos expresiones similares referidas a su Presidente, sus líderes o su pueblo? Columnistas como ese afectan negativamente el concepto que se tiene de su diario y dejan mucho que desear de la objetividad y la mesura obligatorias en quienes tienen la responsabilidad de crear opinión. La inteligencia se mide por la capacidad de transmitir opiniones con agudeza, no por la verborrea ofensiva.

    Raúl Alejandro Salazar Rodríguez, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela. Madrid.

A esta carta, Albiac respondió en otra columna («Orangután y estrella»), el día 2 de mayo: «Juzga el señor embajador de Chávez ser racista que un dictador aparezca aludido bajo metáforas simiescas en un texto mío. Y está en todo su derecho». Resulta que todo venía a cuento de una cita de Malraux de 1951 que, evidentemente, el embajador de Venezuela no había leído (nosotros sí, en otras columnas del Albiac, porque... ¡Dios mío, cuánto se repite este hombre!). Todos somos bestias, orangutanes. Sólo el ejercicio de la libertad puede convertir a un orangután en un Rembrandt o en un Gabriel Albiac. Pero, «en todo dictador, predomina la bestia sobre el hombre». Chávez, «infragorila balbuciente», como es obvio, eligió este otro camino.

No hemos comprobado si El Mundo publicó (se podría apostar a que no) la carta que envió ese mismo día Santiago Alba Rico:

    Sr. Director:

    Hemos visto que Malraux, comodín filosófico, autoriza a Gabriel Albiac a llamar al menos «orangután» a Chávez, aunque mucho me temo que encontrará alguna cita de Paravicino o de Elipando de Toledo, en los próximos días, que le autorice a llamarlo también gorila, chimpancé e incluso primate. Ahora sólo falta que diga a sus lectores quién le autoriza a llamarlo «dictador». En todo caso, mientras no se trate de explicar, documentar, razonar o analizar (verbos todos de la primera conjugación, que prefiere ignorar en favor de los acabados en «ir», en cuyo uso es especialista), el brillante Estilita sabrá encontrar alguna «autoridad» también para esto. «Ni llorar ni reír sino entender», pero no siempre se puede estar a la altura de esta exigente divisa. Yo esta vez, la verdad, he sentido solo ganas de reír. Santiago Alba Rico. Túnez.

Por supuesto, los artículos que han sido aquí recogidos no recibieron ni la más mínima respuesta de Gabriel Albiac. Es inútil preguntarse por qué, probablemente pensó que, dado que algunos de los autores eran alumnos suyos y otros habían sido, tiempo atrás, sus compañeros de trabajo y amigos, el silencio era la mejor forma de desprecio. Sin embargo, resulta cuando menos chocante que, coincidiendo con la polémica, Gabriel Albiac dejara de dar clase en la Facultad de Filosofía. No se dio ninguna explicación al respecto pese a lo extraño de una situación en la que se deja de trabajar sin dejar por ello —suponemos— de cobrar. Cuesta creer que no se trate de una mera coincidencia, sería increíble que su negativa a entrar en un debate abierto y público —en el que todos los artículos fueron previamente publicados en Internet con nombres y apellidos— le llevara hasta el extremo de callar incluso en el ejercicio de sus obligaciones docentes. La cosa no tiene ningún tipo de explicación, o si la tiene, la desconocemos. Es difícil de creer que un incendiario ex colaborador del Egin, uno de los más tardíos simpatizantes de Herri Batasuna, escritor de El Viejo Topo, desde donde no dejó a casi nadie sin insultar, reaccione dejando de dar clase la primera vez que unos alumnos y unos pocos compañeros le llevan la contraria. No recuerdo que ninguno de los catedráticos de la Complutense a los que él no cesó de insultar durante sus años de militancia maoísta y de apología de la lucha armada, dejara de dar clase, se lamentara por sentirse amenazado o, simplemente (¡y mira que lo tenían fácil en esos tiempos del franquismo!), se les ocurriera descolgar el teléfono para llamar a la policía. Por las películas que se están contando por los pasillos de la Facultad la cosa es verdaderamente irritante. ¡Pobre Albiac, que le han llevado la contraria! ¡Por Dios! ¡Pobre Savater, que, se argumente lo que se pueda o se quiera argumentar contra él, nadie puede negar que se está jugando la vida con una valentía admirable! Anda que Gabriel Albiac no tiene fácil, con una columna en El Mundo todas las semanas, el llegar a estar en la misma situación que Fernando Savater, en lugar de lloriquear en la COPE porque, al parecer, unos skindheads le dejan mensajes obscenos en el contestador por defender a Sharon.

