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Martillo, fresadora y serrucho El Nacional, domingo 30 de mayo de 1999 (Técnica y tecnología) ¿Técnica y tecnología? ¿No es lo mismo?, me preguntó un amigo sociólogo educado en las huestes del marxismo-funcionalismo, y más familiarizado con los temas de la pobreza y la dependencia en América Latina que con las rarezas de la cultura cibernética, los mundos virtuales y las especies en clonación. ¿Para qué la redundancia terminológica si se trata de una y la misma cosa? No se equivoca el idioma cuando distingue la técnica, por una parte, como aquello que define al hombre en tanto que homo faber, es decir, como una especie que se relaciona con su medio ambiente construyéndolo a través del esfuerzo de elaboración de procedimientos y herramientas; y la tecnología, por la otra, como esa dimensión nueva de la técnica relacionada con el saber acumulado y el esfuerzo racional. Una dimensión que, para utilizar la feliz expresión de Jean-Jacques Salomon, asocia el trabajo del laboratorio a la fábrica, uniendo en un matrimonio sin divorcio al hombre de ingenio práctico, al sabio y al capital. La tecnología es por tanto la técnica que pasa por la ciencia, por la aplicación sistemática del saber racional a las tareas prácticas; lo cual involucra no sólo la creación y transformación de los objetos físicos, el hierro en tornillos y tuercas, la madera en camas y mesas, sino la creación y transformación de objetos inmateriales, los procedimientos, planos y fórmulas para crear y transformar el hierro en tornillos y tuercas, la madera en camas y mesas. La dimensión tecnológica es irrenunciable en la relación con los artefactos que forman nuestro ambiente contemporáneo. El conocimiento de una esfera de códigos y lenguajes acerca del cómo hacer, cómo está hecho y cómo mejorarlo forma parte intrínseca de la producción y uso de las herramientas de nuestro tiempo. Por ejemplo, a pesar de la resistencia cultural de la mayoría de las mujeres, y buena cantidad de hombres, a leer y entender los manuales que acompañan el uso de cualquier aparato eléctrico o electrónico, un mínimo de comprensión del esquema de funcionamiento es necesario para instalarlo y sacarle provecho. Todo usuario de computadora sabe que por más amistosa que sea la aplicación que utiliza necesita el manejo mínimo de unos códigos, el reconocimiento de un lenguaje, el uso más o menos sistemático de un manual, si quiere no sólo una respuesta eficiente del programa sino también una «buena relación» con su máquina. Cualquiera que preste «soporte técnico» a los servicios de redes o telecomunicaciones sabe que está obligado a mantener una constante actualización de sus conocimientos, si quiere mantenerse competente en el mercado. La técnica de este fin de siglo es mucho más que martillos, fresadoras y serruchos. No importa que nuestro amigo sociólogo no conozca la diferencia entre técnica y tecnología. Al fin y al cabo la crisis de paradigmas ha permitido que habitemos nuestra parcela de saber sin angustia por la ignorancia que tenemos del resto. Me pregunto sin embargo, si consideraciones como estas forman parte de alguna tentación reflexiva en el equipo educativo o cultural del gobierno que ha ofrecido a 100 días de su estreno, por boca del Presidente de la República, la apertura de 15 escuelas técnicas dirigidas, supongo, por individuos provenientes de la academia militar. Otrosí: y hablando de equipo cultural o educativo... El Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, el poeta y paladín de los derechos humanos, Tarek William Saab, convocó a los funcionarios del sector a una reunión para discutir sobre cultura y constituyente. Cada asistente era identificado por su nombre y la institución donde trabaja. La firma era requerida para ingresar a la discusión, en lo que parecía un registro de funcionarios. Se trataba sin embargo de la lista de firmas para la postulación del Ciudadano Saab como candidato a la ANC. Si él no lo sabe o se le olvidó, lo recordamos: el consentimiento obtenido bajo constreñimiento o error es nulo.
Ver Roberto Hernández Montoya, La indigestión tecnológica María Eugenia Esté: abogado graduada en la Universidad Central de Venezuela, candidata a doctor en el postgrado de FACES, UCV con un trabajo de tesis en torno al tema de la construcción de subjetividad y la tecnología. Es profesora de «Sociología de la Técnica y la Tecnología» en la Escuela de Sociología de la UCV e imparte un seminario en el postgrado de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, titulado «Dispositivos Tecnológicos». |
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