Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

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Manuela Sáenz: una heroína incómoda

Inés Quintero

Lunes, 1 de agosto de 2011

Resultaba incómodo para la historia del máximo héroe de la independencia que se admitiera y se supiera su relación amorosa con una mujer como Manuela Sáenz







   Foto: Google

Sometida al fuego

Simón O`Leary, hijo de Daniel Florencio O´Leary, quien fuera edecán del Libertador y uno de sus más estrechos colaboradores, condujo a Venezuela el monumental archivo de su padre en tiempos de Antonio Guzmán Blanco. El “Ilustre Americano” sancionó de inmediato un decreto ordenando su publicación sin reservar ninguna de sus partes. No obstante, cuando sólo faltaba por imprimir el tomo tercero, apéndice de las Memorias, Guzmán, el todopoderoso, ordenó que fuese echado al fuego: “jamás consentiría que una publicación hecha en Venezuela amengüe al Libertador”. Así se lo dijo al hijo de O´Leary y así se hizo.

Francisco González Guinán, estrecho colaborador de Guzmán, al referirse al episodio expuso que la determinación del presidente tuvo como motivación impedir que se arrojaran al viento las intimidades del Libertador y Manuela. En opinión de Guzmán Blanco, este aspecto de la vida del Libertador no tenía nada que ver con su vida pública ni con la historia de Colombia, por tanto debía sepultarse en el olvido por “decoro nacional y patriótica gratitud”.

Muchos años más tarde, en 1949, el ministro de educación Augusto Mijares, ordenó incinerar la publicación de un fragmento correspondiente a las memorias del naturalista francés Jean-Baptiste Boussingault, quien viajó a América y conoció personalmente a Manuela y a Bolívar. Según expuso Mijares, no podía él como ministro de educación, autorizar la distribución por toda América y con el respaldo de la Biblioteca Venezolana de Cultura todas las necedades y calumnias que Boussingault había escrito contra Bolívar, las mujeres de América y, en particular contra Manuelita Sáenz. La obra ya impresa, fue echada al fuego.

En el primer caso, el mandato de Guzmán no tuvo el éxito esperado. En 1914 aparecieron los pliegos de O`Leary, salvados del fuego por una mano amiga y se publicaron completándose así la edición de las Memorias. En el caso de Mijares ocurrió otro tanto. En 1974, José Agustín Catalá, imprimió el libro condenado a las llamas por el ministro de los militares, y se conocieron entonces, las intimidades de Manuela relatadas por el científico alemán.

¿Por qué fue sometida al fuego Manuela Sáenz?

Mejor solo que mal acompañado

Resultaba incómodo para la historia del máximo héroe de la independencia que se admitiera y se supiera su relación amorosa con una mujer como Manuela Sáenz. Para un prócer de la talla de Bolívar, mejor presentarlo solo que mal acompañado.

Y es que tanto el origen como el desenvolvimiento de Manuela, no se correspondían con la cartilla femenina de su tiempo. Para empezar, Manuela Sáenz era hija ilegítima, nacida de la unión también ilegítima de un alto funcionario español casado y una quiteña, soltera. Bolívar era todo lo contrario: era un blanco criollo principal nacido de de la unión legítima entre dos mantuanos.

Siendo todavía una doncella, se escapó con un joven oficial del convento en el cual se encontraba para su conveniente educación. El muchacho no cumplió con la oferta matrimonial. A Manuela no le quedó más remedio que regresar a su casa sin el atributo principal de una joven casadera. Su papá finalmente logró que se casara con un inglés 20 años mayor que ella, Manuela se convirtió así en la señora del Dr. Thorne y se fue a vivir a Lima en 1817. Allí se interesó por la política y se vinculó a quienes apoyaron el proyecto independentista, pese a las reconvenciones de su marido quien no veía con buenos ojos las andanzas de su esposa. Por asuntos personales viajó a Quito en 1822, allí también se relacionó con los republicanos y es entonces cuando conoció a Simón Bolívar.

Inmediatamente se inició una relación amorosa entre la quiteña y el general venezolano. Manuela regresó a Perú y siguió siendo la amante del Libertado en una relación adúltera pública y notoria, aun cuando seguía casada y viviendo con el Dr. Thorne, hasta que en 1826, abandonó a su marido y se mantuvo íntimamente cercana a Bolívar.

Tampoco su condición de amante del hombre público y poderoso se ajustó a las convenciones. No era la compañera discreta y solícita que espera al hombre en la alcoba para atenderlo cuando regresa al hogar. Manuela se viste de hombre, se inmiscuye en los asuntos públicos, opina sobre temas políticos, critica de manera abierta y comprometedora a los enemigos de su amante. No pasa desapercibida. Es en esta condición que se enfrenta la noche del 28 de septiembre a quienes asaltan la alcoba de su amante ayudándole a escapar y salvándole la vida.

Libertadora del Libertador y Heroína de la epopeya americana.

Fue este hecho el que le permitió ingresar a la historia. El propio Bolívar contribuyó a ello al consagrarla como la Libertadora del Libertador; posteriormente la historiografía se encargaría, poco a poco de incorporarla al panteón de las heroínas despojándola de aquellos rasgos biográficos que resultaban incómodos para la hagiografía del héroe.

O`Leary la menciona en sus memorias al destacar su actuación decisiva la noche de septiembre; otro tanto hace el general colombiano Posada Gutiérrez. Más avanzado el siglo XIX, Arístides Rojas se aviene a mencionarla cuando se refiere a la noche aciaga, sin embargo no se inhibe de incorporar su juicio moral sobre la quiteña: una mujer “tan liviana como heroica”.

Será en el siglo XX cuando finalmente se recompone y se buca conciliar la vida de Manuela con la biografía que corresponde a la heroína y compañera del grande hombre de América. Será su compatriota, el historiador Alfonso Rumazo González quien se haga cargo de la tarea en su libro Manuela Sáenz: la Libertadora del Libertador, publicada en 1945

Se reconstruye la vida de Manuela para presentarla como la víctima de una infancia infeliz, por ser hija natural en una sociedad de rígidos valores, por las carencias afectivas que padeció y, por supuesto, se niega el episodio de la fuga con el oficial. A ello se añade la contrariedad que representó el matrimonio impuesto por el padre, con un hombre extranjero y mayor que ella. Todo ello explica y justifica que lo haya dejado a un lado para unirse a Bolívar un “amor superior”. Abandonó a su marido, pero amó a Bolívar con desesperación y le salvó la vida. Por tanto merece ser justificada, comprendida y elevada a la categoría de heroína. En el mismo acto se le despoja de su propia historia, se elimina lo que estorba, se transforma lo que incomoda y de ajusta a la historia como parte de un anecdotario sin importancia.

ines.quintero@analitica.com

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Inés Quintero

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