En fin, es una tontería lucubrar sobre los verdaderos motivos por los que Gabriel Albiac dejó de dar clase de forma tan imprevista. Respecto a la polémica que desató su columna, él solo contestó al embajador de Venezuela. Hubo, sí, dos interlocutores que asumieron la defensa de Albiac. Uno de ellos, Felipe Giménez, publicó en la revista El Catoblepas, un breve artículo («Las variaciones ideológicas de Gabriel Albiac») que citamos a continuación en su mayor parte:

    Gabriel Albiac López (Utiel 1950), uno de los filósofos más brillantes del panorama hispánico actual, es objeto de controversia en las últimas semanas por parte de muchos que no entienden sus actuales posiciones político ideológicas. Recientemente el profesor Gabriel Albiac ha sido objeto de violentos ataques en www.rebelion.org por los cambios políticos que ha experimentado tan docto profesor desde que en su juventud militaba en la extrema izquierda y se confesaba comunista, marxista, althusseriano, &c. Abandonó Albiac el PCE en 1976 al descubrir la corrupción de su elite dirigente, estalinista y por tanto revisionista como luego se ha visto de forma clara y meridiana. Luego Albiac siguió escribiendo y pensando de forma marxista por su cuenta en una sociedad como la española en la que el PSOE, descrito por Albiac de forma magistral como una banda de delincuentes que utiliza la forma de partido político de forma instrumental, tomara el poder electoralmente en 1982. Luego, la corrupción socialista, el GAL y la estupidez y degeneración del PCE-IU culminaron su escepticismo y desengaño acerca de la posibilidad de la revolución en Occidente.

    También en los años setenta conoció a Toni Negri, marxista heterodoxo italiano acusado de pertenecer a las Brigadas Rojas e injustamente encarcelado en Italia y luego fugado a Francia y retornado a la Cárcel de Rebibbia en 1997 de donde ha salido hace unos cuantos años final y felizmente.

    Otro tema recurrente en su pensamiento es Espinosa y de ahí conecta Albiac con el judaísmo, a raíz de su Premio Nacional de Ensayo en 1988 por La Sinagoga vacía, con la causa maldita del Estado de Israel y con el sionismo. La progresía odiaba a los EE.UU. y a Israel (antisemitismo de izquierdas). Los fascistas también odiaban y odian a Israel (antisemitismo de derechas). La progresía era anticlerical y anticristiana pero promusulmana cuando se leen las estupideces pronunciadas por Gaspar Llamazares a propósito del laicismo. Todo ello típico de un partido como IU lleno de profesores de religión nombrados por la Iglesia Católica. Contradicciones múltiples hay que reconocerlo. Lo cierto es que Albiac consiguió escribir en Diario 16 y más tarde en El Mundo sobre diversos temas: crítica al PSOE y a su corrupción, crítica a la estupidez progresista, apoyo al Estado de Israel, crítica al cristianismo y al Islam, apoyo al Estado democrático de derecho, crítica al Estado de Partidos, &c. La amistad con don Pedro J. Ramírez le hace correr riesgos evidentes: amenazas de muerte, espionaje de su línea telefónica, &c. Son los años de fango y lodo del PSOE (1992-1996). La transición de Albiac a otros ámbitos: COPE, www.libertaddigital.com es lógica. Son espacios de libertad. El progresismo ha demostrado ser una gran mentira y hay que pensar de nuevo de forma racionalista: ataque a Cuba y a la dictadura castrista, a la demagogia populista de Hugo Chávez, defensa de Israel, ataque a Arafat como uno de los grandes terroristas del mundo. Defensa de EE.UU. frente a la barbarie islámica. Apoyo a la conquista de Afganistán. Ataque a las corruptas burocracias sindicales. Crítica a la LOGSE y a la legislación socialista en materia de enseñanza y de universidades. ¿Es que esto es dejar de ser marxista? Esto ha provocado el que antiguos amigos suyos: Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria, Toni Negri, &c. se hayan distanciado de él ostensiblemente. No han entendido que si uno es marxista, ateo, racionalista, materialista debe seguir la trayectoria de Albiac. Parecido rechazo por parte de los progres ha sufrido el profesor Gustavo Bueno a propósito de España y de la pena de muerte, más correctamente denominada eutanasia procesal. Lo cierto es que hay que ser justos y no descalificar a Albiac por sus cambios. Sigue siendo marxista, lúcido, materialista y lo que hace es criticar los tópicos ideológicos falsos del progresismo y de la vieja y caduca distinción izquierda/derecha que opera como fetiche y espantajo para muchos bienpensantes aún.

El otro artículo (firmado por Enrique Suárez Ferreiro) que salió en defensa de Albiac puede ser consultado en www.rebelion.org ya que fue, en su momento, publicado de inmediato, como corresponde a una polémica limpia y pública. No pensamos, sin embargo, que aporte nada a lo ya citado de Felipe Giménez.


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