Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Entre la resignación y la esperanza

El Universal, lunes 19 de enero de 1999

Luis Ugalde, S.J.

Es claro que los venezolanos empezamos el año con inmensas ganas de que las cosas cambien. No lo es tanto que estemos dispuestos a cambiar nuestra manera de hacer las cosas. En esta pequeña diferencia está la clave del éxito o del fracaso del Gobierno que se inicia y por tanto de Venezuela.

Cuando hablamos de cambio enseguida vienen a la mente los problemas macroeconómicos como el déficit fiscal y la inflación, macropolíticos y macrosociales, como la descentralización y la generalizada y creciente pobreza. Como los gestores y decisores de lo macro son otros, por ejemplo el ministro de turno, quedamos a la espera de sus aciertos y milagros. La espera es mayor y menos comprometida cuando todo se remite a la constituyente o al presidente Chávez. Sin embargo, no es posible el éxito en lo macro mientras que no se suscite un cambio de proceder y de productividad en lo micro, en la vida cotidiana de cada uno dentro de unas normas públicas y comunes cuyo cumplimiento se exija sin contemplaciones, ni excepciones y privilegios. El Presidente electo y su equipo tienen la difícil tarea de convertir la petición de soluciones en exigencia de cambio verdadero.

Hay cierto dualismo entre nosotros cuando esperamos cambios racionales, pero en lo cotidiano nos instalamos en la resignación y la rutina: nosotros somos así, esto no tiene remedio, o defendemos la mediocridad como «derecho adquirido», como si se tratara de males congénitos sobre los que nada podemos hacer, sino esperar que alguien nos libere del maleficio. Otra forma de pasividad y de conservadurismo insostenible es seguir insistiendo que aquí hay mucho real y limitarme a pedir lo mío. Esta es la verdadera pobreza de Venezuela y la cultivada deseducación que más reclamo a la dirigencia que hemos tenido. No quisiera que en esto el presidente Chávez se revelara profundamente conservador.

Ya van saliendo los nombres del equipo que acompañará al Presidente en su gestión. Seguramente se pueden hacer diversas consideraciones sobre los mismos. En relación a nuestro último artículo escrito el 4 de diciembre me complace expresar mi satisfacción del modo acertado en que el Presidente electo se manejó los primeros días. Ahora hay un aspecto que quisiera mencionar: la presencia en el gabinete de dos comunicadores que han sobresalido en la denuncia de corrupciones, de desaciertos y de calamidades. Su nombramiento para altas responsabilidades ejecutivas es una apuesta a que ellos serán tan acertados en el bien hacer como fueron claros en la denuncia. Es muy importante este punto como estado de ánimo nacional, como medida de la adultez de nuestra sociedad: el niño llora y lamenta; el adolescente denuncia para que el adulto les resuelva; el adulto se responsabiliza y produce soluciones. Nuestra medida está dada por la capacidad que tengamos de pasar de la lamentación de los males y la proclama de horizontes deseables (a lo cual estamos habituados), a la visión de nosotros mismos poniendo los medios eficaces para lograr las metas necesarias. Es fatal que las denuncias no encuentren caminos hacia las soluciones. En este sentido la clave del cambio imprescindible es una revolución cultural hacia una sociedad donde haya más y más millones de venezolanos que hacen bien las cosas. No podemos transitar del malestar nacional al bienestar, sino pasando del mal-hacer al bien-hacer de nosotros los venezolanos. También en esto los mencionados comunicadores y el hasta ahora excelente comunicador que es el Presidente, deben ser maestros, si quieren el éxito.

La resignación ante el pésimo rendimiento de educadores, padres y estudiantes en la producción de una buena escuela con excelentes resultados, o ante la corrupción militar en aduanas, fronteras y compras de armamentos, o ante el desastre del sistema de seguridad social o la incapacidad de organizar un sistema de identificación limpio y expedito o la desgana de bajar a lo micro, a lo cotidiano a la conducta ordinaria de las personas, es el enemigo a vencer y desde el primer día. Al Presidente le llegarán oleadas de gente pasándole factura de sus ilusiones, necesidades y esperanzas. Sean de arriba o de abajo, analfabetas o doctores, éstos son los resignados del país, los que nos han hundido en la decadencia y que no se acaban con la derrota de adecos y copeyanos. La revolución que se corona repartiéndose el ganado de los vencidos termina acabando en la miseria; puede dar comida durante unos meses y luego quedar los hatos vacíos. Esperemos que no se creen ilusiones de este estilo, por ejemplo en torno a Pdvsa, que lleven a comerse lo que es necesario invertir, si se quiere tener una industria petrolera eficiente y competitiva, capaz de producir y aportar de manera permanente.

Los esperanzados y creadores de esperanza son los que ven que lo nuevo puede y debe salir de sus manos, de su talento, de su creatividad, laboriosidad, ética, de su pasión por demostrar a sí mismos y al mundo que no somos una nación de pillos y de ineptos, sino que estamos dispuestos a poner los medios y hacer funcionar las instituciones para lograr el fin de vencer la pobreza, la ineficiencia y la corrupción. No hay nación que haya salido de la pobreza sino con estas virtudes. Pobres y pobres de solemnidad fueron Suiza, Noruega, Irlanda, Italia, o España, hasta que la dirigencia política y las instituciones empezaron a exigir a todos sin contemplaciones la tarea y la dignidad de ser país adulto y moderno. ¡Feliz año 1999!, al Gobierno que empieza y a los venezolanos que quieren convertir las esperanzas en realidades.


Otros documentos sobre la Constituyente



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.