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Análisis de la coyuntura del 11 de julio Alberto Müller Rojas Caracas, 8 de julio de 2002 NOTA # 101 Resumen La marcha programada para el próximo 11 de julio tiene un alto potencial, dada la situación interna e internacional, de generar graves incidentes de violencia social, que pueden generar en lo inmediato intervenciones militares directas de la fuerza armada nacional o de fuerzas de combate extranjeras, preferencialmente norteamericanas, o una combinación de estas dos posibilidades. De materializarse este hecho, se desataría una generalización de esa violencia social, con injerencia de factores militares y paramilitares externos, que preludiaría una intervención internacional que haría del Estado venezolano un «protectorado» de la comunidad mundial. En este marco se profundizaría el deterioro social y económico de la población del país. Análisis1. Situación1.1. Hecho. La Alianza Cívica y la Coordinadora Democrática afinan los detalles para la marcha del 11 de julio, que pasando frente al Palacio de Miraflores, insistirá en pedir la renuncia del presidente Hugo Chávez. 1.2. Coyuntura. Este acontecimiento se desarrolla dentro de una coyuntura internacional marcada por la «guerra contra el terrorismo» que todavía focaliza la atención de los principales actores a escala mundial sobre la situación existente en las regiones geoestratégicas del Asia Central y el Medio Oriente. Aunque tiene que anotarse una disminución de la polarización extrema que coligó a las grandes potencias, y con ellas a la mayoría de los estados periféricos, contra el «terrorismo internacional» y particularmente, frente al «extremismo islámico» centrado en el grupo Al Qaida y el gobierno Talibán de Afganistán. Es, esta última, una situación derivada principalmente de las diferencias que se han planteado entre la Política Exterior de los EE.UU. y la de los países miembros de la Unión Europea (UE), Japón y los llamados «tigres asiáticos» y el mundo islámico, particularmente en torno al problema palestino-israelí y al tratamiento de los países considerados por el Presidente Bush como parte de lo que denominó «eje del mal»: Irak, Irán y Corea del Norte. Son regiones políticas donde la UE, el «área del yen» y el mundo musulmán tienen importantes, y si se quiere, vitales intereses estratégicos y políticos. Es un cuadro en el cual han influido asuntos como las diferencias en torno a la cuestión de la Corte Penal Internacional y un eventual ataque unilateral norteamericano contra Irak. A los cuales se le suma el debilitamiento interno de la Casa Blanca debido a las relaciones cuestionables entre los principales miembros del Ejecutivo y las empresas transnacionalizadas envueltas en hechos de corrupción que han constituido su base fundamental de poder, especialmente cuando próximamente se efectuará un proceso electoral para renovar la representación en el Congreso. En el ámbito hemisférico también ha ocurrido un disminución del poder y la influencia norteamericana expresada claramente en la XI Cumbre Iberoamericana del 2001 en Quebec. El distanciamiento del gobierno del Presidente de México Vicente Fox, por la falta de progreso en las cuestiones migratorias binacionales, y su acercamiento al Mercosur, abiertamente resistente a la conformación del ALCA en los términos impuestos por los EE.UU. en la Cumbre mencionada, implican un enflaquecimiento de la capacidad de control de la Casa Blanca sobre las naciones que habitan el hemisferio. Positivamente, México venía siendo considerado, por su pertenencia al NAFTA (Asociación de Libre Comercio de Norteamérica), como un pivote para asegurar la integración económica del hemisferio. Un hecho que se modifica substancialmente con este alejamiento mexicano. Esto en un momento en el cual ha colapsado política y económicamente el Estado argentino y en Brasil, la candidatura izquierdista de «Lula» da Silva sigue siendo la preferida por el electorado, y ante la situación de anarquía reinante en Argentina, el Presidente Eduardo Duhalde adelanta las elecciones para el próximo marzo, encontrándose con la candidatura de Elsa Carrió de la Alternativa para una República de Iguales (izquierda) en primer lugar. Todo esto sin contar con la victoria del candidato ultraderechista colombiano, Alvaro Uribe, que anuncia profundizar la guerra en su país, justamente cuando las fuerzas rebeldes han demostrado tener casi un control total del espacio nacional. A lo cual concurren la presencia de un gobierno controlado por el Partido Socialista de Chile y un resultado electoral en Bolivia que coloca la elección entre dos candidatos de tendencia izquierdista, y el gobierno del Perú experimenta un acelerado proceso de desgaste. En Venezuela la coyuntura la marca la lucha social, de fuerte carácter etnocultural, que enfrenta la sociedad españolizada, con una cultura de acumulación, con la sociedad parda tradicional con cultura de subsistencia. Desde luego, un cuadro fuertemente influido por la coyuntura internacional y, especialmente, por la acción de Washington que la asigna particular importancia a este país, por ser uno de sus grandes proveedores de petróleo, en un contexto sudamericano colocado en un segundo plano en el marco de los intereses globales norteamericanos. Llama la atención que, como ocurrió con los acontecimientos del 11 de abril, voceros de la Casa Blanca - Otto Reich, Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos y Charles Shapiro, Embajador en Caracas - se hayan pronunciado casi simultáneamente la semana pasada, denunciando a Venezuela como un país donde no hay una «democracia plena», e instando por una mediación de la OEA en el conflicto interno. Un cuadro que se completa con la presencia del ex Presidente Jimmy Carter, solicitada por el gobierno nacional para que actúe como facilitador del dialogo entre las partes, y recibido con marcado escepticismo por los factores que se agregan en el movimiento antichavista. Sin embargo, también aquí, se nota la acción de sectores e individualidades moderadas que han amortiguado el choque entre los segmentos radicalizados, produciendo fisuras y hasta fracturas considerables en los grupos fanatizados que se han venido confrontando. 1.3. Estructura. La estructura internacional se mantiene dentro del arreglo, que puede considerarse como de transición, surgido después del fin de la guerra fría. Un arreglo que coloca en la cúspide del sistema internacional a un conjunto de grandes potencias asociadas en el llamado Grupo de los 7 + Rusia, complementado por la acción de las 200 empresas más grandes transnacionalizadas que representan 1Ú4 de la economía mundial. Es una avenencia en la cual los EE.UU. mantienen una hegemonía mundial en lo político y lo militar, condicionada, por una parte, por las capacidades económicas de los 7 países más industrializados del globo; Rusia con una considerable capacidad de acción militar; y los actores transnacionales, con amplia libertad de acción, y capacidad para provocar perturbaciones puntuales en el sistema internacional que afectan las relaciones interestatales y las organizaciones supranacionales, disminuidas en su capacidad de acción, pero con influencia en la normalización de las relaciones dentro del sistema. Un cuadro que tiende a variar hacia dos posiciones alternativas: la unipolaridad, con EE.UU. como poder imperial; y, una multipolaridad, fundamentada en la organización mundial. En Venezuela la estructura profundamente jerarquizada, focalizada en una elite consensuada que había integrado en los últimos años a la elite nuclear heredera de los blancos criollos; a la elite superior de status, proveniente de las actividades políticas, militares y religiosas; a la elite superior de ingresos, proveniente del mundo empresarial; a la elite superior en educación, proveniente de los mundos académicos y artísticos; y, a la elite, que se pudiese considerar como marginal, del mundo laboral, se fracturó totalmente por la ruptura del consenso, prevaleciendo una situación de anomia que amenaza con la disolución de la comunidad política. 1.4. Base. En la base de toda esta situación del sistema internacional aparece una división clara entre la visión del mundo de los EE.UU. y la predominante en Europa. Mientras los europeos creen que ellos se están moviendo en un mundo autocontenido de leyes y reglas, y negociación y cooperación transnacional, entrando en un período posthistórica con tendencia a la realización de la idea de la «paz perpetua» de Immanuel Kant, los EE.UU. permanecen paralizados en la historia, ejerciendo el poder en un mundo anárquico hobbesiano, donde el derecho internacional no es confiable y donde la seguridad y el orden liberal dependen aun de la posesión y uso de las capacidades militares. Son posiciones que marcan también la dinámica política hemisférica, en donde hoy se presenta una tendencia en el mundo iberoamericano y caribeño que tiende a asociarse con la posición de la UE, en oposición a la tendencia imperial norteamericana. Sin embargo, no son estas concepciones ideológicas las que estimulan la lucha social en Venezuela, aun cuando ellas tengan influencia en su desarrollo. Estas responden a variables atávicas que se han expresado en el auge del caudillismo propio de la racionalidad política del clan. 2. Evaluación. En una situación como la presente en Venezuela es poco probable el surgimiento de la violencia política en cualquiera de sus manifestaciones: la llamada violencia conspirativa, con sus expresiones en el golpe de palacio, el golpe de estado y, la subversión; y, la llamada guerra civil. No existen los niveles de organización necesarios que hagan posible conductas de este tipo que demandan de un alto grado de deliberación. Como se demostró en los acontecimientos del 11, 12, 13 y 14 de abril, ninguna de las partes pudo exhibir un grado aceptable de coherencia que le diese una direccionalidad clara a los sucesos que se desencadenaron a partir de la marcha convocada supuestamente para apoyar las demandas de la nomina mayor de PDVSA. Fueron actividades desarrolladas discrecionalmente por grupos de interés en función de sus sensaciones, instintos, emociones y deseos, articuladas solamente por la empatía o antipatía hacia el caudillo. Claramente, ni en los hechos de esos días, ni en las conductas observadas hasta el día de hoy, las partes han manifestado proposiciones destinadas a producir un orden social racionalizado en función a los intereses de los distintos segmentos de la sociedad ligados a la magnitud de su poder de disposición sobre bienes y servicios que son producto de la acción colectiva de la comunidad política. El contenido de la Constitución del 99, cuyas reglas generales y abstractas debiesen orientar las proposiciones, no es el punto de la polémica. Es la supremacía de un grupo de interés, con la exclusión o subordinación de los restantes, lo que está en discusión. Una querella que polarizan, por la acumulación de medios, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, como grupo que representa las aspiraciones de una elite media militar, y la elite superior de ingresos. Obviamente dentro de estas circunstancias no es posible el dialogo metáfora adoptada para significar la negociación explícita ni tampoco es factible la violencia política, que es la expresión de la negociación tácita. Para ambos tipos de negociación es indispensable la existencia de una agenda, que en primer lugar le de coherencia y persistencia a las partes, a través de la organización; y, luego, permita la comunicación sobre la base de un marco conceptual desarrollado dentro de un lenguaje natural (lógicamente estructurado). Esta situación sólo conduce a actos de coacción entre los grupos de interés agregados en los dos grandes bandos que se enfrentan e, incluso dentro de estos, con potencial de producir actos de violencia localizados, como el atentado de hoy a Globovisión, con potencial de causar daños más o menos graves, pero sin posibilidades de producir cambios en el estado de cosas existente. Justamente, este hecho, en esta ocasión es un indicio grave en relación con la posibilidad de agresiones a la marcha anunciada. Lógicamente, con un cuadro como este, el país es altamente vulnerable a la injerencia externa. Por ello, en estas circunstancias, sobrepuesto a esta lucha social, se encuentra el conflicto político planteado en el sistema internacional, en el cual el mes de octubre, fecha de las elecciones presidenciales brasileñas, se transforma en un límite temporal. Pues esas elecciones marcarán sin dudas la posición hispanoamericana dentro de esa polémica. Y para las partes de esta situación política internacional, el cuadro venezolano reviste singular importancia, dado que la condición de productor petrolero importante le da un particular significado al país. En ese contexto, aparece como del interés de todos los actores internacionales el mantenimiento del «status quo» actual en nuestro país. De allí los esfuerzos para buscar mediar en el problema. Sin embargo, no son neutrales frente a un cambio en la situación. Por ello, la marcha que se programa, que es sólo parte de las medidas coactivas que usan las facciones enfrentadas, surge como una situación de riesgo, con potencial de provocar no sólo una crisis interna, sino una de carácter internacional. Es una situación de riesgo que afecta con mayor intensidad a los EE.UU. por el papel estratégico que representa el suministro de petróleo venezolano, particularmente en situaciones internacionales en las cuales estén comprometidas fuertemente las fuerzas militares de ese país. 3. Prospectiva 3.1. Escenario General Posible. La marcha se desarrolla en medio del hostigamiento de individualidades o grupos, no identificados claramente, que consideran inevitable el uso de la violencia como salida a la crisis social, con una acción represiva de las fuerzas del orden que niega el brote de disturbios públicos y disuelve pacíficamente la manifestación. 3.2. Escenario Específico # 1. Factores incontrolados de los llamados «Círculos Bolivarianos» hostigan la marcha para intentar disolverla, en un contexto donde los organismos nacionales de seguridad y orden público estarían ausentes y las funciones represivas las asuman las policías municipales. Una acción destinada no sólo para demostrar su voluntad de defensa de «la revolución», sino para coaccionar los grupos de interés que conforman «el chavismo» a fin de ser reconocidos como factores esenciales del movimiento. Es un escenario que tiene una probabilidad de ocurrencia cercana al 40%, cuando se considera la convocatoria pública realizada por el Movimiento «Tupamaros» que llama a una contramarcha «en defensa del Palacio de Gobierno y contra el fascismo». 3.3. Escenario Específico # 2. Factores incontrolados, enmarcados dentro del movimiento articulado por la «Coordinadora Democrática», realizan hostigamientos contra las organizaciones nacionales de seguridad y orden público, desplegadas preventivamente y, contra manifestantes pacíficos «chavistas», o público espectador, con la finalidad de provocar un gran disturbio público que precipite una intervención militar en el proceso, tal como ocurrió en los sucesos del 11 de abril. Es un escenario con una probabilidad del 20%, inferior al anterior, dado el fracaso de la experiencia previa y la autoexclusión de los líderes militares más representativos de la lucha social en curso. 3.4. Escenario Específico # 3. Una combinación de los elementos integrantes de los dos escenarios anteriores, que podría incluir enfrentamientos entre los organismos de seguridad y orden público nacionales y las fuerzas policiales municipales. Es un escenario con una probabilidad de ocurrencia de un 20%, dada la toma de conciencia sobre los intereses corporativos de las organizaciones represivas en todos los niveles de gobierno. 3.5. Escenario Específico # 4. Un repliegue del tren ejecutivo a Maracay para desarrollar una actividad competitiva desde el punto de vista informativo, como lo sería una reunión ampliada del Consejo de Defensa de la Nación para discutir un tema relevante, como las amenazas paramilitares, simultáneamente con la organización de fuerzas de tarea altamente móviles, con los organismos de seguridad y orden público nacionales, para intervenir puntualmente en cualquier alteración de orden público que se produjese, con la única finalidad de neutralizar o capturar los factores de disturbio. 4. Impacto sobre Venezuela 4.1. Inmediato. La materialización de cualquiera de los escenarios, pero especialmente los marcados como 1, 2, y 3, provocaran en lo interno una profundización del deterioro de las condiciones de seguridad y orden públicos y de la economía sistematizada e informal. Consecuencias derivadas de la profundización de las fobias mutuas entre los sectores sociales enfrentados y, de la desconfianza entre los agentes económicos que operan en ambos mercados paralelos. Ante ese cuadro, y dependiendo de la gravedad de los acontecimientos, hay la posibilidad de una intervención directa de la corporación militar para adelantarse o acompañar una injerencia directa norteamericana que la desplazaría de su status tradicional dentro del orden social venezolano, tal como ha ocurrido con intervenciones similares en otras regiones políticas. Una acción que de materializarse, significaría en lo inmediato una mejora relativa de las condiciones de seguridad y orden público, pero sin impacto en el ámbito económico. La activación del escenario 4 tiene el potencial de moderar el impacto descrito, y mejorar el control del país por parte del gobierno establecido, dada la alta probabilidad de que cualquier intervención de la Fuerza Armada se realizaría dentro de los canales institucionalizados de mando. 4.2. Mediatas. En el mediano plazo (1 a 2 años) la lucha social, expresada en brotes de violencia puntuales entre grupos de interés anarquizados, se generalizará a escala nacional, con intervenciones abiertas o encubiertas de factores externos, agudizando la desorganización social y profundizando el deterioro de la economía. Se tratará de una situación en la cual, con una alta probabilidad, se desarrollará una acción de carácter internacional, ejecutada por fuerzas internacionales «de paz», posiblemente dentro del marco de la OEA, que convertirá al país en un protectorado, tal como ocurre en la antigua Yugoslavia, o en Afganistán.
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